Tinder, Arístides y sexo

Una lectora nos deja un relato hot, bizarro y divertido. No todo siempre termina tan mal.

 Todo comenzó una típica tarde calurosa en Mendoza, sin nada que hacer, cansada del estudio y necesitando diversión. Ya había escuchado opiniones sobre esta aplicación y vi algunas notas en el noticiero, a lo que dije ¿Por qué no probar? Entonces me decidí, me baje Tinder. La famosa aplicación del sexo loco y aventurero al alcance de un “like”

Dicho y hecho, me puse en marcha de buscar mis mejores fotos, empecé a likear algunos flacos, recibí buenas propuestas hasta que una en especial me llamo la atención, apareció este chico, este famoso chico, del que se trata toda esta historia.

Su perfil decía obviamente su nombre, su edad (25 años) y un total de 4 fotos, en las que se lo veía con gran contextura ósea, ojos claros, barba, linda presencia. Cuestión que me habló, iniciamos una interesante conversación, divertida, hablando de lo que estudiaba cada uno, nuestros gustos y disgustos, planes a futuro, hasta que hizo la movida y me pidió mi numero para hablar por whatsapp.

Estuvimos hablando durante tres días hasta que arreglamos en vernos el sábado, ya que viernes yo no podía, íbamos a hacerlo sencillo y barato, garchar en el parque San Martín con una frazada y un Fernet. Hasta el jueves iba todo perfecto, resulta me habla esa noche comentándome que su madre al otro día (viernes) se iba de viaje y le dejaba la casa sola, el tema es que yo esa misma noche había arreglado con una amiga de ir a calle Arístides a comer algo. Mi cerebro y yo no tuvimos mejor idea que invitarlo a comer con nosotras dos, de paso yo me fijaba si no era un loco psicótico asesino serial.

Llega el viernes, días previos a la vendimia, por lo tanto esa noche estaba el Carrusel y la Vía Blanca (carros decorados con chicas en vestidos, recorriendo calles populares y gente a los costados recibiendo los caramelos que estas especímenes le tiran) es decir, un montón de personas en las calles. Mi amiga y yo logramos llegar a Arístides. Decidimos cenar en Zitto, algo tranquilo. En ese momento le cuento que iba a venir este muchacho en cuestión a comer con nosotras, ella ocultando la cara de enojo y desagrado me dice que no había problema, pero ¿Quién era? A lo que tuve que confesarle como lo había conocido.

Nos sentamos a cenar, él me decía que estaba atrasado porque venía en micro que si por favor lo podíamos esperar y pedirle la mitad de una pizza tropical. Yo estaba nerviosa y a la expectativa. Llega, entra al local, por fin nos vemos cara a cara, que decepción muchachos, no era ni un cuarto a lo que aparecía en las fotos, lo peor de todo es que el flaco no intento remontarla siendo educado, no, se comportó cual cavernícola con un mes de hambre. Se sentó al lado mío y sin decir ¿Cómo andan? Agarro con la mano una porción de pizza y se la mando como piquetero al bombo. La noche transcurría y el sentado al lado mío me tocaba, yo con cara de poker tratando de remontar una conversación entre nosotros tres. Él hablaba hasta por los codos, y no necesariamente cosas inteligentes, hasta que en un momento me dice al oído: “che por cierto, mi edad de Tinder está mal, tengo 19 años” ¡cartón lleno! Con razón no tenía ni dos dedos de frente.

La cena no fue larga, por la cara de mi amiga note que quería irse lo más lejos posible de nosotros. Llega el momento de pagar la cuenta y él no atinó a sacar la billetera, por lo que nosotras dos la pagamos. Salimos del local y llovía, pero no llovía tranquilamente, era un diluvio, gente refugiándose en techos, la calle parecía el río Paraná, por lo que obviamente no había taxis disponibles. Así que estuvimos una hora y media clavadas en el lugar esperando a que cesara la lluvia infernal. Cuando por fin podíamos caminar sin mojarnos, fuimos a la esquina a buscar taxis o en definitiva algún micro que nos pudiese llevar, a lo que mi curiosidad pregunta ¿dónde vivís? su respuesta fue “Las Heras city” mi corazón empezó a palpitar del miedo, no por él, sino por donde estaba metiendo mi fino trasero.

Volvió a lloviznar un poco, entonces nos refugiamos bajo el techo de una parada de micro, él, mi amiga y yo. Hablando de la vida y tratando de sobre llevar el frío, en eso el muchacho me pide meter su mano en el bolsillo delantero del pantalón para tocarle su pene mientras que con su mano me tocaba la entre pierna, osea ¿en serio? Este nene con las hormonas revolucionadas no podía contenerse media hora a buscar un vehículo que ya quería tocar la mercancía. Se hicieron las tres de la mañana y encontramos dos taxis, despedimos a mi amiga y nosotros nos subimos a otro, obviamente ambos sentados atrás, no aguanto sus ganas que ni bien nos subimos me desabrocho el pantalón y me metió sus dedos, no voy a decir que me disgusto, al contrario, esto de tener que poner cara de nada al chofer y ocultar la excitación fue muy interesante.

Por fin llegamos a su casa, le paga el al chofer (yo no pensaba seguir poniendo plata) y nos bajamos, linda casa, entro y me lleva hasta el pasillo de las habitaciones a lo que grita “abuelo llegué” mi cara de “¡que carajos está pasando acá!” y su acotación, “tranquila esta medio sordo”. Osea, tenía que cogerme a un pendejo hormonal revolucionado de 19 años en Las Heras y con su abuelo en la habitación de al lado, era mucho, así que no aguante mi enojo e inmediatamente me saque la ropa y le dije “cogeme con ganas” necesitaba sacarme esa bronca acumulada.

Oh sorpresa... el nene tenía un miembro importante, me garchó como nunca, me dejo agotada y satisfecha, acabamos ambos, llegamos al climax, lo hicimos dos veces esa noche y nos pusimos a dormir. Mi despertador sonaba a las 8.45 tenía una hora y media para dormir.

Sale el sol en el bello, alejado, tétrico e interesante departamento de Las Heras y mi celular suena, se despierta junto a mí y atinamos a un mañanero. En fin, este muchacho no sé de donde sacaba energía porque me estaba dando como nunca en mi vida, en una de esas me pone en cuatro y comienza a darme duro, yo atino en gritar de pasión, no pasan ni dos segundos que me tapa la boca y me dice “cállate que mi abuelo va a entrar y te va a ver” la excitación que había logrado se pinchó cual ilusión de Scioli en las elecciones. No pasaron ni dos minutos que nos vestimos, me hizo salir por la parte del garaje y me acompaño a la parada del micro. No supe más del Mariano, llegue a mi casa ese día, dormí y ya estaba lista para seguir con mi rutinaria vida.

En conclusión, Tinder me lleno el culo de anécdotas, literal...

Escrito por Calypso para la sección:

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21 de agosto de 2017 | 23:13
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21 de agosto de 2017 | 23:13
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