¿Porque a las minas les gustan los HDP?

En una nota 100% de opinión personal, el Dr. Bomur intenta explicar este fenómeno femenino tan común.

 Vos sos un “nene bien”, toda la vida te sacaste buenas notas en la escuela, trataste de no llevarte materias en la secundaria, elegiste una carrera y la hiciste en tiempo y forma, conseguiste un laburo digno, le metes al deporte, sos sano, tenes unos vicios escasos, planes a futuro, proyectas familia, viajes e hijos, tenes todo lo que una mujer como la que vos crees “ideal” podría esperar de vos. Sos buen hijo, así que pensas que serás buen padre, sos buen amigo, buen amante, dulce, educado, romántico y tolerante. Tus amigos son igual de “buenos muchachos” que vos, te quieren los viejos, ayudas en Cáritas y vas a misa una vez por mes. Sos el novio ideal, el hombre perfecto, el Aston Kutcher argento… y de pronto tu vida esquematizada como una estantería de construcción ingenieril se cae por los pisos, haciendo estruendos estrepitosos.

Vino un gato y festejó lo dulce que su padre trajo… si, ella, “la nena bien”, la que salió abanderada en la primaria, la que fue a un colegio de monjas en el secundario, la que se encerró en casa durante su época facultativa, promediando el 8 en toda la carrera, esa que perdió la virginidad junto con vos, en un acto de amor puro y sincero, la que jamás probó ni un pucho, ni un vaso de más, ni un pedazo de tela provocativo, la “mama de tus hijos”, la belleza natural, sana, estable, deportista, compañera, fiel y de familia bien te dejo por un culiado.

Si… ella te dejó por otro tipo. Pero no un tipo, a tu parecer, mejor que vos, más exitoso o más bueno (solo Jesús te superaría), sino que se fue con la peor de tus pesadillas. La oveja negra, el hijo no deseado, el amigo que te arruina las salidas, el pija del grupo, el canchero, el traidor, el cagador y falopero. Te dejó por el galancete de novela teen, el vago atorrante vividor del viejo, el que se copiaba en la primaria, se macheteaba en la secundaria y hacía huevo en el único año que cursó la facu. El que laburó de todo, menos de empleado. El que jamás ganó en nada, menos en vil metal. El que jamás tuvo metas, planes o proyectos, más que dónde salir en finde, o donde vacacionar en enero. El que se aferró a cuanto vicio se le pasó por las narices (y se le metió dentro), el que se cogió a todas las putas de Cuyo, pagas y no pagas. El que le chocó el auto al viejo a los catorce, al que lo metieron preso por pelearse, el primero en fumar, coger y esnifar. El que se cogía dos hermanas sin que lo supiesen, el que se abrochaba a primas y hermanas de mejores amigos sin titubeos, el que se quedaba con vueltitos y vueltotes, el de nulas experiencias laborales pero amo en las anécdotas de asados, el que nunca empezó y terminó nada, el que no tuvo jamás un grupo de amigos fijo y fiel, sino que siempre se codeó con chantas como él, nocheros, faloperos, panditos y enfiestados.

Y vos te quedaste solo, como un choto, con toda tu vida chotita armada y estructurada, preguntándote… ¿Por qué a las minas les gustan los culiados? Porque aunque lo nieguen, no lo quieran ver, no se dejen seducir, hasta la más puritana de las vírgenes Marías tiene un affaire o una fantasía con un atorrante alguna vez en su vida. ¿Y por qué? Te preguntas llorando como un boludo ¿Por qué si he hecho todo bien la vida me castiga con este sufrimiento y él, que ha hecho todo mal, lo beneficia con la mujer de mi vida? Es más… para peor tuyo, lo más probable es que el flaco se la atornille un par de meses (con suerte) y luego continúe con su pirobeo habitual, y no solamente esta fémina jamás vuelva a vos, sino que amará eternamente al chanta. ¿Por qué? ¿Qué hiciste mal?, te preguntas. Nada, no hiciste mal nada, es todo una cuestión evolutiva.

El hombre es un animal racional que, si bien la mayoría de las veces lo domina la razón, en el fondo lo mueve el instinto y las pasiones. Hay dos temas por los cuales la mujer prefiera al culiado: por una cuestión evolutiva “el chanta” tiene más aptitudes innatas que el “nene bien” para trascender. La mujer proyecta en él la aventura, la búsqueda incansable de un destino, la permanente acción de husmear, lo cual lo hace (genéticamente hablando) más atrevido, temerario y luchador (características típicas del chanta), mientras que el “nene bien” tiene la tranquilidad y seguridad, proyectando pasividad, quietud y estancamiento. Por otro lado el culiado las mantiene alerta, con la guardia alta, con las hormonas alteradas, luchando para que ninguna otra de “la manada” le robe al macho. Esto les encanta. El hecho de sentir que no son dueñas de algo, que no es de su propiedad, que puede serlo, pero que de un día para el otro, otra puede poseer su bien, su presa, su macho. La dopamina que genera “lo nuevo” es fundamental y el chanta es una caja de sorpresas, un continuo generador de eventos, causas y actos, mientras que el “nene bien” es constante y riguroso.

Por eso a vos, salamín de misa, te cuento: un poco de pimienta no arruina el asado, un tirito no te hace vaquero, una cañita no te hace pesquero y un tropezón no es caída.

¿Y a vos mamucha? ¿Porqué te gustan los culiados?

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21 de octubre de 2017 | 17:16
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21 de octubre de 2017 | 17:16
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