¿Tolerancia? Ándeme yo caliente y ríase la gente

David Moraza nos deja un tratado sobre la tolerancia, ¿es buena o mala? ¿sirve o lastima?

 Paréceme mentira que, hoy en día, mentira y lejana nos parezca la plenitud de la tolerancia. Un lío gramatical, pensareis, como lío definitivo es la definición de la tolerancia. Pues, ¿Qué es la tolerancia? ¿Es buena o mala? Contestemos.

Me parece a mí, pues soy yo quien escribe y tolero y soy yo al que se tiene que tolerar, que la tolerancia es la aceptación pacífica de lo que nos molesta; ¿Qué habría que tolerar si nada nos molestara? También pienso, y razón creo que llevo, que es un atributo de las personas; pues si las personas no practicaran la tolerancia, no existiría, ¿o sí? ¿Es la tolerancia un concepto o la ausencia de un concepto? Bien podría ser la tolerancia la luz de esperanza que irrumpe en la inflexible obscuridad imperante; o también la respetuosa obscuridad imperante que se ve interrumpida por la luz de la intransigencia del ser humano. Digo yo, que nadie dijo que la luz sea buena y la obscuridad mala. La luz tan buena puede ser para leer como la obscuridad buena para dormir; así, la luz mala y abrasante es en la playa como mala la obscuridad en un bosque. La tolerancia es, pues, medible; malo es su déficit como malo su superávit. Apliquemos este lioso concepto.

¿Hay alguien de entre nosotros que no critique? Si lo hay, llámesele hipócrita, no hay nadie; al menos yo lo hago. Si la verdad me demuestra lo contrario, creeré en la perfección y adoraré a ese nuevo dios acrítico. Pero apliquemos lo que nos es más razonable; esto es, a todos nos molesta algo y a eso criticamos. Es decir, todos criticamos. ¿No es el criticar intolerancia? Pues todos somos intolerantes. Aquí viene mi historia.

Tengo un mejor amigo que me molesta; a ese critico. Me molesta que siempre esté ocupado, me molesta que le moleste que yo no esté ocupado. Me molesta que cante en su idioma, me molesta que le moleste que yo cante en el mío. Me molesta esa gorra azul que se pone, me molestan los zapatos que lleva, me molesta su afición a los productos Apple, me molestan sus gestos, su filosofía, sus problemas, sus consejos, ideologías, humildad, orgullo, quietud, nervio, voluntad, desinterés. Tantas cosas me molestan… y con todo es mi mejor amigo. Nos molestamos, pero somos mejores amigos. Nos criticamos, pero somos mejores amigos. Nos toleramos, por eso somos mejores amigos.

Tengo una mejor amiga que me molesta; a esa critico. Más cosas me molestan de ella que del otro, pero somos mejores amigos. Sin embargo, no nos toleramos. ¿Como? Como escucháis, no nos toleramos. ¿Se puede tolerar todo? No, por eso no nos toleramos. No puedo tolerar lo ilegal, no puedo tolerar el crimen, el asesinato, el maltrato, el racismo, el bullying, el insulto. No puedo, pero somos mejores amigos porque la amo. ¿Es esto tolerancia? Pues ni respeto ni acepto lo que hace, así que no. Pero la amo.

A veces seré yo mi mejor amigo y a veces mi mejor amiga. A veces seré yo el criminal y a veces la víctima. Entonces, ¿es buena o es mala la tolerancia? Pues buena es con mi mejor amigo, y mala sería con mi mejor amiga.

Por eso, por la imposibilidad de entender la tolerancia, medirla y practicarla, esta mañana me puse mis zapatos de flores rosas, mis chinos azules, mi camiseta blanca y mis gafas de sol doradas y, como Góngora, dije “ándeme yo caliente y ríase la gente”. Póngase mi amigo su gorra, póngame yo la mía, que discutiremos de filosofía con muchas molestias, y ríase la gente. Hable yo con un criminal, y hable otro con un santo, que yo me holgaré con mi amiga, el santo con su amigo, y ríase la gente. Piropee yo a uno y piropeen otros a otros, que yo me entiendo bien como ellos bien a ellos, y ríase la gente. Vote yo a uno, vote el otro al otro, que así funciona la democracia, vendrán los frutos del voto, aprenderemos, y ríase la gente. Ame yo al mundo, ódieme este a mi, que yo andaré con mis zapatos de flores y mis gafas doradas, y ríase la gente.

Digo yo, que la tolerancia es imposible; la luz y el amor siempre existirán como la obscuridad y el odio. Más bien aprendamos a amar y callar; pues cuando uno ama no hace mal y, sin mal, uno calla. Mientras tanto, adoptemos este refrán de Góngora y digamos con nuestras molestias, “ándeme yo caliente y ríase la gente”.

PD: La segunda parte de El Curioso Impertinente, viene la semana que viene. 

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21 de agosto de 2017 | 23:16
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