La tercera invasión inglesa que no fue

El gobierno británico estuvo a punto de reincidir en otro intento de invasión al Río de la Plata en 1808, pero los sucesos en Europa lo impidieron.

El duque de Wellington, el jefe militar que venció a Napoleón en la estratégica batalla de Waterloo, estuvo a punto de llegar al Río de la Plata en 1808 para encabezar lo que iba a ser la tercera invasión inglesa a estas tierras, pero la crisis de poder en el reino de España hizo que la corona británica cambiara la orden y lo mandara a Portugal a resistir juntos a los españoles la ocupación francesa de la península ibérica.

Arthur Wellesley, duque de Wellington, había sido designado para comandar la fuerza expedicionaria del tercer intento de colonización británica de Buenos Aires, capital del virreinato. La fuerte resistencia de los españoles -pese a la defección de la casa real- hizo que España, de adversaria, pasara a ser un aliada frente al enemigo principal que siempre había sido Francia y Napoleón Bonaparte, en particular.

La crisis política española, más tarde, abrió paso a que en el Río de la Plata los patriotas se hicieran cargo de la administración del virreinato, sustituyeran al último virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y proclamaran la Revolución del 25 de mayo de 1810.

La resistencia del pueblo español a las tropas francesas hizo que los británicos privilegiaran a quién enfrentar, dando lugar a que en el Río de la Plata se atrevieran a ser libres.

Evitó, además, que los patriotas rioplatenses tuvieran que soportar una nueva invasión inglesa con la consecuente pérdida de vidas y de bienes. La corona inglesa había designado a su principal jefe militar de entonces para lograr que la joya del virreinato del Río de la Plata luciera en el collar de la Union Jack.

Wellington estuvo apostado en la península ibérica entre 1808 y 1813, año en que se percibió que la infalibilidad napoleónica había ingresado al cuarto menguante, después del fracaso de la invasión a Rusia en 1812.

Las noticias en el nuevo continente llegaban al ritmo de los barcos, por eso pese al lento declive napoleónico que se convirtió en derrota definitiva recién el 18 de junio de 1815, los patriotas rioplatenses organizaron la Asamblea del año '13, todavía bajo la influencia de la revolución francesa y de los triunfos militares del "atleta sombrío del pugilato de la guerra", como definió el escritor Victor Hugo al gran corso.

Para tener una idea del significado que tuvo que Wellington desviara el curso del Río de la Plata a Portugal hay que recordar que luego de la batalla de Waterloo, el general inglés se convirtió en el militar más famoso y prestigiado de la corona y ocupó en cuatro oportunidades el cargo de primer ministro británico entre 1828 y 1835.

Luego de la batalla de Bailén, el 19 de julio de 1808, donde las tropas españolas desalojaron a las francesas de Madrid, comenzó la lenta retirada gala de España. José de San Martín tuvo un papel destacado en la contienda. Pese a la derrota, Napoleón seguía en el cenit de su gloria, casi toda Europa estaba bajo su regencia y Gran Bretaña aislada, sin poder entrar con su producción al Viejo Continente. Sufría un bloqueo.

El mayo de 1811, San Martín participó de otro enfrentamiento contra los franceses, el combate de La Albuera, cerca de Badajoz, donde batalló con tropas españolas, portuguesas e inglesas, que estuvieron dirigidas las últimas por William Carr Beresford, "el mismo que cinco años antes había comandado la primera invasión inglesa al Río de la Plata", señala el historiador Felipe Pigna en el libro sobre la vida del Libertador, "La voz del gran jefe".

Pocos meses más tarde, con el grado de teniente coronel, San Martín arribó a Buenos Aires el 9 de marzo de 1812 en la fragata inglesa George Canning y de inmediato se puso al servicio de las autoridades del Primer Triunvirato.

Un año después, el Regimiento de Granaderos a Caballo, conducido por San Martín, tuvo el bautismo de guerra contra las tropas españolas en la batalla de San Lorenzo. Sería el primer triunfo militar antes de hacerse cargo de la organización del Ejército de los Andes, que el 17 de enero de 1817 inició el cruce cordillerano y la campaña libertadora por Chile y Perú.

El fracaso de la invasión a Rusia, el acoso militar de la santa alianza entre 1813 y 1814 que sitiaron París, terminaron con el poder napoleónico, que dio lugar a la reclusión del emperador en la isla de Elba. Vuelto a Francia, encabezó los 100 días en el mando que concluyeron con la derrota catastrófica en Waterloo y con ella el regreso de la realeza a las casas de Europa.

Dice Víctor Hugo en la extraordinaria reconstrucción del combate: "Waterloo no es una batalla, es el cambio de frente del universo... Es intencionadamente una victoria contrarrevolucionaria. El zafarrancho de las monarquías contra la indomable sedición francesa".

En las Provincias Unidas de América del Sur, en tanto, nueve meses después se convocaba a un congreso constituyente para declarar la independencia del territorio, proclama que se hizo pero dejó pendiente dos temas: las fronteras del naciente Estado y el tipo de régimen.

