Lo que aprieta

El rostro resignado del anfitrión se encontraba blanquecino, y su comportamiento en los últimos tiempos, había sufrido una visible transformación.

Lo que en verdad nos espanta y nos desalienta no son los acontecimientos exteriores por sí mismos, sino la manera en que pensamos acerca de ellos. Epicteto de Frigia, 55 – 135 d.C.

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- Tu comportamiento en estos días, ha llamado poderosamente mi atención, ¿acaso la tristeza se ha apoderado de tu alma o te encuentras atravesando alguna desdicha que escapa a mi conocimiento? Procuro ayudarte en lo que pueda, si es que me lo permites, claro ¿En qué piensas? –preguntó el primo de Nicanor, que se encontraba de visita en la casa de éste por unos días.

El rostro resignado del anfitrión se encontraba blanquecino, y su comportamiento en los últimos tiempos, había sufrido una visible transformación. Su pensamiento hallábase marcado por un pesimismo consumado, lo que se veía reflejado en un inconformismo desmedido, y un sentimiento de fatalidad que denotaba falta de confianza en sí mismo y el mundo circundante. Todo esto acaparó la atención de su primo, que se esforzaba por entender qué era lo que pasaba por la mente de éste. Su estado de indefinición lo tenía preocupado.

- ¿Tan evidente es la aflicción en mi rostro? –dijo casi susurrando Nicanor. Su voz quebrantada, daba cuenta del agobio que invadía su interior.

- Con el tiempo, uno se vuelve más receptivo en lo que respecta al sufrimiento del prójimo. Antes, me era indiferente ver a alguien pasándoselo mal, en definitiva, todos venimos a sufrir, era mi pensamiento en aquel entonces. No le daba una cabal importancia a todo ello, pero luego, pude advertir que ese no era el modo correcto de obrar. Desde entonces, procuro tenderle una mano a cualquiera que lo necesite. –sentenció el visitante.

- La realidad es que mi alma se halla desbordada. Hace una semana, recibí la carta de una imponderable amiga, a la que le profeso una gran estima y cariño. En la misiva, me puso al corriente acerca de su actual estado de salud. Es precario, y el pronóstico no es nada favorable. Estoy expectante entre estas cuatro paredes, las cuales se me presentan como muros infranqueables, que me arrinconan sin reparo. Por las noches, no alcanzo a cerrar los ojos, que ya estoy pensando en el destino aciago y desafortunado que le toca vivir a mi querida amiga. Por otra parte, me encuentro experimentando un profundo sentimiento de culpa, casi irrefrenable, al saber que nada puedo hacer para apaciguar su espíritu, que debe hallarse deshecho. –alcanzó a expresar Nicanor, que se sentía languidecer.

- No existe mayor dolor o tristeza, que la que se experimenta al saber que lo inevitable, está pronto a suceder. Todas aquellas palabras que pretenden hacer de bálsamo, se tornan obsoletas. También me he visto obnubilado por las sombras de la muerte y de la culpa, cuando uno de mis mejores amigos pereció, tras un accidente que casi le cuesta la vida. Al momento de su operación, su esposa se encontraba concibiendo a la primer mujercita de la estirpe. Imagínate la situación. En aquel entonces, mi cabeza estaba al límite del colapso, era cuestión de tiempo para que estallara mi cerebro con todo lo que en él había. La situación se agravaba por el hecho de que el neonato, era producto de una infidelidad. Sí, cometí el peor de los pecados, el de engañar a un amigo a sus espaldas, y hacer como si nada ocurriera frente a sus narices. La culpa y el estado de convalecencia en el que se encontraba éste, hicieron que me apartara de su lado. No soporté el engaño, el teatro fingido al proclamarme su amigo, por lo que decidí distanciarme. –dijo casi como una confesión el primo de Nicanor. Su expresión al contar todo lo sucedido, era la de un hombre sumamente arrepentido.

- Una situación difícil de encarar, y más aún, cuando existe una amistad fraternal de por medio que une a ambas personas. Ésta, nos salva de todo aquello que nos incita a dar el brazo a torcer, al igual que el amor y el perdón, eso es lo que pienso. Pero en mi caso, las cosas se dan de otra manera. La culpa que me carcome pertenece a otro género, se trata de una culpa fortuita, que emergió súbitamente, y con la que me veo obligado a lidiar de cualquier modo, aun sin consentir en ello. Saber que mi amiga agoniza en su lecho, y que la invade el miedo a morir, mientras yo estoy aquí, acariciando sus manos y mejillas sólo en pensamientos, es lo que me hace convalecer, pero sin tener enfermedad alguna que me obligue a ello. Quisiera que todo esto acabase lo más pronto posible, además, ya me encuentro algo viejo como para hacerle frente a este tipo de cosas, y bastante cansado, por no decir muerto. –dijo conmovido Nicanor. Por dentro, sentía lástima de sí mismo, lo que le producía un sentimiento ambivalente de placer y desagrado.

- Te comprendo, aun cuando pienses todo lo contrario. Aunque no lo parezca, los años también han hecho eco en mí. No eres el único afectado por el paso del tiempo, éste también ha devorado mis días. Pero hay algo que no logro atisbar del todo, ¿por qué invalidarse uno mismo escudándose bajo el falaz argumento de que el mundo ya no es el mismo y que ya no se cuenta con la necesaria fuerza de espíritu para contrarrestar todo ello? A mi modo de ver, aún te encuentras a tiempo de hacer algo para cambiar tal estado de cosas. Que la resignación no se convierta en el estandarte que procura guiar tus pensamientos; en lo fáctico, no aparece más que como un impedimento al momento de tener que obrar. Uno debe desligarse de todo lo que le conduzca a permanecer en un estado de quietud, a la manera de un hombre que se ha abandonado por completo. Dicho esto, no es sino, cuando tomamos verdadera conciencia de todo aquello que nos está ocasionando malestar, que nos encontramos más dispuestos a resarcirnos a nosotros mismos, por todo el perjuicio que le hemos ocasionado a nuestra alma. –el primo de Nicanor parecía convencido de todo ello, y en vano esperaba a que el otro le respondiese.

- ¿Te encuentras bien? –atinó a preguntarle a Nicanor, viendo que éste se hallaba en completo silencio.

- Disculpa, debo salir de aquí cuanto antes. Debo consolar a una amiga. –dijo con voz trémula Nicanor, y salió. 


Opiniones (1)
7 de Diciembre de 2016|15:24
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7 de Diciembre de 2016|15:24
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  1. Me encantan que publiquen cuentos de autores Mendocinos, como este. Muy lindo cuento. Muy buena idea !
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