¡No contaban con mi astucia!

Augusto César nos deja una increíble anécdota basada en hechos reales de una fiesta a la que acudió.

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Yacía un Chapulín Colorado en una esquina del recinto. Se distinguía a la distancia, entre la humareda y las luces que adornaban la fiesta de disfraces. Con una mano tocaba una de sus antenitas de vinil, y con la otra sostenía un vaso plástico con cerveza. Simulaba un pequeño paso de baile que lo hacía estar dentro de la fiesta. Charlaba con uno, con otro, y sobre todo se acoplaba con las amigas de la cumpleañera, Cruela de Vil, con la que compartía una aventura la cual no llegaba a ser un romance. Aquel Chapulín, era yo.

Cruela de Vil atendía sus invitados, y cada tanto, se acercaba para darme un beso disimulado, algo precavida, prefería preservar lo nuestro, ya que había vuelto a la soltería hacía poco tiempo.

Los disfraces daban un plus de alegría y diversión, se podía ver a un Batman de capa caída porque la enfermerita no le daba bola, un Spiderman detrás de una Dora la Exploradora fuma porro, que había tejido telarañas en un sillón porque no se podía mantener en pie. Nunca faltan los payasos, en este caso disfrazados de otra cosa. Podemos decir que la fiesta era un éxito, había diversión.

Poco a poco el final ganaba lugar. Se habían ido casi todos los invitados, solo quedaban los más allegados y alguno que otro que todavía tenía pilas para seguir. La música cada vez más baja, dejaba escuchar las voces de los presentes y las luces prendidas nos invitaban a salir.

El Chapulín sabía que Cruela de Vil se volvía con él, dando lugar a una despedida con besos y abrazos, y tal vez con suerte algo más, ya que existía un estado de inhibición compartido que daba lugar a dicha situación. Luego de varias paradas, en modo remisero, el Chapulín se dispuso a dejar a ella en su casa.

El auto se detuvo frente a la casa de ella. Cruela le pidió que estacione un poco mas adelante, para no generar un mal momento si sus padres se percatan de la situación. No había intenciones de despedirse, pero tampoco de ir a otro lado. Los besos cada vez mas duraderos, los abrazos cada vez mas fuertes, en la cuadra reinaba el silencio y la soledad, faltaba la planta rodadora. El Chapulín espera la situación adecuada para dejar a 180° la butaca del acompañante, dejando a Cruela reposando en una posición que sugería al Chapulín tomar algún tipo de iniciativa. Sus partes íntimas probaban la elasticidad de aquel disfraz colorado…. con un movimiento un poco incomodo, se dispuso a ocupar una posición horizontal sobre ella.

Los personajes de distintas historias, empezaron a demostrarse el amor con ropa, como tantas otras veces lo habían hecho. Fogosos los besos, y la unión entre telas, denotaban la docilidad de los amortiguadores nuevos de aquel vehículo. La temperatura había llegado al motor, lo cual hizo actuar al electroventilador que distorsionaba la música del estéreo.

Hubiera sido un final feliz. La situación llegó a su fin y esta vez no por un problema precoz, sino porque la luz de un vehículo se intensificó, alumbrando la situación. Por la luneta trasera del auto vimos el acercamiento de alguien que estaba interesado en nosotros. Era una camioneta, se puso a la par nuestro. Me dio a pensar en dos opciones: protagonistas de la inseguridad se disponían a aplicar su profesión con nosotros, o a contra cara, la policía se disponía a echarnos del lugar.

Lejos de mis predicciones, era el ex novio de Cruela de Vil, si el ex novio… un conocido por los dos, si por los dos. Clavo la mirada en la situación y no demostraba gesto alguno que no fuera de odio y sed de venganza. Es ahí cuando el Chapulín puso en manifiesto sus dotes predilectos, la incertidumbre lo conmocionó, la confusión lo abrazó, mirando los otros dos protagonistas de la situación que se mantenían momificados. Al no ver respuesta de ninguno, el cagazo lo acorraló.

No sabía qué hacer, podía salir triunfante o fajado. La tela del disfraz bajo el ombligo volvió a su lugar y su posición de conductor no se hizo esperar. No me quedó más remedio que mirar a ambos y decir “¡no contaban con mi astucia!”… riendo solo.

Luego de unos segundos la camioneta se perdió en el horizonte y Cruela de Vil, saludó y entró a su casa. El Chapulín salió ileso. Un poco confundido, puso en marcha el auto y dejando una estela de humo se fue del lugar.

MORALEJA: Cada vez que tengas una fiesta de disfraces, debes de elegir bien, porque podes tener que actuar como dicho personaje. Cruela fue cruel, el Chapulín… bueno, como todos saben.


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22 de agosto de 2017 | 01:29
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