Murió el Nobel Imre Kertész, cronista de Auschwitz y crítico del totalitarismo

"Aun cuando hable de otra cosa, hablo de Auschwitz, soy un médium del espíritu de Auschwitz, Auschwitz habla a través de mí", escribió en "Diario de la galera".

El escritor húngaro, galardonado en 2002 con el Premio Nobel de Literatura, sobrevivió siendo adolescente al campo de exterminio nazi. Hoy murió a los 86 años en su casa de Budapest.

Kertész nació el 9 de noviembre de 1929 en el seno de una familia judía de Budapest. En 1944 fue deportado a Auschwitz y de ahí a Buchenwald, de donde lo liberaron las tropas estadounidenses en mayo de 1945.

En las décadas siguientes trabajó como periodista, autor de comedias teatrales y traductor de autores como Nietzsche y Wittgenstein. Pero no pudo liberarse de los recuerdos de los campos de concentración nazis y entre 1960 y 1973 trabajó sin descanso en su obra fundamental, "Sin destino".

El libro describe el paso de un joven de 15 años por los campos de concentración. Se trata de una prosa perturbadora que no busca la consternación, sino que -como en una vivisección- hace visible el trauma del protagonista, György Köves. Este llega a interiorizar tanto el "orden" del campo que incluso consigue experimentar "felicidad".

Cuando escribió "Sin destino" se fijó sobre todo en el lenguaje, explicó Kertész en 2015 en una entrevista concedida a dpa. "¿Cómo se puede exterminar a más de seis millones de judíos sin más? ¿Con qué lenguaje se puede expresar eso? (...) ¿Para qué fin se utiliza -bajo las condiciones de las dictaduras totalitarias- el lenguaje, para qué se utiliza al ser humano?".

Por eso era lógico que el protagonista de la novela fuese un niño. No para emocionar al público, sino "porque en las dictaduras totalitarias la articulación del lenguaje de los hombres cae al nivel de un niño. Por eso para el protagonista, György Köves, es natural todo lo que es antinatural".

A "Sin destino" siguieron "Fiasco", "Kaddish por el hijo no nacido" y "Liquidación", relacionadas con su obra maestra. Y aunque la prosa narrativa de Kertész volviese una y otra vez a Auschwitz, el resultado está muy alejado de una monótona literatura de la consternación.

En "Diario de la galera", que recoge apuntes de entre 1961 y 1963, el escritor rastrea cuestiones como la libertad del individuo bajo el dominio comunista. El autor sobrevivió al Holocausto siendo un adolescente. Pero, como reconoció a menudo, sólo tras la experiencia totalitaria del comunismo que vivió de adulto pudo penetrar de forma analítica en el Holocausto y convertirlo en objeto de sus narraciones.

El tema del Holocausto estaba unido a demasiados tabúes bajo el gobierno comunista húngaro, como por ejemplo la cuestión del pacto Hitler-Stalin y el antisemitismo latente en la Unión Soviética.

La propia sociedad húngara se resistía a revisar el pasado, en el que se había registrado la deportación de 600.000 húngaros judíos a los campos de concentración por orden de las autoridades locales aliadas con los nazis. En la época comunista tampoco se llevó a cabo una discusión abierta sobre el pasado.

Tras la transición a la democracia de 1989, Kertész siguió teniendo una relación complicada con su país natal. Le preocupaban el creciente nacionalismo y antisemitismo. Siguió evitándose hacer un análisis crítico sobre el pasado relacionado con el Holocausto, y la represión se convirtió en una razón de Estado sobre todo bajo los gobiernos de derechas.

Cuando en 2002 Kertész se convirtió en el primer húngaro en recibir el Premino Nobel de Literatura, los medios de comunicación públicos se mostraron despectivos. Mucha gente de derechas le consideraba un traidor por sus críticas a la situación en Hungría.

El dinero recibido por el Nobel le permitió instalarse en Berlín. Pero las etiquetas con las que inevitablemente se le clasificó tras la concesión del galardón le afectaron profundamente. "Me convertí en una sociedad anónima, en una marca. En la marca Kertész", lamentó en una entrevista con el semanario alemán "Die Zeit".

Desde el año 2000 sufría la enfermedad de Parkinson y a finales de 2012 se mudó de Berlín a Budapest ya que, según reconoció, no podía seguir pagándose los costosos tratamientos en Alemania. Al parecer, en privado firmó la paz con su Hungría natal, gobernada desde 2010 por el conservador de derechas Viktor Orban.

En 2014 recibió la Orden de San Esteban, una condecoración que data de la época del dictador Miklós Horthy, responsable de que Kertész y otros judíos húngaros fueran deportados a Auschwitz, y que Orban recuperó en 2012 como el mayor reconocimiento del Estado.

A muchos admiradores del escritor les decepcionó que éste se prestase a legitimar esa decisión de Orban, a quien consideran antidemocrático y acusan de minimizar el Holocausto. Pero otros le respaldaron pues consideraron que precisamente Kertész, defensor de la autonomía personal, había actuado también esa cuestión de forma independiente.

Gregor Mayer, Dpa. 

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