Por la contaminación no podemos ver las estrellas

Alrededor del 33% de la población de la Tierra no puede observar la Vía Láctea producto de la contaminación visual causada por las luces.

Un tercio de la población mundial no puede ver la Vía Láctea debido a la contaminación lumínica producida por las luces artificiales que afectan la visual nocturna del cielo, y parece que la tendencia a utilizar tecnología LED podría agravar el efecto "oscurecedor de estrellas".

Los resultados se desprenden del nuevo Atlas de Contaminación Lumínica elaborado por una decena de investigadores europeos y estadounidenses y que actualiza otro realizado hace 15 años, que publica la revista Science Advances, citada por agencias internacionales y el diario El País. Este estudio muestra cuántas personas y qué regiones del planeta están bajo cielos llenos de luz artificial en los que no es fácil ver las estrellas. 

"Para encontrar un cielo realmente prístino (las zonas en negro del mapa) un habitante de Barcelona o Madrid tendría que viajar hasta el norte de Escocia o a algunas zonas del desierto del Sahara", dice el investigador del Instituto Italiano de Ciencia y Tecnología de la Contaminación Lumínica (ISTIL) y coautor de este atlas, Fabio Falchi. 

El 83 por ciento de la población mundial tienen cielos nocturnos contaminados en menor o mayor grado, mientras que la cifra llega hasta el 99% en el caso de los europeos y los estadounidenses, con algunas honrosas excepciones, como ciertos sectores de Alemania. El trabajo se apoya en los datos del satélite Suomi de las agencias estadounidenses NASA y NOAA, con sensores para medir la iluminación nocturna, y decenas de miles de registros tomados por científicos y voluntarios desde el interior o alrededores de las ciudades.

Por países, el que tiene mayor brillo nocturno artificial en función de las personas afectadas es Singapur. Todos sus habitantes viven la noche como si fuera un crepúsculo permanente. Allí, la intensidad luminosa puede alcanzar las 7.130 microcandelas por metro cuadrado (cd/m2). La candela es la unidad básica para medir la intensidad lumínica. Para hacerse una idea, la luz nocturna natural apenas llega a las 1,74 microcandelas.

Tras Singapur aparecen cinco países del golfo Pérsico. Entre los 10 primeros también están Corea del Sur e Israel. Más sorprendente puede ser que completen la lista naciones tan castigadas como Irak o Libia. Los autores recuerdan que el satélite no diferencia entre luz procedente de la iluminación de las ciudades o de los pozos de petróleo o gas. 

Una caso excepcional es la Argentina, que se ubica en el octavo lugar dentro de los países que no pueden disfrutar las estrellas en su plenitud. Falchi apunta aquí otra razón: "En general los altos porcentajes de población expuesta a cielos nocturnos muy brillantes se deben a que esas poblaciones se concentran en grandes ciudades. Esto podría explicar el caso argentino".

Por otra parte, los autores del estudio alertan que las cosas pueden ir a peor por culpa de la revolución LED. Tanto por su menor coste como por su tecnología, la iluminación basada en LED podría triplicar el brillo nocturno artificial. Al ser tan económica, tanto las personas como las administraciones pueden arrinconar la idea del ahorro energético e iluminar aún más. Además, una mala elección tecnológica, apostando por LED de luz fría, podría elevar la contaminación lumínica.

La propia tecnología LED podría permitir implantar mecanismos de control para aumentar o reducir la iluminación en función de las necesidades.


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3 de Diciembre de 2016|01:39
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