La insoportable e imposible tarea de juntar un grupo de minas

Paula Pietra nos deja un detalle sobre la odisea que es reunir a tus amigas.

 Entonces te encontrás a “la” Mariana, que hace como 3 meses que no ves, muy contentas pero apuradas las dos tratan de ponerse al día. Cosa que entre mujeres, requiere unas 3 horas y dos pavas de mate, no 15 minutos en una vereda. Quedan en verse, lo más pronto posible, cuando en el fondo saben que nunca en la revinagre vida va a pasar. Se reencontrarán en veredas, supermercados, tiendas, escuelas, y siempre se dirán lo mismo “nos tenemos que juntar” para no concretarlo nunca.

¿Qué raro mujeres no queriendo concretar, no? ¿No quieren o no pueden? ¿Por qué será tan difícil? Es que cuándo uno integra grupos del sexo opuesto, llámense generosamente hombres, se organizan en 00:07:45 minutos y con suerte segundos.

La comunicación sería la siguiente:

A: Mañana en lo del Mario a las 10:00hs llevar carne y chupe.

B: Ok (no tenía una mierda que hacer)

C: Ok (aprovecha y le dice a la mujer que mañana visite a su mamá 2X1)

D: Ok (viene con un empacho de la puta madre pero se las aguanta)

E: No puedo, tengo una cena de trabajo

B: Heeeeeeeeee puto

C: Forro, seguro te mando tu señora

E: Voy más tarde manga de trolas, los voy a atender igual.

Se acabó el problema, el que puede va, el que no puede se la come, porque tiene algo importante que hacer y no pasa nada. En cambio cuando uno propone una reunión en un grupo de mujeres, es como abrir la caja de pandora, de la cual van a salir una cantidad increíble de pelotudeces.

Arranquemos por el marido o novio, organizan su vida alrededor de él, todo depende de lo que él haga o quiera hacer, una vez que el señor se decidió y la libera, ella puede llegar a aceptar la salida. Debe ser un lugar decoroso también, sea casa o restaurant más o menos para que él no piense cualquiera.

Antes de que me puteen y me digan que me quedé en el tiempo, anoche mismo una compañera de trabajo no fue a la juntada porque no tenía con quien dejar al marido, y no quería dejarlo solo tampoco. ¿Se va a perder en tres horas? ¿Morirá de inanición? ¿Se hará daño abriendo una cerveza? Si le pones un partido o una película de acción probablemente no se dé cuenta que no estas, es más puede que de todas maneras no lo note.

Los hijos es un poco más complejo, cuando son muy chiquitos es todo un tema dejarlos solos y son más insoportables, así que es más difícil encajárselos a alguien para que te los cuide o llevarlos con vos porque rompen las pelotas y todo lo que encuentran. Más complicado aún es cuando estás sola, los recursos son limitados y no reutilizables, a la segunda noche tu vieja te saca cagando y tu hermana está trabajando.

Salvando esas mencionadas excepciones, que más o menos zafan, podes encargarles los querubines al papá, al que no le va a hacer mal pasar tiempo de calidad con los nenes y que le gusta salir como a vos. Que aprenda, le ponga onda y se aguante como lo haces vos cuando esta con los amigotes.

Si me ponen de excusa que tienen que hacer cosas de la casa, discúlpenme pero por lo menos voy a sacrificar un plato y unos cuantos vasos, revoleándoselos por la cabeza, seguramente acompañados de palabras muy desagradables. No digo que vivas en la roña, pero la vajilla limpia no te va a preguntar como estas, en cambio tus amigas sí.

Una de las cuestiones más molestas es el puterío, “si menganita va, yo no voy”, se recargan hablando de la otra toda la semana: son coherentes y no van, o van y la caretean toda la noche, al punto de hasta ser simpáticas con la que odian.

A diferencia nuestra, los flacos no se sienten obligados a ser simpáticos, ni agradables con nadie: está todo bien o te cago a trompadas y se termina el problema; si no quiero ir no voy, invento una excusa o quedo como el poto o voy y me la como. Blanco o negro, contra la grisura eterna femenina.

Una vez que se alinearon los planetas, y hasta el cometa Halley se decidió a ponerse en la órbita del resto, o sea todas van, les queda bien el horario y el día, hicieron la comida, sacaron la basura, ubicaron los nenes y al marido, hasta el perro se quedó contento y se bancan entre todas, uno podría creer que la tortura terminó pero no.

Ahora hay que decidir el lugar, porque no es tan simple como casa o restaurant. Nadie quiere poner su lugar y de los restaurants hay que ver, porque el que no es sucio, feo o caro simplemente no les gusta. Una vez en el lugar, hay que ver si adentro o afuera porque se pone fresco, cerca del baño no, pero cerca de la vereda tampoco porque la gente molesta. Creo que lo importante es encontrarse y si está fresco, ponéte una puta campera y déjate de joder.

La comida para los hombres consiste en poner un pedazo de carne en la parrilla y chupar cerveza hasta que este cocida. En los grupos de mujeres siempre hay una que no come carne, otra que le agarró la pelotudez del veganismo, otra que no le gustán el 80% de los alimentos y le dan asco y la infaltable es la que está a dieta, rompe las bolas con buscar algo light para a los 15 días arrasar con el parripollo de la esquina.

Es que hasta en las bebidas son complicadas, salvo contadas excepciones, como yo, que estamos a favor de la inclusión, de la inclusión de todo lo que hay en nuestro vaso. Muchas no toman alcohol de por sí, a otras la cerveza y el fernet les resultan feos porque son amargos, como ellas, inclusive no le gustan las gaseosas, entonces cada una tiene su botellita o trago estilo minorista haciendo el precio general más alto. Los hombres tienen un sistema evolutivo, eliminatorio, a granel o mayorista: ¿se acabó la cerveza? Larguémos con el fernet ¿también se acabó? Arrasemos con el whisky viejo del fondo de la alacena.

Como reflexión final, creo que las mujeres perdemos de vista lo importante: juntarse con quien uno quiere a pasarla bien, y nos olvidamos que aparte de mamás, trabajadoras, esposas, novias, hinchapelotas, amigas y mujeres, somos humanas y necesitamos un tiempo libre, como se lo toman ellos. El día que aprendamos a no darle tantas vueltas a las cosas vamos a disfrutar más, y probablemente en ese momento las vacas vuelen también.

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23 de octubre de 2017 | 02:19
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