El amor adolescente y la identidad, en una novela premiada

Estela Pérez Lugones presenta una fábula de amor de aristas espinosas con la que ganó el Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2016.

La búsqueda del origen, la identidad negada, la independencia para concebir un hijo, para ser padre más allá de la biología, los modos de acercarse a la verdad, las formas que adquiere el saber, el choque cultural entre originarios y colonos son algunas cuestiones que traen "las voces del bosque", de estela pérez lugones, cuento ganador del premio sigmar de literatura infantil y juvenil 2016.

En esta narración ilustrada por Celeste Berlier, parte de la colección Telaraña del sello Sigmar, Pérez Lugones da forma a una una historia de profundidad singular, capaz de traer la voz de una cultura ancestral y suerte de culebrón vertiginoso que transcurre en tierra sagrada mapuche, al norte de la Patagonia, recostado sobre las laderas de sus Andes y muy cerca de Villa La Angostura.

Allí dos niños, Leftraru (Halcón veloz), de 13 años, y Patricia Kane, de 12, se perderán a sí mismos -ambos tienen cosas que escuchar sobre su origen que no les gustan: él no es del todo mapuche, ella no es del todo Kane-, se encontrarán en la montaña, escaparán de sus mayores y se reencontrarán con ellos y todo lo que su identidad significa al momento de aceptar ese cruce de vidas y culturas que son.

Una atmósfera fabulosa envuelve esta historia difícil, de búsqueda y aprendizaje: "Bajo el cuidado de un puma de tu propia sangre, descubrirás tu origen, pequeño halcón", susurran las voces del 'lemú' (bosque) en una letanía al joven Leftraru, criado por su abuela Mailén con el nombre del temido cacique al que los españoles llamaron Lautaro.

Nacida en la localidad bonaerense de Junín en 1965 y formada en Ciencias de la Comunicación, Pérez Lugones colaboró en diario Popular y trabajó en Crónica TV, y se acercó al mundo literario como una forma de contrarrestar "el acelere fatal" del periodismo "que no da tiempo de elaboración", como dice a Télam la autora.

Tenía ya algunos cuentos escritos cuando se enteró del premio Sigmar en 2013 y presentó "Rompecabezas", el cual resultó finalista, y este año ganó con "Las voces del bosque" el galardón dotado de 40.000 pesos, el más destacado del género en el país.

-Télam: ¿Cómo surgió esta historia?

-Pérez Lugones: De muchos viajes que hice a Bariloche, Villa La Angostura y Valle del Challhuaco, la asocio a los nativos entre comillas, a la gente humilde que nadie cuida. Se cuela mi experiencia como periodista, no pude dejar de recordar el caso Carrasco, en 1994, por ejemplo, la historia de ese soldadito con cuyo asesinato en Zapala, Neuquén, terminó el servicio militar obligatorio en la Argentina. Además, hay algo de mi infancia: mi padre era muy lector, éramos varios hermanos y todas las noches tenía por costumbre leernos un cuento, pero además lo teatralizaba, así que en lugar de dormirnos nos despertaba más. No era efectivo, pero fue un gran promotor de lectura y hay algo de la estructura del cuento que me quedó impregnada.

-T: El cuento aborda otras formas de saber y de aprendizaje.

-P.L: Esa zona que visité tantas veces tiene una gran colonia mapuche y me llamó las atención el conocimiento que tienen de la tierra, tan distinto al nuestro, ancestral y respetuoso; saben escucharla y eso influenció esta historia. Me impactó esa manera de adquirir conocimiento menos invasiva que es la cultura del baqueano, no académica ni ortodoxa. Saben algo que nosotros no y mantienen un equilibrio, como si preservaran el ambiente y la fauna pero fueran ellos mismos una especie en extinción, como parte de esos mismo fenómenos de desplazamiento y dominación que hicieron que los mapuches se impongan a los tehuelches.

-T: La fecundación 'in vitro' (una madre, un padre adoptivo y un padre biológico que existe en un banco de esperma europeo) es alguno de los temas poco frecuentes que toca la historia.

-P.L: Se trata de cuestiones que ocurren en nuestra actualidad y que la literatura infantil debe tratar: ese papá que no podía concebir y que ahora está separado de la madre de su hija cuenta cómo buscó a esa niña, cuánto la deseó y cómo la amó desde que creció en la panza de su madre. Estas cuestiones tienen que formar parte de las lecturas de nuestros niños, si las evitamos, en esta época de hiperconexión tecnológica, después viene el noticiero y toda esa protección que buscábamos se va al diablo. Siento que es preferible, igual que le ocurre a Eduardo Kane, el padre de Patricia en el cuento, tratar los temas uno mismo con su hijos, para cuidarlos de formas violentas de enterarse de ciertas cosas, de conocer.

-T: La negación y búsqueda de la identidad es central aquí.

-P.L: Sí, y cambiar el nombre es un aplastamiento cultural fuerte, la negación de la identidad, como le ocurre en la escuela a Leftraru, uno de los protagonistas, a quien la maestra llama Lautraro por no molestarse en aprender a pronunciar su nombre, "Halcón veloz" en lengua mapudungun, tal como ocurrió con el cacique mapuche y los españoles. Mi idea fue contar la foto de lo que había observado en esos viajes. Hay gente que no te dice 'soy mapuche' pero ves sus caras y adivinás su origen, ese saber que no es valorado desde esa mirada tan eurocentrista, porque no se enseña en ninguna universidad, que tiende a aplastar la cultura no científica y no académica. Aquí no hay buenos ni malos, es una historia de grises, los mapuches son el pueblo sometido por el español pero a su vez el que sometió a los tehuelches, cada personaje tiene su humanidad, sus aciertos y rigideces. Además es una historia iniciática, de búsqueda. La adolescencia es bella y divertida pero también es espantosa, es el momento más filosófico de la vida y muchas veces los mayores no ayudamos, no entendemos el grado de dilema existencial. A veces nos queda demasiado lejos, es una forma de apartarnos de nuestro propio dolor, pero para atravesarlo están esos jóvenes que se encuentran y crecen.

"En medio del lago. A bordo de una nave. O mejor, de una carroza. Tal vez sobre una hoja grande. Desplazados por los vientos helados del fin del mundo. Así parecían viajar Leftratu y Patricia en el bote. Se veían irreales. Perfectos. El agua los rodeaba, curiosa y expectante. Las palabras, mudas, brotaban con naturalidad entre los dos (...) Una cápsula, eso era. No. Mejor una burbuja transparente, envolvente, poderosa. De ellos y de nadie más", escribe la autora en este cuento que también es de amor.

Télam. 

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5 de Diciembre de 2016|13:18
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