El Aquiles guerrillero de Carlos Fuentes

La novela póstuma del célebre escritor mexicano se basa en la historia de Carlos Pizarro, el líder de la guerrilla que abandonó las armas en favor de la democracia.

Carlos Pizarro Leongómez (1951-1990) fue uno de los guerrilleros más célebres de Colombia. De origen urbano, clase media e instruido en escuelas religiosas, llegó a convertirse en el líder del Movimiento 19 de Abril, o más conocido como M-19, nacido en 1973 durante el auge de los "movimientos revolucionarios" de América Latina. Figura tan respetada como controversial dentro y fuera de sus filas, Pizarro abandonó las armas y adoptó la lucha democrática. Candidato a la presidencia, el exguerrillero fue asesinado en 1990 a manos de un sicario adolescente en un vuelo de Avianca.

Aquiles o El guerrillero y el asesino libro

Aquiles o El guerrero y el asesino (CFE - Alfaguara) es la novela póstuma del célebre escritor y ensayista mexicano Carlos Fuentes, fallecido en el año 2012, la cual narra, desde la volatilidad novelesca, la historia de Pizarro Leongómez (también conocido como "Comandante Papito", por su galantería y hermoso rostro), al cual le asignó el nombre homérico de Aquiles, ese héroe mitológico de la Antigua Grecia alabado por su hermosura y fuerza, pero con una debilidad que sería su condena.

Este Aquiles de la Colombia sumida en la violencia deja las comodidades y el amor de su familia para perseguir una utopía revolucionaria campesina, junto a otros tres jóvenes que el autor también renombró como figuras de una Guerra de Troya en plena selva montañosa: Diomedes (Jaime Bateman), Pelayo (Álvaro Fayad) y Cástor (Iván Marino Ospina), cada uno con su historia de tristezas, anhelos, pérdidas e ideologías, que confluyen en medio de una naturaleza rural que otorga placeres y temores al mismo tiempo.

A Fuentes, esta obra le costó más de veinte años poder encontrarle el rumbo narrativo ideal, según reveló su viuda Silvia Lemus y su amigo Julio Ortega, quien también se encargó de la edición final de la novela, ya que el escritor mexicano solo pudo dejar sus borradores y algunos esquemas del texto. Las permanentes convulsiones en Colombia habrían sido las causantes de este retraso, según manifiesta Ortega en su extenso prólogo: "Si por un lado la urgencia de los hechos le imponía al escritor avanzar con su proyectada crónica, por otro lado la adversaria fragmentación civil, la corrupción del narcotráfico y los grupos delincuenciales armados le imponían al narrador un relato que excedía la crónica y requería la novela. Los mismos hechos apuraban el texto y lo retardaban".

Pero en lo que el autor no resignó fue en su empeño de trazar los vaivenes de una América Latina tensada por las desigualdades y la dureza de una clase política elitista y desdeñosa. "¿Será cierto qué solo nos parecemos en lo bueno -la cultura, la lengua, la simpatía, el abrazo, la identificación misma- pero no en lo malo, cada país con sus propios problemas [...] Argentina azorada de que la sociedad más rica y más educada pudo engendrar los peores monstruos militaristas y el asombro de la miseria del basurero [...] ¿O será que solo nos parecemos en lo malo y nos distinguimos, cada uno, por lo bueno?".

No es fácil establecer si Aquiles o El guerrero... hubiese quedado con el mismo resultado si Fuentes hubiera llegado a finalizar por completo esta obra. Aunque puede ser que la mano de Ortega se vislumbra entre la historia (dado que ejerció como editor y, aunque sostiene su fidelidad a las indicaciones escritas por el autor, debió ordenar un texto fragmentado), el estilo versátil y dinámico de Fuentes se hace sentir en varios pasajes de la obra. Por ejemplo, al colocarse como testigo presencial del asesinato de su Aquiles, o al intercalar la narración entre la primera y tercera persona, complejizando la técnica narrativa sin perder la delicadeza del lenguaje y la frescura de un relato profundo y desgarrador.  

Esta obra conjuga una hibridez literaria fascinante, que combina la crónica, el relato periodístico, la lírica, la ficcionalización histórica y la reflexión sociológica. Los personajes oscilan entre la realidad y el subconsciente; a veces no se sabe si están hablando, pensando o soñando, o si de hecho son ellos quienes intervienen en la narración. La tragedia se entremezcla con la espesura de la selva y los recuerdos de la juventud, los sonidos de la música costera suenan en los oídos al compás de las caminatas guerrilleras y el zumbido de una bala.

"Desde su sabiduría narrativa, largamente probada, y ahora puesta a prueba por el asombro trágico, [Fuentes] gestaba, otra vez, una novela latinoamericana hospitalaria, donde la muerte no fuese un deporte nacional sino una lección de piedad", señala Ortega.

Nicolás Munilla


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7 de Diciembre de 2016|14:59
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