Mi Repugnante Humanidad

Mi consciencia, encerrada en el centro penitenciario de mis pecados, grita.

Mente

 

A veces miro al cielo y digo, «Señor, gracias por hacerme humano.» Y es que cuando me veo reflejado en algo, ya sea en la horripilante imagen de un espejo o en el malsonante mentar de mi nombre en una persona, caigo en cuenta de la más siniestra de las verdades irrefutables, «¡Oh, no! Soy David, ¡David Moraza!» Y me deprimo, me hundo en los lamentos que cantan los misereres de las miserias que me forman. No encuentro consuelo ni refugio alguno sino en mi condición; esa categoría en la que me excuso, esa calidad que me define y engloba lo imperfecto, un estilo, una clase; eso de ser humano. ¡Qué bendición la de ser humano! Y poder decir así, sin remordimientos, ¡El que tiene boca, se equivoca! Poder decir, ¡Lo siento! ¡No era mi intención! ¡Fue un malentendido! ¡No es lo que parece! ¡Perdón, perdona! Tras ello, quedarse tan pancho y exorcizar la ardiente culpa que tan apesadumbrados nos tenía. Si no nos perdonan, no pasa nada; tu amigo del alma, el incondicional aliado que persigue tu felicidad, ese buen cristiano que por suerte anda a tu lado, nos pone el brazo en los hombros, nos regala un corto estrujón y, con dos palmaditas en la espalda, dice “no pasa nada, tú has hecho tu parte.” Seguidamente, ambos, tan a gusto, satisfechos por nuestra buena voluntad, zanjamos el tema y pasamos página. Pues sí, ¡Somos libres de culpa!

¡Mentira! ¡Mentira! Pues, a veces, me encuentro solitario en el lago de Valverde de Lucerna, sentado en una roca, ora observando el reflejo de las estrellas en el agua negra, ora el reflejo del cielo en el agua azul, y entre tanta belleza natural y perfecta, veo la aberración más monstruosa que de la creación ha salido; mi deformada cara, mi nombre, de nuevo reflejados en lo que, con creces, me supera dejándome en la más humillante de las vergüenzas, la vergüenza y la maldición de ser humano. Entonces, recordando al Santo, San Manuel Bueno, miro al cielo y digo, «¡Señor! ¿Por qué me has abandonado? ¿Por qué me has hecho humano?» Me veo refractado en el agua, de nuevo, espeluznante y aterradora imagen, mi cara, mi nombre, ambos reflejados en el mundo, irrumpiendo en la perfección y belleza de la inocente naturaleza; miro al cielo, y grito «¡Señor! ¿Por qué les has abandonado? ¡Apágame! ¡Apaga la luz de mi pérfida influencia!» Mas no se acaba. Mi reflejo sigue ahí, espantoso nombre; mi sombra tras de mí, deforme forma. No puedo, ¡No puedo pararlo! Todo lo que hago se refleja en todo. Mis pies huellan la superficie, la maltratan; mi cara se ve en los vidrios, los espejos, el agua y las espantosas fotografías, la gente dice “¡Me gusta!”; mis palabras hieren los oídos de mis conciudadanos, queman los ojos de mi prójimo, taladran su mente… Mas aplauden, me felicitan ignorantes de la verdad, la verdad que solo yo sé. Mi consciencia, infeliz prisionera, encerrada en el centro penitenciario de mis putrefactos pecados, saca sus lacrimógenos brazos por entre los huecos de mi cráneo y grita, grita de amargura, clamando «¡Idiotas! ¡Imbéciles! ¿Me leéis? ¡No lo hagáis! ¿No ves que soy humano?» Pobrecita, ahí en la rocosa cárcel, durmiendo sobre la gélida piedra, revolcándose en la humedad y pestilencia de sus propios excrementos, muertecita del frío, incomprendida, arrepentida, avergonzada, muriendo, intentando reparar el daño de su humanidad, ya renegando de su existencia; la pobre, quiere flagelarse. «¡No me aplaudáis! -dice entre sollozos- Criticadme, insultadme, quemad mis palabras, leedlas con odio, aborreced mi nombre, denigrad mi imagen. Haced que pague por mis pecados; haced que pague por mi pecado mortal, ese de ser humano, ese de ser imperfecto. Yo no puedo, no puedo perdonarme.»

A continuación, en las esperpénticas y abominables páginas que seguirán en el futuro, os presento las razones en las que mi aprisionada alma repara a pensar; los vanos intentos de esta, mi condenada alma, de hacer bien y superar su detestable humanidad. «¡Oh señor! Si solo una persona leyese y aprendiese, aunque solo fuera una sola cosa buena, iré al infierno feliz.» Ahora, señores míos, pidoos que detestéis estas repugnantes páginas que seguirán, que es lo mínimo que puedo requerir de vosotros; pues lo máximo que os pudiera pedir, sería que alguna pequeña cosa aprendáis. Yo digo como el autor del Lazarillo, “muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo, y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que vean y lean sus obras y, si hay de qué, se las alaben. Y, a este propósito, dice Tulio: «La honra cría las artes».” Si es de vuestro parecer detestar los pensamientos de mi alma, bien me hará, pues los pecados se pagan con sufrimiento también. Si es de vuestro favor alabar las mis páginas, el mismo bien hará, pues los pecados también se pagan con el perdón de los justos. Si no queréis leer, bien os hará igualmente, pues mi humanidad se ve reflejada en estas palabras, y si ya soy penitente por tenerme a mí mismo, más penitente sería si supiera que mi influencia está en vosotros. Sea cual sea vuestra elección, permitidme excusarme de nuevo, antes de que os emprendáis a detestar, alabar o ignorarme; soy humano y perdón pido por adelantado.

