La negación de la gordura

Cuando estas gordo, rechoncho o pachoncito y no lo queres asumir.

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Resulta que después de una temporada de juntadas a comer y de clavarle el diente a todo lo que se te cruza por delante, lo que está en la heladera, lo que no se te cruzó pero fuiste a comprar, o pediste por delivery te pasa factura.

Te levantás una mañana feliz, cantando “I’ts a biutiful daaaaay tu let it get aguaaai” de U2 porque sos re banana pero tenés ni media idea de la pronunciación y se te ocurre la brillante idea de pesarte. ¿Quién no tiene uno de esos elementos de tortura caseros del siglo XXI comúnmente llamados balanza o también conocidos como “¡noooooooooooo, me quiero matar!”?

Te sacas todo, hasta los calzones o calzoncillos, para rebajar aunque sea unos cuantos gramos. Te querés convencer de que debés estar reteniendo líquido, un embalse más o menos, pero muy en el fondo, de ese estomago que te cuesta llenar tanto, sabes que retuviste comida muy seguido.

Entonces cual último minuto de tu vida pasan por tu cabeza todos los atracones que te diste, las picoteadas fuera de horario, los antojos de la panza sin bebé que te está creciendo y continuas con el proceso de negación.

Arrancás desmitificando el asado, si al final ¿es carne magra?, no tiene demasiadas calorías. Por supuesto que no, pero la 3 cervezas, los 2 fernet, mayonesa, salamito con pan casero y todo lo demás que te clavaste en el ínterin si tienen y muchas.

Te victimizas pensando que no podés dejar de juntarte con tus amigos ¿Qué hago mientras los demás morfan? ¿Mordisqueo una lechuga? ¿Me clavo una zanahoria? Eso no sonó del todo bien. El punto es que te das una noche de amnistía más y le entrás de nuevo.

Te probás la ropa más viejita que tenés y la realidad vuelve otra vez, pero en forma de (no iba a decir fichas fanáticos de Milhouse) espejo. El pullover clarito que tanto te gusta deja entrever una figura michelinesca de fondo. Redondeces que no estaban empiezan a aparecer en lugares incómodos.

Porque es así, nunca te van a engordar las tetas y el culo, bueno a ustedes muchachos, a veces, si les engordan las tetas, y es triste. Engordas en forma de círculo cagado a trompadas, como fotógrafo descuidado se te caen los rollos. En ellos la panza cervecera parece un embarazo no deseado.

Salís preocupado nuevamente, pero recaes en la negación porque “el pantalón se me cae”, no mis queridos, el pantalón no se cae, quiere huir porque va a reventar, los rollos se te están saliendo y hacen presión gravitacional para abajo, el pantalón pierde la batalla y cede. Si viviéramos en Marte esto no pasa.

Pegás una nueva embestida queriendo hacer dieta, tratas de no llenar la heladera de pelotudeces, comprar fruta y tomar mucha agua. Estas absolutamente convencido de que le vas a aflojar a los postres, pero los postres no te quieren dejar, en esta relación sos inocente, no sos vos son ellos.

Vos estas ahí con tus tres galletas de agua y un té, viene la media tarde y algún forro de la vida quiere merendar facturas. Invocas a todos los dioses para que te den fuerzas, hasta a los antiguos y nuevos (para los fans de Game of Thrones). Pero no, el olor dulce del almíbar que el forro del panadero les puso arriba te está taladrando la nariz, y te comes una.

Cuándo querés acordar, cual noche de borrachera, te bajaste media docena sin darte cuenta. Ya es tarde, la cagaste, ese día está perdido y seguís comiendo.

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No fue tu culpa, ya pasó, ahora hay que poner los ojos en el futuro. Buscas un horario en el gimnasio, te haces un rato para salir a caminar, o la actividad física que te guste y calme tu conciencia. Más decidido que nunca, lo cumplís a rajatabla, toda una completa…semana.

Satisfecho con el esfuerzo realizado, volvés a pesarte y ¡la re puta madre dos kilos más!, sentís que todo ese sacrificio fue en vano. Ese fiambre al que le perdonaste la vida no valió la pena, el partido que no viste con tus amigos con picada y cerveza fue al pedo,que correr en vez de quedarte a disfrutar del sillón fue en vano.

Ante el abatimiento del fracaso te quedan dos caminos, negar y renegar que fue tu culpa, mandar todo a la mierda, y apelar a tu belleza interior. O que los demás te chupen el producto de la gallina, disfrutar de lo que te de la regalada gana, y sobre todo ponerte media pila no ser tan pajero, dejar de pensar en solo adelgazar y acordarte que “cuídate, querete…ojito, ojete”, por vos no por los demás.

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Por último y como siempre, hago un llamado a la solidaridad: Necesito hogar o tránsito para una balanza en situación de calle, pesa 8 kilos de más y dice que no es su culpa.

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12 de diciembre de 2017 | 07:27
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12 de diciembre de 2017 | 07:27
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