Reseña: "Los que volvieron", de Márgara Averbach

Basada en una historia real, la novela de la autora santafesina pondera a la juventud como actor importante en el redescubrimiento de nuestra identidad nacional.

Los que volvieron

(Sudamericana Joven), de la escritora santafesina Márgara Averbach, es una novela juvenil que se inspira en un episodio real para narrar, desde la ficción, la oscuridad que envolvió a un periodo trágico de nuestra historia y el compromiso del presente para llevar luz a esa profunda negritud.

Los que volvieron libro

Se trata de una adaptación libre de los sucesos ocurridos en 2003 en el pueblo santafesino de Melincué, donde un grupo de estudiantes encabezó una investigación que permitió identificar los cuerpos de Yves Domergue y Cristina Cialceta, enterrados como NN el 29 de septiembre de 1976 tras ser asesinados y encontrados por un campesino en los alrededores de la localidad.

La novela cuenta el tramado de una investigación que deben realizar cinco chicos de la escuela secundaria del pequeño pueblo de Los Baguales para un trabajo final de Historia. Uno de ellos, la introvertida y ‘extraña’ Ju, propone investigar sobre las dos tumbas NN que están en el cementerio local, luego de narrarles a sus compañeros una increíble experiencia que tuvo en la biblioteca. Con algunas dudas, inquietudes y no poca curiosidad, el grupo se embarca en una labor detectivesca que no está exenta de temores, peleas y replanteamientos, que dejarán marcados a los adolescentes para siempre.

Averbach utiliza magistralmente distintas voces de varios protagonistas para combinarlas y conseguir una narrativa fluida y compacta, entreverando diálogos simples con razonamientos poéticos e incluso de matiz filosófica que enriquecen el lenguaje de la novela. Con ellos, la autora interpreta los sentimientos de las almas que sufren por la violencia y cómo el presente sigue siendo clave para entender nuestro pasado.

Entrevista con la autora

- "Los que volvieron" es una versión libre de los asesinatos y desapariciones de Yves Domergue y Cristina Cialceta en Santa Fe en 1976. ¿Qué motivos le acercaron e inspiraron para tomar esta historia y transformarla en una novela juvenil?

- Como profesora de Literatura de los EEUU, sé que una de las tantas divisiones entre escritores es la que los divide entre aquellos que escriben sobre puntos de partida que provienen de otros libros y aquellos que escriben sobre lo que ven a su alrededor, en el mundo. Yo saco mucho de los libros pero lo que saco de ellos siempre está a nivel de los recursos literarios. En cambio, para el "tema" o la "historia", me interesa el mundo, la vida. Y leo mucho los diarios, como también escucho radio todo el día, excepto cuando doy clase o estoy concentrada en algo en particular.

Cuando escuché y leí la historia de Melincué, me dije que esa era una historia de la secundaria, una historia que me llamaba. Pero no era mi historia, no es algo que yo haya visto como testigo. Y yo me conozco: no me interesa la novela "histórica" en el sentido de escribir algo que ya está contado por los hechos. Yo sabía que, si me metía a escribir eso, iba a cambiar mucho las cosas, convertir todo en algo diferente en los detalles, empezando por el lugar: no quiero un pueblo real, quiero uno que yo pueda manipular, cambiar. Por eso, Los Baguales y no Melincué. Yo necesito controlar las cosas así. No tener que ceñirme a nombres de calles que no conozco. Solamente uso ambientaciones "reales" si son lugares en los que yo viví. Buenos Aires como ciudad, Lomas de Zamora, no sé.

Así que fui a hablar con Eric Domergue, el hermano del desaparecido, y le dije que me interesaba la historia pero que si la escribía, no iba a ser su historia en realidad, no iba a ser su hermano ni esa profesora de historia ni ese pueblo en particular. Que yo iba a reinventar a todos los personajes. Le pregunté si eso le molestaba. Eso fue antes de escribirla. Si él me decía que le molestaba, yo iba a abandonar la idea. Pero él me dijo que él iba a escribir el libro sobre la historia "real" (y lo hizo, el libro es hermoso y documental, lleno de fotos, y está en Colihue). Me dijo que para él la historia era pública, era del país en general, de todos, también mía. Así que me senté y la escribí. Y lo primero que supe fue que iba a hacer "una de fantasmas", para devolverles la voz a esos dos personajes.

