Sólo un hombre

"La vida es una trampa mortal y todos caemos en ella"... así arranca la historia que nos regala David Moraza.

 La vida es una trampa mortal y todos caemos en ella. No importa cuánto nos esforcemos en liberarnos, todos terminamos muriendo.

No quiero considerarme un hombre malo, nunca he sido yo eso. En el corazón sólo guardo buenas intenciones y en el cerebro aún veo el mundo trazado con crayola. Cuando me dicen guapo, no hay más timidez que la que enseña mi sonrisa, también una pueril risa. Sólo soy un niño inocente sepultado bajo capas y capas de años, años que pesan, pero no se muestran; capas que no veo, pero sopesan. Un crío, un crío adulto dotado de inteligencia, que cocina, trabaja, compra y se esfuerza. Paso por la juguetería y los ojos se me desvían, los recuerdos se disparan y la nostalgia hace el día; un niño como yo, ¿qué hace amargado? Un amigo y un primo, entonces eran demasiado. Esa inocencia ya se ha ido, sin embargo, ahora me preocupa comer, dormir y seguir trabajando; que todos me admiren y, si acaso, me celebren y feliciten. El honor de la gente se ha adueñado de mi casa, ya no veo juego o diversión, sino crédito y fama; la fama de pocos, de los que a mi derredor se pasean, pues ya no sueño a lo grande y, si lo hago, evito que me vean. Soy un ser opaco, me aterroriza la vergüenza y me escondo como el avestruz en las cavernas de mi obscura odisea; una vida dual de dos caras opuestas, una que muestra al niño, otra que muestra una pantera. Al final, sin embargo, cuando me levanto por la mañana, no veo más que a un hombre en el espejo, un hombre lleno de ojeras.

¿A quién pretendo engañar? ¿A mi prójimo o a mí mismo? ¿Es el niño la mentira o la pantera mi destino? Difícil cosa es esta, no hay respuesta para ésta; a veces juego a Lego, y luego mato a Lego. A veces pongo caras y los bebes se ríen mellados, a veces levanto la voz y lloran éstos emborricados. Dime tú, quien quiera que seas, ¿quién soy yo de esos dos? No me digas que soy ambos, pues el Diablo nunca es Dios. Mi madre dice que soy bueno, mi amigo hoy me ha dicho malo, mi profesor que soy un gandul, mi profesora que soy un genio. ¿Cómo he de ser bueno, gandul y un genio malo? Yo que me compadezco del animalito que me pone ojos, del humano que me da la mano, yo que me impaciento con el lento y con el perro abandonado. Qué hipócrita, que inocente, qué malvado y pobre doliente. Soy un desgraciado, soy un angelito, me siento corrupto, me siento un niñito. Entro sonriendo, salgo disgustado, hablo en calma, pienso gritando. Amo a muerte, ayudo apenas, invito egoístamente, regalo robado. Robo amor, mato y revivo, maltrato al mal trato, critico al mal amigo.

Así vive uno en la mortal trampa de la vida; vagando entre las sombras de la luz, iluminado por la luz de las sombras. Sin conocerse, sin saber cómo conocerse. De día se pasea en pañales, agitando los sonajeros de su inocencia, hace palmas y sonríe, se ríe sin conciencia. Por la noche se viste, se viste de vergüenza, se esconde en la caverna de su pérfida influencia; ahí ve sus secretos, los secretos de ser humano, los errores que volverá a errar, los misterios que nunca ha desvelado. Unos monstruos fieros, rugen llenos de ira, de la jaula en cautiverio huelen la libre holgura; tienen hambre de mostrarse, devorar su amarga demencia, infectar el mundo de rumores, manchar al domador de vergüenza.

La ley está escrita y te señala con su brillo, los monstruos han salido y al niño han devorado, el crío está enterrado y la pantera ha partido. Se llena el mundo de desprecio, todos te señalan con el dedo, el inocente bebé ha muerto, no hay alivio ni remiendo. Se alegra el mundo de tus infortunios, gritan:

-¡Se lo tiene merecido!

Y se toman fotos con mi cuerpo, como un ciervo abatido. Soy un león muerto, un trofeo del cazador; a nadie le importa mi muerte, solo el halago de la hazaña; mi sufrimiento es un logro elogiado, una medalla festejada. Me han cazado, descubierto, me han apresado, sigo despierto, respiro lentamente, mi honra va expirando. Con los ojos vidriosos, ya muertos de esperanza, sólo puedo verme un niño inocente, un niño inocente que ha caído en la trampa de la vida, una trampa mortal. Y digo:

-Sólo soy un niño. ¿Qué hacéis conmigo? Ved ahí al niño, liberadlo de la muerte, piedad pido. Sólo soy un hombre.

Sólo un hombre.

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23 de octubre de 2017 | 02:18
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