Más allá de la muerte

Dicen que la muerte se lo lleva a uno todos los días. Nada puede hacerse para evitar que esto suceda.

El miedo a la muerte se deriva del miedo a la vida. Un hombre que vive plenamente, está dispuesto a morir en cualquier momento. Mark Twain.

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- Dicen que la muerte se lo lleva a uno todos los días. Nada puede hacerse para evitar que esto suceda; y aquellos que intentan eludir o negar este hecho, arriban a la conclusión de que todo esfuerzo por escapar de ella es en vano.

- Hay quienes prefieren vivir en un estado de completa ilusión, alejarse lo más que puedan de todo cuanto se refiere a pensar en el fin ineluctable. No hay nada que reprocharles, puesto que, tanto los unos como los otros, asimilan la muerte y lo que ello representa, según cómo se encuentre moldeado su espíritu.

- Sí, pero el entendimiento de esas gentes se halla velado. Para bien o para mal, están destinados a comprender poco y nada respecto a este derrotero.

- En suma, cada quien piensa en la muerte en los términos que más le convenga. Ésta, no es más que la variante de una nueva forma de vida que está pronto a nacer. Sin muerte, es decir, sin ese prodigioso arreglo de culminación, la vida no tendría razón de ser, y viceversa.

- Si bien, el significado que se le adjudica a la muerte, se halla muchas veces en consonancia con el estado anímico reinante en tal o cual momento; no es menos cierto, que el sentido de su manifestación, es siempre el mismo: alimentar la falsa creencia de que, de su advenimiento deviene el fin de las cosas. Nada más inverosímil que esto, pero la muerte, eterna soberana del miedo, se las arregla muy bien, a la hora de tener que socavar todo halo de esperanza que pudiese llegar a existir en lo más hondo de nuestra interioridad. El caso es que, si nadie ha sido capaz hasta ahora, de resolver este misterio que hemos dado en llamar vida, no puede más que esperarse el mismo resultado para aquello que hemos bautizado con el nombre de muerte.

- Por eso me aferro a la idea, estereotípica si se quiere, de que debe aprovecharse al máximo, cada emoción suscitada por aquellas pasiones que nos transportan, sin darnos cuenta, a un momento de nuestras vidas; aquel cielo impertérrito que se nos presenta cada vez que osamos viajar en sueños, así como también, la música con que nos deleitan las aves, aquellas artistas voladoras, y el paisaje cuasi onírico del invierno que nos seduce, o el silencio que se produce cuando dos bocas se aman al unísono y sin disimulo. No vaya a ser que, una vez cansados de buscarle el sentido a todo cuanto nos rodea, nos propongamos disfrutar de la vida, tal y como es, y caigamos en la cuenta de que es demasiado tarde para ello.

- En verdad, resulta penoso ver cómo transcurre el tiempo, o mejor dicho, cómo luchamos para escapar de él. Desde el momento en que decidimos ignorar todo ello, firmamos nuestra sentencia.

Uno de los caballeros que se encontraba allí, escuchando con suma atención la conversación, a la par que fumaba su pipa, se dispuso a interrumpir a aquellos hombres, con el propósito de dar a conocer su opinión al respecto. La mayoría de los allí presentes, conocían muy bien a aquel personaje. Tratábase de una distinguida figura en el ámbito de la política; un hombre solícito y pulcro, defensor de viejas doctrinas, elocuente a la hora de hablar, huraño con su familia, no así con sus amistades, y dueño de un espíritu estoico y sensible. Le constaba que aquella piara -como él acostumbraba llamar a aquellas gentes- , en su mayoría, burgueses acomodados e inescrupulosos, no compartía ninguna de sus ideas, no obstante esto, se complacía al ver cómo se esforzaban por ocultar su contrariedad, recurriendo a toda clase de artificios y fingidas muestras de aprobación.

- No veo razón alguna por la cual apenarse. Seré franco, no creo que lleguen a comprender en su totalidad el tema que les tiene ocupados. He escuchado el vasto conjunto de sus disertaciones, procurando despojarme, en la medida de lo posible, de todo juicio malsano; y sería un error, suponer que están en lo cierto. No pretendo pasar por encima de sus ideas, pero tampoco me hallo dispuesto a otorgarles un crédito que no merecen.

- Siempre tan acertado y oportuno. - comentó con ironía uno de los burgueses, tras sentir herido su orgullo. El resto, compartía el parecer de éste.

- Puede verse en sus rostros cómo disfrutan con todo esto. Les tengo preparado un espectáculo, bien lo saben, y están expectantes a que comience. Una vez que dé inicio a la función, no habrá vuelta atrás, pero ese es el punto; no vine hasta aquí con el fin de rezagarme o anunciar mi retirada, ello no va con mi carácter - pensaba para sí, el viejo y experimentado político. A continuación, se acomodó el refinado bigote del que era portador, e impasible, tal como acostumbraba a mostrarse, cada vez que se disponía a discurrir sobre algún tema de su interés, se dirigió al grupo de burgueses.

En lo que a mí respecta, profeso la idea de que morir es lo mejor que nos puede pasar, a nosotros los mortales. Una vez muertos, no hay angustia ni dolor que valga; salvo el de aquellos que siguen estando vivos. Para ellos, la vida llega a su fin, desde el preciso momento en que nada puede hacerse por aquel que ha partido. Pero incluso esa tristeza desgarradora para el alma, se disipa con el tiempo, dando lugar a otras angustias y dolencias, con diferentes grados de intensidad y duración. Lo mismo aplica para la vida, entendiéndose por ésta, toda clase de cosas.

Más allá de la vida, hay muerte; y más allá de la muerte, hay vida. 


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5 de Diciembre de 2016|13:43
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5 de Diciembre de 2016|13:43
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