De música ligera

Adrian Monetti nos deja un espectacular relato musicalizado párrafo a párrafo. Para leer con los parlantes al palo.

 “Sin música la vida sería un error”

Friedrich Nietzsche

Me levanto temprano, como todos los días. Una mañana gélida, hermosa. Todo está a punto de quebrarse en millones de pedacitos de hielo. Buen día día le digo al azul de afuera que muerde la ventana cómo una bestia tras barrotes.

Miro el reloj de la cocina, tengo el tiempo justo, pero no me gusta salir sin tomarme un par de mates al menos, tengo tiempo para el tiempo y un rato más.

Dormí poco, muy poco- diosinsomniolasceraojos; siguiendo la luna no llegaré lejos. El agua dentro se resiste a calentarse. Una cucaracha madrugadora mueve la pelvis.

Queda poca yerba, la suficiente. Pienso en comprar a la vuelta...pero ¿y si me pasa algo?¿si no vuelvo?...Vive sólo hoy, sólo el momento que transcurre... disfrutalo- me digo mientras el pico de la pava se llena de vapor creando una nebulosa como la de los confines del Universo.

El mate sale espumoso y perfecto como el 1.61803. El jardín se repliega bajo el frío, temprano el durazno del árbol cayó, y muere congelado ante las lágrimas de las piedras.

La gente camina a sus trabajos recortados por la ventana, agobiados por las boletas de canibalservicios y se preguntan adónde se fueron sus sueños...adónde está la libertad.

Y una nube me hace pensar en el derrotero de sus ojos y en la belleza que no será mía. Esas mañanas que angustian, como si el cielo fuese un vidrio, no voy a dejar ni un camino sin andar

en este laberinto sin paredes, siempre mirando sobre mis hombros por si veo alguno de eso Minotauros que pululan por ahí, soy un poco paranoico.

El mate se deja tomar, el tiempo pasa, sinceramente no me importa. No quiero apurarme, me duelen los huesos, el futuro ya llegó.

Segundo mate. Sé me hizo la tarde, la figura alejándose en el recuerdo no me deja partir. Enciendo un cigarrillo, y en la ensoñación del humo veo su forma compleja e inaccesible, su silueta viaja sin pagar, el viejo truco da andar por la sombras.

En el colectivo encuentro un lugar vacío y me siento, tengo esa suerte, no cómo los que estaban detrás de mí que tienen que sufrir el vaivén insano de la marcha del micro. Me pongo los auriculares y miro la play list...El cursor amarillo se desliza sobre el plasma celeste....un click y

ahí desperté queriendo soñarla.

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22 de agosto de 2017 | 01:31
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