Conociendo la rutina del Antiguo Egipto

José Miguel Parra brinda una excelente radiografía sobre los habitantes de una civilización tan compleja y estructurada como deslumbrante.

A pesar de los miles de años de distancia, el Antiguo Egipto sigue deslumbrándonos con su cultura, costumbres y tecnología que sirvió como paradigma para el desarrollo de la Humanidad. Pero detrás de todo esa luz cuasidivina que resplandece en las majestuosas pirámides, imponentes palacios y maravillosas ruinas, existía toda una sociedad dinámica y estructural que, con sus diversos roles, contribuyó a la formación de un legado formidable.

La vida cotidiana en el Antiguo Egipto libro

La vida cotidiana en el Antiguo Egipto (Editorial El Ateneo) es el último libro del historiador egiptólogo español José Miguel Parra que cuenta, tal como deja explícitamente instalado el título, los avatares diarios de cada grupo social egipcio, desde el todo poderoso faraón hasta el más humilde campesino, detallando con especial esmero todas las virtudes, defectos, oportunidades y debilidades de estos habitantes.

Parra establece treinta tipos de personas que vivían a lo largo del río Nilo durante unos 3.000 años, en base a criterios establecidos menos en la posición económica que en el rol que ocupaban en la sociedad. Una de las características más destacadas es la cosmovisión que los habitantes del Antiguo Egipto tenían sobre los conceptos de equilibrio, justicia y armonía universal, más conocida como Maat, que les permitió mantener su profundo sistema cultural casi inalterable frente a otras civilizaciones que se sucedían unas a otras en pocos siglos.

Algunos de estos tipos de habitantes del Antiguo Egipto son harto conocidos, como el faraón, el sacerdote o el embalsamador, pero, quizás por la mayor exposición de los primeros o la poca relevancia entre los historiadores clásicos, un amplio abanico social fue sistemáticamente minimizado por la Historia, hasta ahora. Oficios como el escriba, el recaudador de impuestos y el nomarca eran bien considerados entre los egipcios, más por su prestigio que por la elevada carga de responsabilidades que conllevaba. Los campesinos constituían el sostén económico debido a la importancia de los cultivos en el Nilo, mientras que el concepto de esclavo era bastante diferente al que hoy conocemos.

También destacan algunos personajes, por sus peculiaridades dignas de ser destacadas en La vida cotidiana..., como el ama de casa, el policía, el expedicionario y el médico, que cumplían funciones no muy vistosas pero fundamentales para sostener a la sociedad egipcia. Curiosamente, el autor dedica capítulos separados a los súbditos que, más que un oficio o una posición económica, estaban encasillados por sus acciones, como los ladrones de tumbas o el seductor innato.

Aunque cada capítulo tiene una dinámica independiente y puede ser leído por separado, Parra privilegió la continuidad narrativa para enlazar cada personaje en el libro, replicando, en cierto modo, los lazos que unían a todos ellos en la sociedad del Antiguo Egipto. Como debe ser en un texto histórico, hay una fuerte apoyatura menos en bibliografía que documentos, junto con imágenes ilustrativas que refuerzan los conceptos, todo meticulosamente ordenado para darle más armonía al conjunto en general.

Nicolás Munilla


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3 de Diciembre de 2016|12:44
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