Los “invaders” una forma de expresión en las paredes

Es una forma de arte urbano diferente, y permanece presente en más de 40 ciudades de todo el mundo. Sus seguidores hacen rutas para descubrirlos, incluso se los promociona como circuitos turísticos para ser visitados. En España y Francia, existen huellas de sus obras.

En homenaje a los míticos videojuegos de los 80, vuelven ahora 30 años después. Un artista francés se dedica a colocar mosaicos de naves espaciales pixeladas a base de baldosas de piscina en muros de todo el mundo.

En Barcelona llegó a colgar 17 en el año 2002, pero en estos momentos sólo hay 11 y descendiendo, en París es líder con 700. Las pérdidas más sonadas, según sus seguidores, fueron los marcianitos que estaban situados en edificios emblemáticos de la ciudad como el Macba, el Palau de la Música o el Mercado de Santa Caterina.

Los curiosos marcianitos pueden verse en: la plaça dels Peixos, carrer Montcada, Avinyó, Montjuïc del Bisbe, plaça del Pi, Canonge Colom, carrer del Carme, Doctor Dou, Dels Àngels (2) y Fernandina.

El autor, que se hace llamar Invader, ha llegado ya a 40 ciudades del mundo, la última de la cuales fue Bilbao a principios de este año; eso sí, con la autorización municipal porque formaba parte de una exposición de arte urbano.

En España, afirma el autor, sólo está en Barcelona y Bilbao, aunque también hay rastros invasores en Madrid que, al parecer, podrían ser imitaciones.



Atracción turística

A diferencia de los graffitis, los space invaders están ocultos y aun estando a la vista y en un sitio conocido no son fáciles de ver. Bordillos, vigas, paredes, contramuros, cualquier lugar es válido, casi siempre marcos muy transitados, pero a contrapié.

El artista nunca revela su identidad ni muestra su imagen. No avisa de los lugares que ha elegido para sus mosaicos, ni pide ningún tipo de permiso para realizarlos. Además, nunca anuncia exactamente donde sitúa sus obras/naves, pero sí da pistas.

"Buscar invaders es como una gymkana", afirma un admirador y seguidor del artista y una especie de "presidente del club de fans" en Barcelona (www.bcn-invaders.com).

Muchos de los fans de este tipo de arte y cultura invierten su tiempo y sus vacaciones en buscar invaders por todo el mundo. "Somos como boletaires", dicen.

La pasión recreativa del artista es tal que en Barcelona hay una nave que nadie ha visto y él la mantiene "a salvo". "Si el autor dice que existe, hay que creerle, pero nadie sabe dónde está, lo cual nos da mucho interés por seguir buscando".

Eso sí, podrían morir en el intento, porque nadie puede afirmar si ese marcianito oculto está en la lista de los vivos o en la de los desaparecidos. "Puede que tiraran el muro y nunca sepamos nada de él", se lamentan los seguidores de la cultura.
 
Los invaders cumplen, no se sabe si intencionadamente o no, una función turística. Cada una de las 40 ciudades invaders tiene su ruta turística en torno a las naves.
Es otra forma de hacer turismo y de disfrutar tu propia ciudad, incluso, se plantea proponerle al ayuntamiento que incluya el camino en los planos oficiales. El de la ciudad de Avignon es especialemente atractivo, ya que el recorrido de las naves en el mapa forma la silueta de un invader.

Arte urbano y efímero

La filosofía de este tipo de expresión esta en la libertad,  permite que cada uno haga con su obra lo que quiera.

 Este artista urbano/graffitero (www.lawebdelpez.com) dibuja peces con bocas enormes para expresar "alegría, buen rollo y buenas vibraciones a la gente que pasa por las calles".

Pez, como Invader, siente tristeza cuando una obra suya desaparece. "La pena me da ganas de buscar un sitio nuevo para pintar", señala. En cambio, Owen (graffitero abstracto, "me inspira Miró", dice) lo tiene asumido. "Nuestro arte es efímero", afirma, "cuando me pintan encima me busco otro y ya está, pero suelo respetar el código no escrito que dice que nunca se debe pintar encima de una obra si no es para mejorarla".

Eso sí, tanto Pez como Owen han dado el salto de la calle a la galería. Por eso, Mauri Edo pide respeto por las obras urbanas. "Estas propuestas ofrecen una imagen de ciudad más divertida; todo el arte no está encerrado en un museo", añade. Aún no ha encendido la luz roja de la alarmas ante la constante disminución en el número de invaders en Barcelona. "Cuando queden 2 ó 3 me preocuparé de verdad", concluye.

Encontrar iniciativas en relieve similares a los space invaders no es sencillo. Hay caretas cómicas, flechas, pero no tienen la solera de los marcianitos y son anónimas. Abundan más las obras pintadas, como las que dibuja Kenor. "Está haciendo cosas muy buenas en las calles de Barcelona", afirma Pez. Además, destaca lo que hizo Ripo con espejos.

Owen coloca en la lista a su compañero de fatigas Kram. Mauri añade al Pelele, un simpático monigote que se asoma por las paredes de la capital catalana. Pero el autor fue pillado in-fraganti y tras las multas dicen que está medio retirado, aunque algunos creen que ha vuelto en forma de stickers.

Fuente La Vanguardia

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18 de octubre de 2017 | 11:56
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