Mendocinos estudian las capacidades para aprender una lengua

Un grupo de investigadores del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA) analizan los procesos cognitivos que se involucran en la adquisición y uso de un idioma.

Cómo los seres humanos adquieren la lengua es un tema abordado por diferentes disciplinas. Ampliamente discutido desde sus inicios, generó la aparición de diferentes corrientes teóricas contrapuestas que debatían, y debaten, sobre los factores psicológicos, neurológicos y sociales que intervienen en el proceso.

El biólogo Alejandro Wainselboim, investigador asistente del CONICET, es parte de un grupo de investigadores del Laboratorio de Lingüística y Neurobiología Experimental del Lenguaje del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA) que estudia los procesos cognitivos involucrados en la adquisición y uso de la lengua, es decir los mecanismos que el cerebro utiliza para poder codificar y decodificar mensajes. Más simple: hablar, leer y comprender.

Los investigadores sostienen que, durante la primera infancia, los seres humanos son capaces de adquirir cualquier lengua por exposición: materna, segunda lengua o tercera lengua. Es decir, por el simple hecho de interactuar con otros individuos pueden aprender los recursos necesarios para comunicarse. Esta virtud de los sujetos, añaden, hace que cuestiones tan complejas como la gramática (la forma en que se ordena las palabras) o la semántica (el significado que se les otorga) sean adquiridas de forma inferencial e implícita, sin necesidad de ser explicadas.

Wainselboim señala que alrededor los cinco años un niño posee casi la gramática de un adulto: "Un chico cuando llega a los cinco o seis años tiene un vocabulario de decenas de miles de palabras, que puede estar ya entre las 30 y las 50 mil. Qué porcentaje de ese vocabulario total lo aprendió de manera explícita, es decir preguntando, sólo algunos centenares, y estoy exagerando. Entonces la inmensa mayoría del vocabulario lo aprendió de manera implícita, básicamente infiriendo el significado de esa palabra de acuerdo al contexto en el cual la escuchó".

El neurocientífico explica que este fenómeno responde a una capacidad del cerebro que permite almacenar la estadística de aparición de eventos, de sus atributos, y a su vez, de los términos que escuchó en esos diferentes eventos. "Los sujetos tienen la capacidad de almacenar la estadística de co-ocurrencia entre aspectos ambientales y los términos lingüísticos que va escuchando en esos diferentes contextos", cuenta, y esto les permite dotar de significado a las palabras y asociarlas a situaciones u objetos.

Ahora bien, los investigadores coinciden con estudios previos en que esta facultad comienza a perderse a medida que pasan los años. "La capacidad de adquisición del lenguaje por exposición al contexto, aparentemente se iría perdiendo a lo largo de la segunda infancia, que es de los seis a los 12 años, y definitivamente en la adolescencia ya no la tenemos. Uno puede aprender de adulto un número ilimitado de lenguas, pero la forma es totalmente diferente, se realiza mediante aprendizaje formal, las reglas gramaticales, el significado de las palabras, todo se explicita", detalla.

Una serie de experimentos neurolingüísticos, que permiten determinar la actividad neuronal durante el proceso de aprendizaje de nuevas palabras, posibilitó a los investigadores observar que sujetos adultos sanos demostraron ser capaces de aprender el significado de nuevos términos de manera inferencial, a la vez que pudieron adquirir de manera implícita las reglas gramaticales (combinatorias) de una gramática artificial creada para el análisis. "Este resultado lleva a pensar que en adultos existen las mismas capacidades de aprendizaje que en el cerebro infantil, pero en un grado menor", explica el biólogo.

El investigador sostiene que en un ambiente complejo como el sistema social, la capacidad de asociación estadística entre estímulos no sería ya ‘lo suficientemente poderosa’ como para que el adulto adquiera un lenguaje por simple exposición.

El próximo paso para el grupo es indagar y comprender qué cambios se producen en el cerebro que hacen que el aprendizaje inferencial e implícito sea menor en adultos. Según Wainselboim una posibilidad residiría en que éstos poseen una mayor capacidad de generalización a costa de una menor capacidad de prestar atención al detalle lo que disminuiría la capacidad de aprendizaje estadístico en contextos naturales complejos.

Si bien creen que ésta puede ser una clave de la diferencia con los infantes, la investigación está en etapa de desarrollo: "No sabemos cuáles son los cambios que se producen, para esa pregunta todavía no tenemos respuesta, tenemos una hipótesis de trabajo, pero hasta el momento siempre hemos trabajado con adultos, el próximo paso es trabajar con niños para poder comparar", acota.

Fuente: CONICET


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