Opiniones (2)
23 de octubre de 2017 | 02:17
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23 de octubre de 2017 | 02:17
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  1. Muy bueno tubalcan, me hiciste acordar el grillo que tiene adentro un parásito que lo hace tirarse al agua a matarse porque después de su muerte nace el parásito. A veces se puede pensar que Dios es un Parásito que nos usa para manifestarse a su voluntad.Para eso trabajamos y nos alimentamos toda a vida, para manifestar algo!!!!!
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  2. Quien no ha oído la dramática frase ?dios a muerto?, expresión trágica del pensamiento humano que desnuda el nihilismo de un sistema de conductas y creencias decadente que construye el hombre como castillos de arena. ?Dios a muerto? diría Nietzsche, en una de sus más grandes obras, la muerte de dios o la destrucción de los valores caducos, de todo ese estereotipo de conductas que han formado sociedades como circos, donde las bestias divierten a un público insaciable y carente de la más efímera sensibilidad. En este punto de inflexión, no logro descifrar mi duda sobre el existencialismo. Como cuando a veces recostado en la inmensidad de alguna noche extraviada y extasiado en la infinidad del Cosmos me ha desgarrado la debilidad de no saber, esa insoportable sensación de existir y no comprender. ¿Por qué tan inmenso e incontrolable es el desafío de ?Ser??, ¿qué hay detrás de la escena cuando la ilusión del acto inunda mis retinas en incontables explosiones fotónicas y en un parpadeo simplemente cae el telón? Acaso la vida no es esa obra que te hipnotiza en un juego incomprensible del ir y venir, donde los actores interpretan el papel de una vida, para luego morir irremediablemente. Es como vivir en una cápsula del tiempo donde todo pasa y nada es, teorías conspiraciones, religiones, filosofías, ideas, pensamientos, todo en una vorágine de algo que nunca termina siendo, para abstraerse todo a un solo momento? morir, nuestra única certeza. Tal vez dirán que lo que planteo es demasiado trágico, y que dios esta allí, pero de que dios hablamos cuando son tantos. Todos hemos mirado el Cosmos alguna vez, y quizás nos hemos preguntamos como algo tan efímero como la existencia humana puede responder este desafío del Ser. Como mirar el grano de arena más insignificante e imaginarse a los microorganismos en él, debatiendo la razón de su propósito en la vida. Muchas veces me he abstraído en la caverna de esta materia, en la oscuridad he tanteado como un ciego, y mi imaginación como si fuera una mano temblorosa ha rozado el vacío, el mismo que se deforma mientras más me concentro, que me detiene, que me amordaza como impidiendo que siga, para adormecerme en la intangibilidad de los pensamientos que me llevan y me sueltan una vez más, para despertar en esta sensación que llamamos realidad. Me he sentado en el umbral de los acontecimientos, mas solo como espectador de algún momento, como si no existiera, y ver pasar las voces, los pasos sórdidos que se alejan y nunca vuelven, las cabezas que se esquivan para no encontrarse con otras realidades, que nacen, vienen y van, una y otra vez como si nada pasara, como si nada importa, y luego mueren, tan trágicamente desaparecen y no dicen a donde van, y los que se quedan, con caras largas siguen hasta olvidar. Porque es más fácil olvidar lo que no se puede entender. Ahora es importante que entiendan que esto no es más que un pensamiento, como dije, es un punto de inflexión entre tantas teorías, ya que no hay certeza de nada. Algunos me dirán que mucho de lo que expreso hoy está muy lejos de la realidad, que dios, la vida, la muerte, todo tiene una explicación, que todo está aquí, a nuestro alrededor, en los libros que estudiamos y profesamos, que el Demiurgo como un anciano sabio nos observa, y nuestros actos son compensados o castigados. Quizás piensen que si tantas dudas e plasmado, por que aun no ha mandado a volar mi cerebro, tal vez en ese instante intemporal cuando jalas el gatillo viene las respuestas y ya sea demasiado tarde. Solo puedo decirles que a pesar de este nihilismo, esta negación, esta desorientación, hay un instante entre los seres humanos, un momento tan infinito como efímero, donde la teoría de la relatividad ajusta sus ecuaciones y sus resultados son perfectos, es como si el vacío se llena de algo muy sutil que no alcanzo a diferenciarlo, que no acepta explicaciones ni definiciones, solo es? como un aroma que te recuerda ese abrazo lejano, como una vibración que se desgarra de la nada y se convierte en un sonido profundo como cuando cubrimos nuestros oídos. Estoy aquí, porque en el griterío mundano, hay voces que se animan a seguir preguntando, y entre tantas algunas respondiendo. Estoy aquí porque afuera dios a muerto, lo han matado los hombres que lo han creado, por que de tanto buscarlo lo he perdido, porque como un autómata solo he subsistido sin saber por qué lo he hecho, todo me ha sido impuesto y nada respondido, he nacido como si antes jamás hubiese existido, ni un pensamiento, ni un atisbo, ni una conexión. Estoy aquí porque algo me ha traído, ni la duda ni la certeza, quizás el tiempo pueda dilucidarlo.
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