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Pareto: "Es algo increíble lo que me está pasando"

"Ahora por suerte la gente confunde un poco menos al judo con el karate o el taekwondo", comentó Pareto sobre su logro en Beijing. "Espero que todo esto sirva para potenciar más al deporte", agregó.

Si el sociólogo italiano Vilfredo Pareto hubiera sido contemporáneo de su tocaya Paula, muy probablemente habría incluido la hazaña de la yudoca argentina en los Juegos Olímpicos de Beijing entre los argumentos del principio que lleva su nombre.

Ocurre que la "Peque" se convirtió en una de las deportistas más famosas de la Argentina pese a representar a una disciplina de mínima difusión en el país, después de alzarse con una histórica medalla de bronce en la prueba femenina de hasta 48 kilogramos en la capital china.

"Ahora por suerte la gente confunde un poco menos al judo con el karate o el taekwondo", comentó Paula Pareto sobre su logro en el Lejano Oriente.

La joven yudoca alcanzó la cúspide de su campaña deportiva el sábado 9 de agosto pasado, cuando venció a la norcoreana Ok Song Pak en la final del repechaje y obtuvo la primera de las seis preseas que trajo la delegación "albiceleste" desde Beijing, en su debut olímpico a los 22 años.

Cuando subió al podio a celebrar su victoria, decenas de imágenes se le cruzaron por la cabeza, tras haber comenzado su carrera a los nueve años en la localidad bonaerense de San Fernando y haber progresado lentamente y con esfuerzo.

Sin embargo, jamás imaginó todo lo que vendría, las notas periodísticas, los flashes, las invitaciones a programas de televisión y hasta una doble visita a la Casa Rosada para recibir las felicitaciones de la presidenta Cristina Kirchner.

"Es algo increíble lo que me está pasando. Este es un deporte poco conocido, con poco respaldo. No se compite mucho, no se sale mucho a competir afuera y tiene poca prensa", dijo Pareto, que agregó que fue "un honor" para ella haber podido disfrutar de dos recepciones oficiales en la Casa de Gobierno.

"Espero que todo esto sirva para potenciar más al deporte", agregó, luego de viajar a China con la ambición de obtener al menos un diploma en su categoría y terminar sorprendiendo al país entero con su actuación.

Es más, el éxito de la yudoca bien podría agregar hoy -en plena era cibernética- un nuevo hipervínculo a la teoría del sociólogo, economista y filósofo Vilfredo Pareto (1848-1923), lejos de aquella realidad que tanto apasionaba al italiano en una Europa que se abría camino hacia el siglo XX.

El "Principio de Pareto", también conocido como la regla del 80:20, es aplicado a diario en ámbitos comerciales, financieros y sociales, aunque también se ajustaría al deporte y a los pequeños milagros que los atletas argentinos son capaces de concebir en grandes competencias.

El italiano Pareto vio que la gente en su época se dividía de manera natural entre "pocos de mucho" y "muchos de poco", en dos grupos de proporciones 80:20, y a partir de esa observación comenzaría a desarrollar su doctrina.

Claro que de haber sido testigo del enorme revuelo que causó aquí una simple competidora de judo -disciplina de minúscula representatividad dentro del universo deportivo argentino-, muy posiblemente le habría dedicado parte de su tiempo a estudiar el caso de Paula.

"Me encuentro con muchos profesores (de judo) que me agradecen por lo que hice. Me dicen que está empezando a ir más gente a los clubes, gente nueva o que había dejado de ir por trabajo u otras obligaciones", señaló la deportista, de pequeña estatura (1,50 metros), pero de gran carisma y simpatía.

"Voy a hacer todo lo posible para que el judo tenga más apoyo. Ojalá más chicos empiecen a practicarlo y que haya más torneos internos, más competencia, porque eso permite que el deporte avance y que se haga cada vez más fuerte", subrayó.

A Paula no le quitan el sueño los porcentajes de distribución de los recursos naturales o de la riqueza mundial.

Sólo piensa en defender de la mejor manera posible su medalla olímpica en los próximos certámenes en los que participe, aunque viendo la celebridad en la que se ha convertido, seguramente Vilfredo -si pudiera- no le perdería pisada, en busca de reforzar el argumento de su tan renombrado principio.
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