Su faro, mi faro

"Si no fuese porque eres el único hombre que se abstiene en querer comprenderme, me las arreglaría para sanar por mi cuenta, pero sucede todo lo contrario".

¡Cómo sufro! Mi alma es un trozo amorfo, blanquecino y lloroso… ¡Me rebelo! Contemplo mi habitación y me rebelo y tengo miedo. ¡Miedo de mí! ¡Miedo de mí! Me hablo suavemente. Siento que la vida (¡mi vida, óyelo, mi vida!) se va. Diarios. Alejandra Pizarnik.

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Al que me sabe leer y amar, o amar y leer

No andaré con rodeos, estoy en aprietos. Sé que tus prioridades son otras, incluso, me consta que la última vez que nos vimos, acordamos que el uno no buscaría al otro y viceversa. Pero aquí me tienes, abusando como siempre de tu bondad sin límites. Sino fuese porque eres el único hombre que se abstiene en querer comprenderme, y sabe cómo reconstruir mi alma; me las arreglaría para sanar por mi cuenta, pero sucede todo lo contrario. Mi dilema existencial, dista de parecerse al tuyo, sin embargo, creo que se tocan en algún punto. Tú problema –estarás de acuerdo en convenir de que se trata de un problema- es que te cohíbe el miedo a la incertidumbre, nunca te ha permitido avanzar, y las pocas veces en que lo has hecho, ha sido con una evidenciable cuota de desgarramiento interno de por medio. ¿De dónde proviene ese miedo? ¿Por qué no te divorcias de él de una vez y para siempre? ¡Reconcíliate con la vida! ¡Eres lo que eres y podrías escalar más alto aun! Debes proponértelo. No, con eso sólo no bastaría. Una vez que te lo propongas fehacientemente, debes aunar todas tus fuerzas –yo sé que las tienes- y tomar las riendas del asunto: tu vida. ¿A quién crees que beneficiará todo esto? ¿A esta mujer que te escribe y continúa creyendo ciegamente en ti y lo seguirá haciendo hasta el hartazgo? ¿A los que te palmean la espalda calurosamente mientras te prodigan fingidas reverencias y que por otro lado se complacen en humillarte cuando estás ausente? ¿A la masa creciente que se encuentra congregada allí afuera en las penumbras de este mundo hostil y putrefacto? No, nadie se verá más beneficiado en este asunto más que tú. Pero para ello, no debes vacilar, sino, te verás irremediablemente perdido. Lo digo en serio.

No seas un hombre inconcluso, el mundo está atestado de estos, se los puede identificar en cualquier rincón del globo, ya sea al levantar una piedra inerte en la acera, o al asomar la cabeza por la ventana para fisgonear cuanto acontece afuera, próximo a uno, o a varias leguas de distancia. Pero tú no, tú has venido al mundo con otro propósito, más excelso y privativo de tu persona. Incluso alguien con pocas luces lo notaría. Debes armarte de valor y lanzarte al sinsentido de las cosas, cual león que coge a su presa, sino, cuál sería el motivo de tu venida al mundo. Si la causa de todos tus tormentos se debiera a las dudas que te asaltan respecto a todo lo que pudiera hallarse al final, no me alarmaría, sin embargo, lo que sucede es que te escudas -como la mayoría de las veces- en la idea de fracaso inminente, por lo que el proceso en sí, se ve interferido en todos los aspectos. En fin, hazme caso, y no dejes que los momentos se escabullan de tus manos. No te eches para atrás, para eso estoy yo.

Soy un bolso lleno de fracasos, y aún sobra espacio para más. Mi sueño de obtener un cargo en la editorial de la que ya te hube hablado hace un tiempo, se vio frustrado. Una vez más, me arrollaron a la calle -en sentido figurativo claro está- con vil desprecio. Ni se inmutaron al darme la negativa –tampoco es que se vean obligados a obrar de otra manera pero soy más sensible de lo que piensas- , y como si esto no fuera suficiente, hicieron la vista gorda y se apropiaron del material que generosamente les hube entregado. Creí que tenía algo de talento entre mis manos, sino, para qué tomarme la molestia, me hubiese quedado en casa soñando. ¿Tú que piensas? ¿Lo tengo o no se trata más que de falsas ilusiones forjadas por una mujer como yo? Háblame con la verdad, sin anestesia. Pero qué estoy diciendo, como si fuera posible que le mintieses a los demás. Eso sólo lo haces contigo, y lo sabes mejor que nadie.

El trabajo de todo un año tirado a la basura como si nada. Tal vez debí hacerle caso a aquella parte de mi conciencia que decía: <>. No resulta nada fácil dar el brazo a torcer cuando lo único que se tiene es esperanza. Y en mi caso, albergaba la mayor de todas. Me tiene sin cuidado sino escribo a la altura de la Woolf, o Kafka, o como tu platónica Pizarnik, y podría continuar, pero sólo me eclipsaría a mí misma. Lo que verdaderamente importa aquí, es que escribo bajo el influjo de mi propio universo, tomando lo que llega de afuera, y haciéndolo parte de mi vida al traducirlo con mis palabras, que no es poco. Quizás, deba conformarme con escribirte a ti, querido Nicanor. Contigo no existen riesgos de quedar en ridículo, puesto que me aceptas como la miserable y pequeña cucaracha que soy. ¿Qué más podría pedir una mujer? ¿No consiste en eso la felicidad? Cuando una mujer encuentra su luz en un hombre, luego de tanta oscuridad, debe permanecer allí por siempre. La luz que pudiere llegar a encontrarse en el resto, no hace más que encandilar.

Puede que por bastante tiempo haya sido huérfana de alma, pero luego me adoptaste con tu inconmensurable amor, y no hubo más que sentimiento y comprensión en toda nuestra relación. Tu persona, un misterio irresoluto para los demás, supo abrirse al saber de mi existencia. ¡Soy tan afortunada de no tener que mirar a otro hombre como te miro a ti! Jamás podría hacerte daño alguno, aun cuando ello no dependiere de mí. Eres como la almohada más cómoda que pudiere llegar a existir, como el sueño más placentero que hube tenido, como el mejor cuento de Chéjov o la novela más meritoria de Dostoievski. Eres Nicanor, mi Nicanor.

Creo que me sentaría bien un viaje, y de ser posible, a Europa. Es mi continente favorito, allí puedo volar sin alas y caminar contigo en pensamientos. Haciendo algo de memoria, en Europa soy otra. Las crisis nerviosas a las que habitualmente te tenía acostumbrado, no se me dan allí. Tampoco me entrego a la dura soledad de mis noches, sino que me inclino a mezclarme con la muchedumbre, y no sin regocijo, aunque cueste creerlo. Allí, soy como un faro en la mar, orientando siempre el camino de los que se encuentran perdidos como yo.

Quiero que seas mi faro por siempre.

                                                                                                                                 Tuya, L.

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