Una hermana en el mundo

Mérida nos deja una nota sobre aquellas personas entrañables que terminan siendo hermanos del corazón.

 ….Me las arreglo con un poco de ayuda de mis amigos

Me pongo ciego con un poco de ayuda de mis amigos

Lo intentare con un poco de ayuda de mis amigos…..

Como a muchas personas, no he tenido la posibilidad de tener una hermana, ni menor, ni mayor, única dama rodeada de dos hermanos grandiosos.

Y también se que por algunas que otras malas experiencias la amistad es algo que se rompe, se desvaloriza de un segundo a otro. Traiciones, códigos sin respetar, o hasta te podes enamorar de ese amigo/a. Pero hay veces donde uno encuentra en el mundo ese amigo/a, que no solo cumple ese rol, sino que sin ningún pudor puedo decir, que más que amigo/a es un hermano/a.

Voy a remontarme a experiencias de años atrás. Allá por donde éramos niñas, donde en una escuela primaria, con tan solo 12 años, la vida nos puso en el mismo colegio (más bien nuestros padres), y coincidimos en el mismo curso.

Yo era una morocha, ojos achinados, común, de esas niñas que se portaba bien (no tenia para nada planeado ser quien hoy soy, pero así como soy me siento genial), de las que cumplía con un uniforme a rajatabla, de aquellas que sus padre no dejaba pintarse siquiera, y obviamente de unas calificaciones excelentes.

María Luz por el contrario, aunque también híper inteligente, tenía una melena colorada, cara alargada, ojos grandes, consentida por sus papas, era de las que llamaba la atención, cuantas veces te pasa que vez una montaña de pelo rojo caminando, medía 1,45mts aprox, y su cabeza sobresalía de todo el contexto de su cuerpecito.

En fin, ahí estábamos, pequeñas, distintas e iguales. Hicimos tres años de primaria juntas (séptimo, octavo y noveno), y nunca más me la pude sacar de encima.

Las típicas amigas, que se cuentan todo, hasta cuantas veces vas al día a cagar, si te tiraste un pedo y que tan fuerte fue el olor, si te sacaste un moco y analizan juntas el color, la textura y longitud, para saber si en realidad era un moco un no una neurona, y ni te cuento que hasta nos poníamos de acuerdo si estudiábamos o no para el examen del día siguiente.

Amigas de fierro, amigas de la vida, amigas….. No, amigas no, ¡hermanas!

Soñamos tantas veces con vivir juntas, un departamento de locuras, salidas, hombres y más hombres. Sin embargo hoy, con nuestros 23 años, simplemente soñamos con el momento en que podemos conjugar nuestros horarios de tal forma para que coincidan, y en un clima de charla y jugo de naranja (porque ni de mate puedo disfrutar, la muy yegua no toma mate, si, ¿estás pensando si podes matarla? Hacelo, permiso concedido), miramos a nuestros hijos casi de la misma edad, correr jugar y pelear así como también lo hacíamos nosotras.

Creo que toda persona también se encontró con aquel personaje que te brindó por muchos años una amistad impecable, pero cuando tuvo la oportunidad de fallarte, de no respetarte, de no importarle, no dudo en dejar una amistad y largarla a un precipicio. Si, se de lo que hablo. Por lo que hoy hablo de una hermandad y no de una mejor amiga

Puedo darme cuenta hoy que si la vida no me dio una hermana de sangre, por el contrario dos guardianes que siempre me van a cuidar, simplemente fue porque mi hermana, estaba esperando el momento para llegar a mi vida.

Fue entonces, que con solo un par de años, de un rayo de luz, apareció mi luciérnaga, tan loca y desequilibrada, tan visceral, divertida, atrevida, y compañera como ninguna.

Una hermana de la vida, una hermana del alma.

¿Recuerdos? ¡Miles!, ¿Nostalgia? ¡Mucha!.

Porque no hay nada como cuando te encontrás con tu mejor ¡hermanmiga….!

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21 de octubre de 2017 | 18:32
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