¡Las flacas también lloramos y nos quejamos!

Una lectora nos deja una nota sobre los pormenores de ser flaca, algo que tantas añoran y desconocen.

 Hace un tiempo, escribí un texto como contraposición a las quejas constantes de las chicas con mucho peso.

Quiero decirles algo: parafraseando a una novela que veía mi abuela “Las flacas también lloran”. Si señoras, si señores.

No todo es color de rosa en la vida de quien entra en un talle 36 de jean, pero no puede llenar la parte trasera, o de quien puede usar un top porque tiene la panza chatiiiita chatita, pero la remera parece que siguiera en una percha, porque no hay lolas que señalen que está puesta sobre nosotras.

Bien, quienes no somos muy agraciados físicamente, nos tomamos muy en serio la frase “lo que importa es el interior”, pero en el fondo sabemos que esas palabras sólo toman valor si hablamos de un paquete cuyo envoltorio tiene la forma de un BMW; o, un poquito menos exigente pero no menos importante, de un cañoncito de la panadería de acá a dos cuadras.

Podría ponerme como ejemplo, de hecho lo voy a hacer porque soy la que está escribiendo. Comencemos por la parte delantera, comprar corpiños para nenas en desarrollo cuando tenés 31 años y es lo único que podés rellenar, ya dice mucho de lo poco que hay.

Ni hablar de los escotes. Opté por usar ropa sin la parte de atrás descubierta, así el resto puede distinguir donde está el frente y dónde está la espalda. Nosotras nos conocemos, ellos no.

¿El lado positivo? No sufrimos dolores de espalda por tener lolas exuberantes, aunque si me preguntan, prefiero que me pongan un arnés corrector de postura y usar un contrapeso, para evitar salir volando con los tremendos globos que me pondría.

Y llega la bien ponderada parte trasera. En este aspecto voy a hablar de pura verborragia que tengo, porque uno nunca debe hablar de las cosas que no conoce, o que no ha visto nunca.

Véanlo de esta forma: si existiera un pueblo con el nombre de “Villa Culo Marian”, sólo veríamos los arbustitos pasar rodando. DESIERTO.

La escasez de atributos físicos nos pone a prueba constantemente, y nos obliga a desarrollar otras habilidades. A modo ilustrativo, expongo el caso en el que tengamos una cita:

Chicas, el pibe va a estar mirándonos a los ojos, literalmente, porque no hay nada EXHUBERANTE que pueda desviar su atención (salvo que sean yo y tengan mi nariz).

Primero, nada de sonrojarse, ni de timidez ni nada de eso, de nuestro chamuyo depende la chance de otro encuentro.

Y segundo, expongamos nuestra rapidez mental (desarrollada a través de años de necesidad de usar este recurso) para sacar temas de conversación y demostrar que podemos ser interesantes. Tampoco abramos una lista con la misma cantidad de ítems que la lista de materiales para la salita de 4 años,

¡Ojo! Demostrar que podemos ser interesantes, quiere decir que tenemos que generar interés. Un poco de misterio está bien. , pero un poco, no es la idea que el chico en cuestión se sienta el hijo de Sherlock Holmes. En equilibrio todo es mágico.

Y bueno, para lo que sigue, las chicas “Ni-NI” aprendemos a ser gauchitas y en eso, la mayoría de las veces, un par de buenas lolas y un buen culo, no le hacen ni sombra.

Siempre encontré una ventaja en esto de ser una tabla, con el pasar de los años no se nos va a caer nada … porque no hay nada para que se caiga.

Arranqué con una frase “Lo que importa es lo de adentro”, y termino con otra, mucho más importante: “La atracción mental es mucho más fuerte que la física. De una mente no te libras ni cerrando los ojos”

Y las “Ni-Ni” la tenemos re clara.

Escrito por Marian para la sección:

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20 de agosto de 2017 | 18:30
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20 de agosto de 2017 | 18:30
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