Siempre el Hombre

Había consagrado su vida entera a la comprensión del hombre, y siempre hubo corrido con una ventaja, la de ser uno él también.

Estoy satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con el conocimiento, el sentido, de la maravillosa estructura de la existencia. Con el humilde intento de comprender aunque más no sea una porción diminuta de la Razón que se manifiesta en la naturaleza. Albert Einstein.

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El célebre antropólogo y doctor en Filosofía, Friedrich S., hallábase hospedado en La premiére, un lujoso hotel de renombre, ubicado en el corazón de San Petersburgo. Había llegado de Alemania, su ciudad natal, hacía cuatro días, con el propósito de dictar un simposio, en el que expondría las conclusiones a las que hubo arribado en su último trabajo. Se trataba de una investigación que le había consumado diez años de arduo trabajo, y de la que pudo obtener resultados fructíferos. Era un hombre austero, con una vanidad bien camuflada, acostumbrado a desenvolverse con gran soltura frente a las masas, y que hallaba una especie regocijo en el hecho de intercambiar opiniones con sus coetáneos. Para alguien de su talla, el mundo resultaba en extremo pequeño, cabía en la palma de su mano; y sin ningún tipo de escrúpulos, afirmaba ser el único en comprender cabalmente al hombre y su existencia. Cuando se le presentaba la más mínima oportunidad para exponer sus teorías, no lo pensaba siquiera, y se entregaba a la dichosa y compleja tarea de dar a conocer al resto, cuanto creía sustancial respecto a su concepción del mundo. Había consagrado su vida entera a la comprensión del hombre, y siempre hubo corrido con una ventaja, la de ser uno él también. Muchas veces, se encerraba en su caparazón, cual tortuga, con el único fin de auscultar dentro de sí, para luego, salir nuevamente al exterior, y encontrarse con que todo hubo cobrado un singular sentido. Aquellos momentos de exploración interna, de los que sacaba gran provecho, le resultaban imprescindibles, ya que lo posicionaban un paso más delante en su meta: dar respuesta a todo aquello que aún no había podido ser esclarecido.

Era muy bien acogido en todas partes, no así, en su querida Alemania. Los eruditos e intelectuales más prestigiosos del país, con un vasto acervo cultural, y dueños de un invaluable sentido crítico; sostenían que Friedrich S., no era más que un viejo lunático con complejo de Dios, al que había que encerrar en un manicomio cuanto antes. Se escudaban diciendo que su fin último, no era comprender al hombre, ni tampoco convenir en un acto de altruismo en pos del saber, sino que, consistía en reafirmar aquel sentimiento de grandeza que suponía tener, a expensas del daño que todo ello pudiese llegar a ocasionar para la humanidad. Su figura no infundía ningún respeto entre sus colegas, por lo que, sus ideas no eran tomaban en cuenta, sino que se descartaban sin más. No obstante ello, el doctor Friedrich S., jamás llegó a censurarse a sí mismo, y siempre hubo de expresar cuanto tenía para decir, a pesar de los constantes ataques y desméritos a los que se encontraba sujeto. Para él, las discrepancias que pudiesen llegar a existir en el campo de las ciencias, poseían un valor insondable; por lo que, no debían ser desestimadas.

Nicanor, que se encontraba en ese entonces trabajando en Rusia, y a pocos kilómetros de distancia de San Petersburgo; estaba al tanto del simposio que dictaría el Dr. Friedrich S., por lo que decidió concurrir. Una vez que hubo concluido con su magistral presentación, Nicanor se le acercó, no sin una cierta timidez, para tenderle la mano y brindarle sus felicitaciones.

- Disculpe la interrupción, pero quería felicitarlo. Usted, comprende al hombre como ningún otro, si sabe a lo que me refiero. –dijo con timidez Nicanor.

- No hay necesidad de tantas lisonjas, con un apretón de manos, basta y sobra. Y dígame, ¿con quién tengo el agrado de hablar? –preguntó interesado el doctor.

- Mi nombre es Nicanor, y estoy en Rusia por trabajo, sólo por un tiempo. He leído la mayoría de sus ensayos e investigaciones, y cuando me informaron que daría una conferencia, decidí venir sin pensármelo dos veces. Cuenta usted con un trabajo muy rico, y sus aportes son dignos de admirar. Permítame hacerle una pregunta respecto a su última investigación, ¿puede el hombre como tal, quedar exento de la búsqueda de sí mismo?

- Gracias, una vez más. Nada de esto sería posible sin su ayuda, la de ellos, y la de tantos otros, que hoy no se encuentran aquí. Al ser mi objeto de estudio el hombre, no debo hacer otra cosa más que observarlo, y estudiar la composición de sus ideas, la construcción de su lenguaje, los valores a los que se halla circunscripto, sus acepciones políticas, religiosas, así como también, su filosofía y modo de vida. Dicho esto, y respondiendo a su pregunta, considero que hay hombres que carecen del impulso y necesidad de búsqueda, por lo que, irremediablemente, se ven compelidos a usar siempre las mismas ropas, temiendo desnudarse, ya que ello podría forzarlos a seguir descubriéndose dentro de sí, con el concomitante peligro de no saber a qué atenerse.

- Entonces, bien podría decirse que, el hombre que por motu proprio, elige permanecer con las mismas ropas siempre, se encuentra desprovisto de introspección, ya que no busca conocerse, ni pretende asumir la responsabilidad de lo que es, o pudiese llegar a ser.

- Usted me ha comprendido, eso no suele suceder muy seguido. –dijo a tono de broma el doctor, el cual, parecía estar de buen humor.

- Siempre me he sentido atraído por la interioridad de las cosas. Y es que, más allá del hombre y sus pensamientos, no existe nada. Lo que queda, no son sino, resabios desechables. Creo que estamos hechos de grandes ideas y alguna que otra corazonada. –sentenció Nicanor.

- He dado con un hombre pensante, qué placer. Lo más genuino que hay en nosotros, la especie humana, es la convicción de que conocemos todo cuanto se yergue en nuestro derredor; pero la verdad, es que nada conocemos ni nada conoceremos, sino somos capaces de abrirnos a lo desconocido.


Opiniones (1)
8 de Diciembre de 2016|21:12
2
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8 de Diciembre de 2016|21:12
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  1. NATURALEZA,EXISTENCIA Y RAZON ¡¡ ¡¡UNA MARAVILLA Q, NOS DA LA VIDA.EL PENSAMIENTO DE EINSTEN ES TREMENDAMENTE ACOGEDOR UN VERDADERO ALIVIO PARA TAN PESADA MOCHILA Q.SOPORTAMOS COMO PODEMOS ¡¡
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