El historiador Luis Alberto Romero indica que los patriotas eran más bien pro monárquicos -entre ellos San Martín y Manuel Belgrano- porque era lo conocido, régimen bajo el cual siempre habían vivido. El modelo republicano vigente en el mundo regía solo en los Estados Unidos, que todavía a principios del siglo XIX soportaba el asedio militar inglés.

La declaración de la Independencia en San Miguel de Tucumán sirvió para que el general San Martín se lanzara a la campaña libertadora, que culminó con la batalla de Ayacucho, Perú, el 9 de diciembre de 1824 con el desalojo definitivo de los españoles de América del Sur.

Por Eduardo Barcelona para la agencia Télam


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5 de Diciembre de 2016|13:46
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5 de Diciembre de 2016|13:46
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  1. La idea de San Martín respecto de una forma de gobierno pro-monárquico no pasaba por ser el único sistema que él conocía, era demasiado inteligente para minimizarlo a una expresión tan básica, sino porque se dio cuenta a su llegada a Buenos Aires, luego en Tucumán y Mendoza y, después en Chile y Perú, que las Provincias Unidas lo que menos eran es "ser Unidas"; la división era alarmante y plagada de intereses internos y externos, ya que a los terratenientes de turno les daba lo mismo ser independientes o dependientes del Rey, la idea era facturar a como diera lugar y manipular el poder a su antojo. En una carta que San Martín le escribe a Tomás Godoy Cruz el 24 de febrero de 1816 dice: "Mi amigo y paisano apreciable; las dos de Usted de 20 de enero y 11 de febrero las recibí juntas el correo pasado; ellas me manifiestan el odio cordial con que me favorecen los Diputados de Buenos Aires; la continuación hace maestros, así es que mi corazón se va encalleciendo a los tiros de la maledicencia, en fin mi amigo, nada siento los tiros disparados contra mi sino que la continuación hacen aburrir a los hombres más estoicos. Me muero cada vez que oigo hablar de Federación: ¿ no sería más conveniente trasplantar la Capital a otro punto, cortando por este medio las justas quejas de las provincias ? ¡ pero Federación ! ¡ y puede verificarse ! ¿ si en un Gobierno constituido, y en un país ilustrado, poblado, artista, agricultor y comerciante, se han tocado en la última guerra contra los ingleses (hablo de los Americanos del Norte) las dificultades de una Federación, qué será de nosotros que carecemos de aquellas ventajas ? Amigo mío, si con todas las provincias y sus recursos somos débiles, qué nos sucederá aislada cada una de ellas, agregue a Usted la rivalidad de vecindad y los intereses encontrados de todas ellas, y concluirá Usted que todo se volverá una leonera, cuyo 3º en discordia será el enemigo" (1). San Martín estaba atado de pies y manos respecto de su plan continental y era odiado por la casta política nacional (en Mendoza se pergeñaron dos atentados contra su vida), tanto es así que, en la misma carta y por la falta de compromiso de muchos detractores, cambia el plan de invadir a Chile con la idea que los realistas invadieran Mendoza, ya que no tenía capacidad operativa para invadir, pero si, estaba convencido que si nos invadían, la victoria estaba asegurada: "Nada particular de Chile, excepto la variación de plan del enemigo, el que se había propuesto atacarnos persuadido la salida de las tropas de ésta (Mendoza) para el Perú, como se había hecho entender, pero un maldito chileno se me pasó al enemigo y me trastornó el plan. Seguimos en ésta con una tranquilidad octaviana, y lo mismo en el resto de la Provincia" (1). Luego de su reunión con Pueyrredón en Córdoba y la declaración de la Independencia Nacional, es que el panorama de San Martín comienza a aclararse, con el envío masivo de fondos desde Buenos Aires y algo de Córdoba. En esas remesas llegaron municiones, armas y pertrechos, como así también, llega a Mendoza la primera imprenta, traída por Juan de Dios Miguez y, a su vez, se le informa a San Martín lo siguiente: "Queda dada la orden para que por la Comisaría de Guerra se remitan a VE los doce ejemplares de la obra de Thomas Payne. Oficio de Vicente López desde Buenos Aires del 2/1/1817" (1). Es decir, la capacidad intelectual de San Martín era variada, pasando por la lectura de Payne, un demócrata liberal, hasta llegar a pensar en imponer un monarca Inca para dirigir los destinos de las Provincias Unidas, idea compartida por Laprida, Godoy Cruz, Belgrano, etc. El objetivo principal de San Martín era la libertad y que todos los habitantes de la Nación estuvieran en el mismo bando y no divididos, cosa que hasta el día de hoy no ha sido posible conseguir. El 9 de Julio de 1816 fue declarada nuestra Independencia, pero nunca nos dejaron ejercer esa Independencia, ya que, seguimos sometidos a intereses internos y externos que no dejan que Argentina avance. (1, Documentos para la Historia del Libertador General San Martín). Saludos.-
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