La musa de Boticcelli, la mujer que no morirá jamás

Simonetta Vespucci murió de tuberculosis en la antigua Florencia, su extraordinaria belleza la convirtieron en un rostro que conocieron y conocerán miles de generaciones.

 “Su cutis era extremadamente claro, pero no pálido; rosado, pero no rojo. Su porte era serio, sin ser severo; dulce y placentero, sin asomo de coquetería o vulgaridad. Sus ojos vivos, no manifestaban arrogancia ni soberbia. Su cuerpo era finamente proporcionado, y entre las demás mujeres aparecía de superior dignidad. Paseando, bailando o en cualquier otro ejercicio, se movía con elegancia y propiedad. Sólo hablaba cuando era conveniente y dando opinión tan acertada, que no se podía añadir o quitar a lo que iba diciendo. Su comprensión era superior a la que pide su sexo, pero sin aparentar darse cuenta de ello y sin caer en el error, tan común entre las mujeres, que cuando sobrepasan el nivel se hacen insoportables”. Lorenzo de Médici.

Sandro Boticelli

Simonetta Vespucci pereció en la antigua Florencia, bajo la presión de ser una fantasía y en el sufrimiento de la tuberculosis. Siendo la inspiración y el deseo de una época, el rostro de Vespucci fue la belleza hecha pasión y su cuerpo una leyenda genovesa que pervivió a través de los años.

Simonetta Vespucci parece haber nacido en Portovenere, lugar que, de cierta forma, marcó su destino, pues la traducción de este nombre puede entenderse como ‘Puerto Venus’ y con el paso del tiempo ella misma sería entendida como dicha deidad; fue en 1453 que vio por vez primera la luz del día en el seno de la familia Cattaneo y desde ahí, en un corto tiempo, se habría de perfilar a un futuro grandioso y a la vez trágico. Fue a la edad de 16 años que contrajo matrimonio con Marco Vespucci, familiar del famoso explorador Americo Vespuccio quien acompañaó a Colón en su primer viaje, hijo de una familia acomodada que prometía una alianza verdadera entre dos líneas de sangre poderosas.

Desde ese entonces, Simonetta ya mostraba rasgos de un atractivo deslumbrante y causaba el asombro de aquellos hombres que se cruzaran con su forma y la envidia o admiración de las mujeres que tenían que comparar sus atributos con ella. Todos los caballeros de dicha era florentina sucumbieron a su armoniosa figura, rápidamente considerándola como una de las féminas con más presencia en la sociedad. Instalada ya en un reino gobernado por Lorenzo de Médici, Simonetta estuvo muy de cerca a la nobleza italiana, la cual no podía calmar su fascinación por ella, gracias a las relaciones personales y políticas de su esposo Marco.

A su llegada, incluso los Médici quedaron prendados de su imagen, rivalizándose en cierta medida por su amor, aunque ambos fueron rechazados. Miembros de la corte también hicieron sus intentos por conquistarla, pero al parecer, ninguno fue jamás correspondido salvo su legítimo marido, quien no se sabe cómo reaccionaba ante el asedio de tanto seguidor.

 De entre este séquito sobresale la figura de un amigo artista llamado Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, a quien la historia habrá de presentar como Sandro Botticelli, el pintor renacentista más famoso del mundo. Apenas habiendo conocido a esta chica rubia de serena mirada, Botticelli y otro grupo de pintores adoptaron su esplendor como modelo para cualquier obra que a partir de entonces produjeran. No obstante, Sandro fue quizá el hombre que más le amó y tuvo que guardar silencio al respecto.

 Aunque a lo largo de toda la época renacentista se han podido analizar varias pinturas que pareciesen tenerla como modelo, y también se ha especulado que pudo posar para el mismo Sandro, esto sería imposible. La muerte tomó a Simonetta Vespucci entre sus brazos con la tuberculosis por pretexto; con apenas 23 años, Simonetta fue un paso fulgurante de lo hermoso por este mundo y ha dado la impresión de haber estado sólo en él para cumplir un cometido: inspirar. 

 Tal fue la fascinación de Botticelli por esos rubios cabellos y ojos claros que, esperando también su inminente muerte, dejó como última voluntad el que sus restos fueran depositados a los pies de Simonetta. Petición que fue escuchada y gracias a la cual, hasta la fecha, descansan el uno junto al otro, aunque nunca hubieran podido encontrar una cercanía en vida que de verdad los uniera. 

Fuente: Cultura Colectiva

Opiniones (1)
8 de Diciembre de 2016|21:34
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8 de Diciembre de 2016|21:34
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  1. Guau!! Excelente texto
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