Descubrir las facetas de Charles Darwin

Una biografía del célebre naturalista, escrita por Jean-Nöel Mouret, invita a conocer a un hombre tranquilo con espíritu revolucionario

Charles Darwin (1809-1882) es, sin lugar a duda, una de las grandes figuras científicas de los últimos siglos. El naturalista revolucionó a todos en plena época victoriana con su ensayo El origen de las especies (1859), que marcó un nuevo camino en el estudio de las ciencias naturales con el concepto de "evolución". Su impronta sigue siendo trascendental al día de hoy, y si bien es reconocido, principalmente, por su teoría evolucionista del proceso de selección natural, Darwin también fue un hombre con una vida no exenta de inconvenientes, turbulencias, felicidades, tristezas y contradicciones, en la cual la familia y los amigos tuvieron una importancia significativa en su faceta laboral y su costado personal.

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La más reciente biografía de Darwin, redactada por el escritor francés Jean-Nöel Mouret en 2014 y recientemente editada en español por Editorial El Ateneo, bajo la traducción de Claudia Lipovesky, narra los sucesos que marcaron la vida del célebre naturalista, quien en su niñez y adolescente fue considerado por sus maestros como "poco curante", cuyo significado es "poco atento" o "distraído", dado que ya manifestaba un interés prematuro por el estudio de la historia natural, la experimentación química y la caza, consideradas actividades "insignificantes".

Su viaje de casi cinco años a bordo del Beagle por buena parte del mundo (27 de diciembre de 1831- 2 de octubre de 1836), junto al excéntrico capitán Fitz Roy, será determinante en la vida de Charles. Mouret dedica un generoso capítulo a esta aventura, y destaca los pasos de Darwin en el Cono Sur sudamericano, donde el científico pasó más tiempo explayándose en sus investigaciones. En el caso de la Argentina, lo que nos dejó Darwin fue su impresión del país, que comenzaba a sentir los poderes del rosismo: un extenso "desierto" cuyo "silencio de muerte que reina en la planicie, mientras los perros montan guardia y los gauchos se disponen a pasar la noche alrededor del fuego, dejó en mi alma una impresión que no se borrará jamás".

Las referencias a Mendoza de Darwin que Mouret rescata en la biografía son pequeñas pero contundentes: "[...] Después de una etapa en las cercanías de la ciudad de Luján (de Cuyo), (Darwin) tomó conocimiento de dos plagas hasta entonces evitadas: las langostas [...] y la vinchuca, el enorme insecto de la pampa". El contacto con este último insecto pudo haberle causado la enfermedad del Mal de Chagas, dicen algunas especulaciones, ya que, en su regreso a Chile por el actual Corredor Bioceánico, "no estuvo muy bien" ni "disfrutó"del paisaje.

Si bien el autor se explaya más en las etapas previas a la publicación de El origen de las especies, como sus descubrimientos en las islas Galápagos, la elaboración de su obra cumbre junto con el armado de otros trabajos "menores", el también descubrimiento de una vida social activa en Londres y el matrimonio con su prima Emma Wedgwood, del cual tendrá nueve hijos, no deja de lado el impacto que causó su nueva teoría en los círculos científicos de la época, teniendo Darwin que lidiar no solo con los ‘conservadores creacionistas’ que defendían la intervención de Dios en la naturaleza, sino con aquellos intelectuales que se "apropiaron" de su trabajo para explicar otros abordajes políticos y sociales, como Karl Marx, a quien Darwin no le tuvo mucha estima.

Más allá de estas facetas profesionales de Darwin, Mouret nos muestra a un señor Charles que se preocupaba en demasía por su salud, hasta el punto de volverse hipocondríaco y carne fresca para escrupulosos; que también sentía un profundo cariño por sus amigos, esposa e hijos, a pesar de una severa avaricia, y prefería la compañía de sus allegados en la intimidad de su residencia en los suburbios a tener que lidiar con las grandes fiestas londinenses, las que detestaba; un hombre que simplemente quería disfrutar de su trabajo, del contacto con la naturaleza y la tranquilidad de una buena vida, como cualquier respetable señor burgués. Ese era Darwin: un hombre de dos facetas, la revolucionaria, que quería demostrarle al mundo su otra visión sobre lo natural, y la sosegada, que buscaba una existencia más acorde a sus ideas de la existencia plena.

Nicolás Munilla

Opiniones (3)
10 de Diciembre de 2016|01:59
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10 de Diciembre de 2016|01:59
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  1. Dios no creó nada, no existe ni una sola prueba, y usar la biblia es tremendamente contradictorio.
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  2. y? que tiene que ver lo que dice Abralin con la nota
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  3. Sin embargo... "En el principio creo Dios los cielos y la Tierra" (Génesis 1:1).
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