El síndrome de la linda que es una hija de puta

Pol Vora nos deja una nota sobre aquellas mujeres que crecen, se ponen lindas... y forras.

 Las mujeres somos un sexo bastante complicado, en muchos aspectos. Pero no todo se basa en nuestra sed por romperle olímpicamente los huevos al hombre que tiene la desdicha de tolerarnos, sino además en que a veces no nos damos cuenta de cuando estamos siendo o no unas conchudas. Es algo con lo que nacemos, simplemente está ahí, siempre intacto aunque lo hayamos usado mil veces. Hablo del gen que nos hace a nosotras también, unas dignas hijas de puta.

Podés ser más fea que Margarita Stolbizer o una diosa como Megan Fox pero de la solemne histeriqueada te juro que no te salvás. Me he cansado de criticar en demasía al género masculino por tener comportamientos que exceden lo animal y predecible. Pero el nuestro no es la excepción, no somos mejores y probablemente no lo seamos nunca.

Cuando somos chicas y la naturaleza no se encargó de proporcionarnos un cuerpo digno de una mujer, disfrutamos de aquella inocencia que cada vez y con el tiempo dura menos. Pero cuando crecemos y nos empezamos a interesar por alguien, nos excita la idea de ser un poco hijas de puta, sobre todo si no se trata de algo serio. Como dicen por ahí: el hombre propone y la mujer dispone y en el 80% de los casos es así. ¿Quién nunca se ha comido la amagada del siglo por parte de una mina que se sabe rica y te histeriquea a más no poder? Los hombres pueden hacerse desear pero nosotras tenemos un máster en forrear y hacernos desear. Les cuento cómo es:

El sueño de toda mina que se precie de tal, es llegar a la pubertad con notables signos de desarrollo y crecimiento. No importa que se trate de los primeros pelos en las axilas o de los que más tarde se asoman en la chumina, nos alegra pensar que por fin vamos a ser grandes. Claro que si el crecimiento es de las tetas mil veces mejor. No fue este tú caso, vos siempre fuiste chica comparada con el resto de sus amigas que a los quince años eran catadoras profesionales de pitos chicos y pitos grandes, negros o rosaditos, y eso te llevaba a tener el autoestima en completo movimiento. Como si tuvieras un Chile en tu interior, para que me entiendan la gravedad de la situación.

Pero la mina pasó de ser un bicho verde a ser una mujer con la que te gustaría sacarte una selfie en algún cheboli haciéndote el canchero. Las dos moras que tenía como pezones (y de eso se trataba todo su órgano mamario), se incrementaron desproporcionalmente con respecto a su capacidad de pensar. No se puede todo en la vida, pero la flaca tiene altas gomas y con eso, para algunos basta.

Eran tantas las ganas de romper corazones que le entraba sin asco a todo ser humano que pusiera a su disposición su pedazo y a ella se le hacía agua la boca. No importaba si se trataba de un hermafrodita o cualquier bestia con tal de copular, total siempre le había entregado el asterisco a alguien peor. Esa era su justificación.

Sale, se divierte, quiere comerse a los novios de sus amigas y los provoca incansablemente, sin pudor, ella no conoce los límites. No cree en la amistad entre el hombre y la mujer pero contradictoriamente tiene un grupo de amigos al cual vuelve locos cada vez que se junta con ellos, aunque se trate de un asado un domingo en cacheuta, ella aprovecha para ponerse una tanga como excusa de bikini que permite mostrar la coneja muerta que lleva debajo de aquella prenda.

Lo peor de todo es que a los hombres, como a nosotras, les gusta lo complicado pero fácil y nosotras de eso podemos dar cátedra. Entonces generalmente la mina normal, se convierte en la amiguita intocable que está en el grupo de amigos, aconsejándolos, pero sin insinuarse ni mostrar el tira pedos o las ubres por tener dos “me gusta” más en una foto en instagram.

Pero también estamos las feas que encima de incomibles somos pretenciosas y nos queremos garchar a cualquier pito que veamos y si proviene de algún flaco zarpado en danonino y en facha, mejor aun. Somos exquisitas y buscamos tener siempre lo mejor, criticamos a los tipos que no nos quieren entrar porque somos más feas que pisar caca descalza y no aceptamos la verdad: nosotras discriminamos pero nos arde el culo cuando lo hacen con nosotras. Es el carma mis amores, se tienen que calmar.

Al final todas las minas somos iguales y vos rica ¿te creés que no? ¡Seguro hacés caca parada ahora! Y por favor, dejen de boca de pato en todas las fotos si al final todas tienen boca de traba. Menos las buenas, ustedes van a vivir para siempre pero van a tener que soportar a los boludos que no se deciden nunca.

Les amo mil veces.

Opiniones (2)
20 de agosto de 2017 | 18:30
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20 de agosto de 2017 | 18:30
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  1. Pesima la nota. No creo que se esté contribuyendo a "ni una menos". Es pura basura.
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  2. Hay una reflexion que te olvidaste,cuando se vuelvan viejas reciben la cuenta de todo el mal que le hicieron a los hombres,porque no les da bola nadie y se tienen que guardar todo el ego. Es mas atractivo el hombre cuando se vuelve viejo que la mujer,cientificamente comprobado.
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