La política cultural de los números: "cuánta gente fue y no qué pasó"

"Dionisio. Eros creador y mística pagana" es el título de un ensayo en clave poética del religioso, activista, artista, pensador y escritor Hugo Mujica.

Textos órficos, Mirtida de Antedón, Hesíodo, Platón, Giovanni Pico della Mirandola o Ramón del Valle Inclán sirven como disparador del ensayo que edita El hilo de Ariadna y que Mujica dispone en sus páginas de poesía visual.

"Dionisio es la vida siendo sentido de sí mismo:/dándose a sentir:/ sintiéndose en cada vida", escribe en un pasaje que abre con una cita Benjamin: "La naturaleza misma es vitalidad y el movimiento que se adentra en lo insondable de la vitalidad total es destino", y que le permite hilvanar sus ideas al respecto.

Nacido en Avellaneda en 1942, a los trece años Mujica tuvo que hacerse cargo de la economía familiar porque su padre quedó ciego. Este joven autodidacta interesado en las Bellas Artes, la filosofía y la teología pasó la década del 60 en el Greenwich Village como artista plástico; experimentó con LSD sobre el proceso creativo; militó contra la guerra y por la igualdad racial y sexual; trató con el beat Allen Ginsberg; se recluyó siete años como cura trapense; viajó por el mundo y escribió.

Entre su profusa producción figuran ensayos como "Poéticas del vacío. Orfeo, Juan de la Cruz, Paul Celan, la utopía, el sueño y la poesía"; "La palabra inicial. La mitología del poeta en la obra de Heidegger"; y "La pasión según Georg Trakl. Poesía y expiación"; los libros de relatos "Bajo toda la lluvia del mundo" y "Solemne y mesurado"; y los poemas de "Del crear y lo creado".

-Télam: Este ensayo parece retomar sus obsesiones en clave poética.

-Mujica: Hay una convivencia con el mundo griego, lo que más leo y donde más vivo en ese sentido, que va sedimentando con ciertas imágenes. Dionisio representa la vitalidad, el crecimiento. Y creo que si algo anhelamos como cultura es volver a palpar la vida. Estamos más metidos en un funcionamiento que en una vivencia, en un mundo creado por nosotros al precio haber perdido el contacto con la tierra, el brotar y la gratuidad. Esto tiene que ver con la cultura de Occidente, pero no quiere decir que la cotidianeidad de Oriente sea tan brillante. Allí la gran masa sigue sumida en una pelea por la sobrevivencia, mientras nosotros hemos solucionado la sobrevivencia pero perdimos contacto con lo viviente.

-T: ¿Cuál fue la relevancia de Dionisio para la cultura antigüa?

-M: Dionisio es un extranjero, el menor de todos los dioses que no se sabe de dónde viene; y el dionisismo era en aquella época lo que hoy llamaríamos la devoción popular. Los griegos lo incorporaron a su panteón con una lógica que suma al sistema la ruptura del sistema -unos meses en el verano cuando todo irrumpía-, para que este siga subsistiendo. Entienden que para que no cierre en locura tiene que haber esta especie de espacio de juego, lo que en la religión es la mística, la sal que lo mantiene unido, que hace que no se pudra. Del brotar de la secularidad nace lo dionisíaco, del muslo de Zeus, la dimensión delimitada entre sus testículos y la tierra; mientras que de la cabeza del Dios Padre nace Atenea, la razón, diosa de la inteligencia y de la guerra.

-T: ¿Cómo se conecta este libro con sus trabajos anteriores?

-M: La creatividad siempre fue el eje que atraviesa mi obra, me interesa el acto creador. Hasta ahora estaba trabajando el reflujo, volver al centro, lo que congrega y descansa en sí, pero este libro encarna el flujo, lo expansivo contra lo contemplativo. Este ensayo es la extensión, lo otro era la congregación, Dionisio como acto, potencia que siempre está generando. Nuestra cultura tiene un anhelo de vida que se confunde con la idea de producción, con que hay que fabricar más (trabajamos quince horas para acariciar al pibe que ya duerme) y estos textos buscan recobrar el contacto básico con la vida. Son el contacto con lo espiritual, lo sagrado o cósmico, con las leyes universales que nos atraviesan, nuestra pertenencia gratuita. Lo otro es el mundo construido por nosotros ya separados del cosmos.

-T: ¿Cómo se incorpora la naturaleza de lo creativo en este paradigma?

-M: Hay una tensión entre creación y control, nunca la creatividad ha sido celebrada, se la utiliza con un fin, a nadie le interesa la cultura en su gratuidad. El poder tiene que ver con el control. Lo que se llama política cultural está basado en números: se cuenta cuánta gente fue, no qué pasó. Hemos construido el imaginario de lo real a través de excepciones. Nuestra cultura expone lo que rompe la generalidad cuando lo que pasa, lo que se vive, es más anónimo y cuantioso que lo que estamos nombrando. Si tomo un tren y veo gente con paquetes que va a comer a lo de alguien, ese es el amor anónimo que pasa por el mundo, pero lo que surge a escena, lo que se recuerda y rescata es lo malo, el ladrón por ejemplo, de esos paquetes. Hay una gran capa humana y luego está la escena, eso es el poder, el espectáculo es el otro.

Fuente: Télam.

¿Qué te pareció la nota?
No me gustó7/10
Opiniones (0)
3 de Diciembre de 2016|02:04
1
ERROR
3 de Diciembre de 2016|02:04
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
    28 de Noviembre de 2016
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016