Una lección de Fútbol Americano

A un día de una nueva final de nuestro seleccionado Argentino, una lección mas que futbolera para todos.

 Muchos interrogantes se generaron en torno a la designación del país responsable de organizar la Copa América Centenario, para la conmemoración del aniversario del primer siglo ( del torneo más antiguo del mundo). El desenlace del certamen comienza a dar respuestas.

Dicen que el fútbol se trata de veintidós personas corriendo detrás de una pelota, también que representa actualmente uno de los negocios más lucrativos del planeta y algunos pocos aseguran que es mucho más que eso. Hablan y hablaron, de un hecho cultural.

Primero el continente nuevo se independizada, y luego con los ingleses fuera del negocio en el norte, sus líneas de ferrocarriles acercaban distancias entre los pueblos de América del Sur posibilitando la competencia y desarrollo deportivo, identidades regionales comenzaban a florecer entre fútbol, mate, tango y carnaval. Mientras tanto en el movido avispero europeo, una parte de América enfrentaba al comunismo y lo derrotaba. Sin embargo, lo que se llamó Guerra Fría, nunca terminó.

Las confrontaciones en campo de batalla se llevaron a los económicos y culturales, en su momento importó quien llegaba primero a la Luna, hoy la excusa es terrenal. Se trata de organizar un torneo de fútbol. Pero si el mal por el bien no es, el bien por el mal tampoco. Y la organización más corrupta de la historia con sede en Zúrich, como no podía ser de otra manera, comenzaba a recibir golpes desde Norteamérica. La FIFA negoció siempre con el mejor postor sin interesarse en las consecuencias pero los negociados con Rusia y Qatar fueron el Pearl Harbor de esta contienda. Los Estados Unidos no serían ajenos a que se desarrollara en terrenos enemigos la actividad de mayor interés de la actualidad mundial. Los escándalos en la organización madre del fútbol, la caída de sus líderes, la actual investigación llevada a cabo sobre los sobornos que permitieron organizar un mundial en un lugar donde la temperatura sobrepasa los 50° grados centígrados y que solo con un año de anticipación se geste una propuesta de copa especial, son las evidencias de esta guerra fría.

Pero el gesto de interés para el resto del mundo, y sobre todo para el llamado tercer mundo, son los aportes que el fútbol genera a pesar de la tecnocracia que lo rodea. La derrota de USA Soccer ante la selección Argentina de fútbol ha generado incontables comentarios de vaga creatividad. “Tendrían que haber controlado por satélite a los argentinos”, “Houston tenemos un problema”, “Houston, bajó un marciano” tituló el matutino deportivo Olé ante las sorpresivas expresiones yanquis, de incomprensión del universo ante la imposibilidad de remontada y la impotencia de no poder descifrar las claves del juego. Nadie fue ajeno a la ignorancia futbolística expresada por los espectadores locales ante el bombardeo de goles argentinos que parecían no cesar, pero las dudas que esos rostros mostraban eran más grandes, trascendieron al juego. ¿Qué sucede? ¿Qué está pasando? ¿Acaso no es EEUU quien obtendrá la hegemonía americana esta vez? ¿Ellos también son americanos? Esas eran las verdaderas preguntas que resonaban en el interior de cada ciudadano estadounidense mientras se aproximaba el minuto 90.

Entre tantas tensiones globales como lo son medio oriente, Franja de Gaza, las Coreas, Ucrania y Crimea, y todos aquellos puntos del planeta en donde confluyen las ideologías occidentales y soviéticas, hoy el fútbol se sumó a la lista., Latinoamérica, en su natural indolencia, saca provecho cultural.

El hecho de ofrecerse anfitriones para la organización de un campeonato, que era dueño de algún equipo latinoamericano antes de que comenzara, significaba la ocasión de aleccionar a todo un pueblo y al planeta entero. El fútbol viajó al norte cargado de identidad americana. La historia recordará a la Copa América Centenario como aquella en la que los estadounidenses, al menos por un mes, tuvieron que reconocer que América no son ellos, que no es un país, sino un continente.

Escrito por: Lucas Matías Vicentela

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18 de noviembre de 2017 | 02:29
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