Joven Mendocino: ¿Por qué no se te para el pito?

Cuando el problema no es ni físico, ni psicológico, Alessandro Rampollo nos explica porque no se nos para.

Querido público masculino mendolotudo, antes que nada vuelvo a aclararles que todos los consejos que les voy a dar ahora son para cuando los problemas de erección no son causados por disfunciones físicas o arrastres psicológicos. Estos dos primeros se curan, obvio, pero con médicos y psicólogos. Para todos los demás estoy yo y mis palabras.

Lo primero que hay que asimilar, entender y aceptar como verdad absoluta es que el hombre, debido a su naturaleza como animal racional, pero animal en fin, es un ser competitivo y egoísta.

El animal compite en todo momento, primeramente entre sus pares, para sobrevivir, luego contra la naturaleza, para poder adaptarse y como último nivel contra la evolución, para poder trascender. El hombre también.

Por otro lado, el animal es naturalmente egoísta, sobre todo el macho, ya que su primordial objetivo en la vida es la subsistencia, la cual tiene como base la alimentación. Es por ello que el animal primero busca satisfacer su beneficio propio y luego piensa en la manada. El hombre también.

No quiere decir que ser competitivo y egoísta este mal, lógicamente en su debida mesura. Querer ser mejor que el resto y pensar en uno mismo no está mal visto, siempre y cuando esto no se haga en extremo y nos transforme en un ser despreciable. Por otro lado, los hombres con un desinterés hacia la competencia y hacia sí mismos en extremo, también son desagradables, psicológicamente hablando.

Entonces he aquí el meollo de la cuestión que, basado en la competencia y el egoísmo, da como resultado la raíz de los problemas de erección en los jóvenes. Los hombres modernos, a diferencia de la mujer, no iniciamos nuestra sexualidad por gusto o placer propio, sino para demostrarles a los demás hombres que también estamos en la carrera, que también podemos. Nuestra naturaleza competitiva nos lleva a sentirnos en un grado de inferioridad si aún no la ponemos, nos hace sentir excluidos de la manada, el hecho de haber perdido la virginidad nos da un absurdo sentido de la pertenencia grupal. Y esto es un error, es un concepto equivocado, que arrastramos por nuestra genética animal, o sea, sin uso de razón presente. No nos hace más vivos, ni más machos, ni más cancheros, ni más hombres, ni estar más "in" si la hemos puesto. Ponerla o no ponerla no definen a una persona, como ser bueno o ser malo, ser tranquilo o impaciente. Hay que ponerla cuando se nos de la recalcada gana no cuando nuestros amigos la pongan.

Por otro lado está el temita del egoísmo, donde nuevamente aflora nuestra naturaleza animal carente de raciocinio. Estúpidamente olvidamos que el sexo se hace entre dos, es un acto a dúo, un dueto, una suma que la generan uno más uno, no en soledad. Es por ello que tenemos que aprender a dejar de lado nuestra carga genética animal egoísta y ponernos a pensar que en este acto son dos los que la tienen que pasar bien, no uno. Y esto va más allá del amor, el estar enamorado dilapida el egoísmo natural (por eso, quienes están enamorados solo tienen que lidiar con el problema de la competencia), o sea, aunque sea un simple "touch and go" pasajero y banal, el acto se hace de a dos y hay que pensar en que los dos la pasen bien. Cuando dejamos de pensar en querer satisfacer nuestra necesidad personal, las cosas comienzan a funcionar solas, como por arte de magia y todo tiene un final feliz para ambos.

En conclusión, por culpa de nuestra naturaleza competitiva se la queremos poner a mil minas, mil veces a cada una, hacerlas acabar cientos de veces, darles bomba sin parar, ser el más garchador de la brigada, el toro, el semental, pero no por satisfacción propia, sino para que todos sepan lo grosos que somos y por estar pensando en el "qué dirán" si fracaso, no se nos para la poronga o nos estornudamos encima. Y por culpa de nuestro egoísmo natural, estamos pensando en terminar nosotros primero, en sentir satisfacción primeros, en pasarla bien en forma personal, a costas de lo que le suceda a la otra persona, acto que nos lleva al fracaso sexual, a los nervios y a la bajadita de pitito.

Entonces, querido amigo, si lo que queres es que se te pare la poronga como un fierro, que la puedas poner largo y tendido, que la pases bien y sobre todo, que tu pareja te vuelva a buscar, hacelo con una persona que por lo menos te guste (en el caso de relaciones casuales), mucho mejor si te hace sentir bien y cómodo (en el caso de relaciones estables), pensa en que la pase bien ella primero antes que vos y olvídate de lo que te van a decir tus amigos si la cosa no sale como deseas. Recordá que siempre hay una segunda oportunidad para los tipos piolas, no así para los giles.

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24 de octubre de 2017 | 03:17
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