Palabras con sangre de una guerra absurda

Traducida por primera vez al español, la aclamada obra "Los muchachos de zinc", de la ganadora del Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich, devela la dura realidad de la invasión soviética a Afganistán.

En medio de la Guerra Fría, y aún con la sangre fresca de lo que significó Vietnam para Occidente, en 1979 la entonces Unión Soviética se enmarañó durante más de nueve años en una invasión a la inestable Afganistán, que se descuartizaba en una guerra civil, y terminó cometiendo el mismo error inicial de su archienemigo Estados Unidos: defender el honor de la Patria y exportar los beneficios del régimen a sus vecinos para alcanzar la paz. Pero lo que consiguió estuvo muy lejos de esos ideales: más de 15.000 soldados soviéticos muertos y otros 50.000 heridos (la mayoría jóvenes menores de 21 años), millones de afganos asesinados en combate y un acelerador para la desintegración de la que supo ser la segunda superpotencia mundial y el estandarte del comunismo.

Los muchachos de zinc libro

Los muchachos de zinc (Debate), de la escritora bielorrusa y ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015 Svetlana Alexiévich, ofrece una inquietante y escalofriante muestra sobre lo ocurrido en esa fatídica guerra que todavía sigue siendo objeto de polémicas en los ex países soviéticos. Traducido por primera vez al español, esta joya literaria fue publicada originalmente en 1990 en base a escritos individuales publicados en el periódico ruso Komsomólskaya Pravda, y que fue reeditado varias veces gracias a la excelente acogida internacional.

En este libro, enmarcado en la literatura documental, se cuentan en primera persona las experiencias de 70 personajes que, de manera directa o indirecta, vivieron en carne propia las causas y secuelas de la invasión soviética a Afganistán. Excombatientes, colaboradores de guerra, madres y esposas de los caídos (los muertos que volvían a su tierra en ataúdes revestidos con zinc) corren los velos del dolor y desnudan sus almas sobre lo que ocurrió en casi una década de horror, y que los arrastró al abismo más estrepitoso, el cual muy pocos lograron superar.

Bajo la brillante pluma de Alexiévich, estas narraciones en primera persona desentierra la verdadera guerra afgana que debieron soportar aquellos participaron en esa lucha sostenida por las ambiciones del poder y la antesala de la decadencia comunista. "A mí me hicieron sufrir más los nuestros. Los dushmán [milicianos afganos] te convierten en un hombre y los de tu cuartel te convertían en una mierda" o "En la realidad el hombre no muere como en el cine [...] esa bala alcanza el cráneo, los sesos vuelan, el hombre corre detrás de ellos. Está más allá de los límites". Los relatos también describen cómo se robaban y vendían objetos a cambio de dinero o comida, las expediciones a las aldeas o las montañas, las carencias de todo tipo y forma, las muertes de compañeros y civiles, los vínculos en la casta militar, y los traumas de la posguerra frente a una sociedad cada vez más convencida de la inutilidad de esa invasión, pero que buscaba la condena en sus jóvenes combatientes, a quienes ellos mismos empujaron a las armas en alas del patriotismo y los ideales soviéticos.

Estas historias también muestran la visión castrense sobre el sentido de la guerra, que puede resultar altamente incomprensible para los que no pasaron por ese universo militar, que rigió la vida de millones de soviéticos en el siglo XX. "En la guerra, la muerte no tiene ningún secreto. Matar es simplemente apretar el gatillo. Nos instruían: se salvará el que dispare primero. Es la ley de la guerra".

Las madres y esposas derraman sus lágrimas ante los ojos de la autora y sus lectores. Esas palabras reflejan no solo el dolor de la pérdida y la incomprensión de la existencia, también esbozan un vacío emocional que no encuentra consuelo en el alma afligida. "Sé que estoy muriendo: vivir ya no tiene sentido". "No tengo ya fuerzas para llorar cada día. Cada minuto [...] Mi alma grita, mi cuerpo grita".

Interiorizándose a través de esas charlas e incluso viajando al corazón de la guerra afgana, Alexiévich desenmascara un relato que las altas esferas del poder de la Unión Soviética (y sus aduladores posteriores) se empeñaron en sostener a costa de miles de vidas. Como suele ocurrir, exponer esa verdad ante los ojos de todo el mundo no fue gratuito para la autora. En su país tuvo que afrontar la condena de sectores sociales, la desidia gubernamental y varios hostigamientos judiciales, siendo estos últimos incluidos en las ediciones posteriores de Los muchachos de zinc, como parte de la narración. Acusada de manipulación y tergiversación de los relatos y desprestigio hacia su patria y a los excombatientes, pero fuertemente defendida por sus colegas rusos y bielorrusos y organismos de derechos humanos (entre otros), Alexiévich expuso sus argumentos ante la Justicia con una exquisitez a la altura de las circunstancias, dejando al descubierto tanto el enorme daño psicosocial que dejó el legado comunista, como aquellas sombras de ese pasado que aún seguían acechando en el tormentoso camino hacia la democracia.

Nicolás Munilla


¿Qué te pareció la nota?
No me gustó9/10
Opiniones (1)
2 de Diciembre de 2016|23:49
2
ERROR
2 de Diciembre de 2016|23:49
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Se podra conseguir ese libro aca en Mza?
    1
En Imágenes
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
28 de Noviembre de 2016
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016