Triple crimen: las víctimas enviaban efedrina a México

Las hipótesis investigativas indican que los tres hombres hallados asesinados en la localidad bonaerense de General Rodríguez estaban a punta de concretar una tercera exportación de la droga a ese país, pero habrían intentado dejar afuera del trato a quien los había introducido inicialmente en el negocio.

A principios de año, Sebastián Forza (34), Damián Ferrón (37) y Leopoldo Bina (35) habían mandado por mar un primer cargamento de efedrina a México, una pequeña cantidad escondida en valijas que había llegado sin problemas; luego se habían arriesgado con un segundo envío, varios cientos de kilos que también llegaron al norte libres de todo control.

Era el momento de concretar el tercero. Aquel 7 de agosto, horas antes de convertirse en las víctimas del triple crimen de General Rodríguez, fueron al hipermercado Wal Mart de Sarandí a reunirse con tres personas para acordar un nuevo envío de efedrina rumbo a México. Pero lo único que no tuvieron en cuenta, según altas fuentes del caso, fueron las consecuencias de dejar afuera del trato a quien los había introducido inicialmente en el negocio, informa hoy el diario Clarín.

La revelación de la existencia de estos envíos de efedrina explica también el papel que habría tenido Leopoldo Bina en esta sociedad informal que mantenía con Forza (dueño de una droguería) y Ferrón (socio en otra). Distintos testimonios indican que sus amplios contactos en el puerto de Buenos Aires -surgidos de su trabajo en la publicación Anuario Portuario- le habrían permitido acercarle al grupo la vía libre para sacar la efedrina del país.

Para los investigadores de los asesinatos, más allá de la ya probada vinculación de Forza con los narcos mexicanos que tenían el laboratorio clandestino en Ingeniero Maschwitz, fue una relación con otro grupo de traficantes de México lo que habría derivado en los crímenes. Una relación que incluía a las tres víctimas.

Las tres víctimas recién terminaron de hacer los arreglos necesarios el mismo 7 de agosto. Aquella mañana, Forza y Bina se reunieron en Liniers, luego se fueron rumbo a Avellaneda y allí se encontraron con Ferrón. Pero no tenían todo listo.

Las altas fuentes del caso consultadas aseguran que volvieron a separarse para hacer un último recorrido entre sus contactos. Recién a las 14 se juntaron por última, y definitiva, vez.

En el Wal Mart cerraron el trato. Pasadas las 14.30, se sabe ahora, Solange Bellone -mujer de Forza- llamó a su marido y hablaron varios minutos.

Los investigadores creen que del Wal Mart las tres víctimas salieron convencidas de que irían a una fiesta para celebrar que el trato se había cerrado con éxito.

Así partieron rumbo al oeste, presumiblemente hacia una quinta en General Rodríguez. Es decir, hacia la misma zona donde tantos años trabajó Salerno como policía, según recuerdan algunos; la misma donde luego aparecieron tambores con efedrina en un depósito; y la misma donde fueron hallados los tres cuerpos.

La sospecha es que los tres fueron ejecutados ese mismo día. Por la noche alguien activó el celular de Forza, chequeó el crédito que tenía y llamó a la casilla de mensajes, pero no pudo levantarlos porque no tenía el código. Lo mismo ocurrió veinticuatro horas después. Ese aparato jamás apareció. Tampoco el lugar exacto donde las tres víctimas se encontraron con la venganza.
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18 de noviembre de 2017 | 17:44
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