- Si bien los cinco estudiantes de Los Baguales son los protagonistas principales, Ju y la narradora se destacan sobre el resto, quienes a su vez son tan distintas pero comparten muchas cosas entre sí. ¿Qué valores se rescatan de este grupo tan heterogéneo pero suficientemente compacto?

- No sé si yo pienso con la palabra "valores", creo que no. Esa palabra suele estar muy relacionada con ideas de tipo institucional, religioso y yo no pertenezco a esas instituciones. Pero sí hay ideas y capacidades que me entusiasman y que comparto y quiero aplaudir cuando escribo.

Quizás la primera sea la capacidad o interés por ver las necesidades del otro, por "ponerse en el lugar de", por salir de uno mismo y comprender al otro. Esa capacidad, creo que la tengo. Es herencia de mis padres. Lo que yo veo en Ju es la capacidad para oír a otro, un otro muy otro en este caso.

La segunda es una capacidad para trabajar en grupo. Esa, no la tengo, nunca la tuve. Me la arruinó mi muy mala experiencia en la escuela secundaria y mi timidez, que era anterior pero que no sufrí hasta ese tiempo. Creo que la secundaria fue un momento muy traumático para mí y soy alguien que no funciona bien en grupo. Pero, tal vez para compensar, siempre escribo historias grupales. No me gusta el individualismo de las historias heroicas, nunca escribiría algo así. Mis cuentos y novelas suelen tener un grupo, no una persona, en el centro. La capacidad para existir en grupo me parece esencial para la supervivencia de la humanidad, en grupo con otros seres humanos y en grupo con la Naturaleza también, como par, no como fuente de recursos y menos como "enemiga" a dominar. El "sálvese quien pueda" que está en el centro de las ideas europeas (llevadas al resto del mundo desde el siglo XVIII) me parece sumamente peligroso.

- La búsqueda de la identidad es uno de los ejes centrales de la historia ¿Cómo fue interpretar a dos personajes que no están físicamente pero que sí están muy presentes en el pueblo y entre los chicos?

- Para eso es que hice los "fantasmas". Me costó porque yo no soy creyente, para nada. No sé cómo se me ocurrió pero justo antes de sentarme a escribir, supe que me serviría la idea de la "novela de fantasmas". Porque quería devolverles la voz a esos personajes y no quería dividir la novela en dos tiempos: el de la búsqueda de las identidades y el del pasado, el de la tragedia de los chicos durante la dictadura cívico militar. Yo no quería eso, pero me parecía terrible que los muertos no tuvieran un rol clave en la historia. Y cuando me senté a escribir (yo siempre digo que escribo a mano y no sé qué voy a decir hasta que no dibujo las palabras con la mano), salió bien.

Pensé que no iba a salirme (por ideología, digamos, porque no siento la existencia de nada después de la muerte), pero salió y salió más o menos bien. Digo, cuando me senté a corregir el libro, pensé que iba a ser malo, que tal vez lo tirara a la basura pero lo leí y lo sentí entero, bien.

- Los adolescentes tienen un rol fundamental en la investigación, y casi único en la mayor parte de la misma. ¿Cree que conocer estos roles podrían permitirle a la juventud conocer más sobre el pasado del país y tomar conciencia del espacio que puede tener en la sociedad?

- Sin duda que ayudaría. Pero este tipo de espacio. No cualquier espacio. No estaría de acuerdo con enseñarles, por ejemplo, que su lugar en la sociedad es el de consumidores, o el de aceptadores de lo que les viene de arriba. Yo soy seguidora de Paulo Freire., que cree que hay que enseñar una conciencia crítica, cuidadosa. Responsable. Adulta. Para mí, lo mejor de esa edad es cuando es una edad dada al otro, entregada. Eso es lo que se transmite. El poder que se puede tener para cambiar algo con esas ideas como base.

Ojalá yo hubiera vivido eso en la secundaria. Pero no, y sin duda, fue el hecho de que yo fuera distinta (por educación familiar, por propia formación, por lecturas) lo que hizo que me llevara muy pero muy mal con muchos de mis compañeros. Creo que la secundaria que muestro en este libro es más bien la que me hubiera gustado tener. Una secundaria que yo quería y que no tuve.

- Comúnmente menciona que sus obras literarias son, en su mayoría, de naturaleza política, y "Los que volvieron" no es la excepción ¿Por qué?

- Hay dos maneras de leer la literatura desde la década de 1970, tal vez un poco antes también pero específicamente ahí: una que cree que la literatura es puramente lenguaje, y que los libros se relacionan solamente consigo mismos, con su propia estructura, sus recursos y con otros libros (a través de "influencias", citas, y todo lo que se define como "intertextualidad"). Hay escritores que escriben sobre esa base. Yo estoy en las antípodas de eso, como profesora y como escritora también. Como crítica literaria, sin duda.

Yo creo que toda literatura, incluso la que da vueltas alrededor del lenguaje, está diciendo algo sobre el mundo fuera de la literatura (para no ponernos difíciles pero sé que está mal usarlo así, digamos el "mundo real", muchas comillas). O sea, toda literatura es política. Y hay literatura que quiere decir cosas sobre el mundo. Pongamos algunos autores que admiro mucho: Toni Morrison, la primera mujer negra Premio Nóbel; todos los autores que estudio de la literatura amerindia estadounidense, Linda Hogan, Louise Erdrich, Leslie Marmon Silko, Simon Ortiz; autores argentinos como Rodolfo Walsh; Roberto Arlt, Rivera; autores como José Saramago y miles de nombres más, claro, pongo los que se me ocurren en este momento solamente. Yo pertenezco (en otro nivel, no me estoy comparando) a ese segundo grupo.

Me interesa escribir sobre lo que pasa en el mundo porque creo que la literatura lo explica y esa explicación es un intento de cambiarlo. Por eso, yo escribo políticamente, tanto cuando tomo una historia como esta, que es una historia de mi país; como cuando escribo sobre la relación entre la humanidad y la Naturaleza, que estamos llevando muy mal, y creo que va a acabar con la especie si no hacemos algo (y sobre eso, son más mis libros fantásticos como Umbrales, Historia de los Cuatro Rumbos, mi saga). Esos son los dos temas que me interesan, uno más político (variado pero la dictadura vuelve cada tanto porque yo la viví y no la olvido, me marcó profundamente) y uno más "ecológico" aunque la palabra no me termina de convencer.

- ¿Piensa que la dinámica de un pueblo pequeño como Los Baguales (y Melincué en el caso real) influye en este tipo de episodios y contribuye a la singularidad de la historia?

- Sin duda. Yo estoy interesada en los pueblos chicos en los que viví de nena, cuando iba en verano a Ambrosetti, Santa Fe, con mis abuelos. En algún lado, me gusta la dinámica de esos lugares. Tengo varios libros que pasan en pueblos chicos: La vuelta a la manzana, El agua quieta (con la que acabo de ganar el ALIJA por novela infantil), Los que volvieron. Y muchas veces los personajes de mis novelas de fantasía viven en pueblos chicos (en Umbrales, en la saga de los Cuatro Rumbos, en Puente).

Vuelvo una y otra vez a ese tipo de lugares donde hay grupo aunque una no quiera que lo haya y donde tanto la soledad como la amistad son más fuertes, más interesantes. La gran ciudad, en la que vivo hace años (aunque nunca me mudé a la Capital, eso no me gustaría, sigo viviendo en el Sur del Conurbano y conozco mucho el lugar, no es un pueblo chico, pero tiene casas y árboles y perros), no me emociona, me sigue asustando aunque me maneje bien en ella.

Nicolás Munilla

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5 de Diciembre de 2016|13:40
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