Una obra de mendocinos, elogiada por el New York Times

Señaló al establecimiento sustentable recientemente inaugurado en Uruguay como uno de los 50 lugares que hay que conocer.

La nueva bodega del empresario Alejandro P. Bulgheroni, ubicada en Uruguay, fue inaugurada a principios de este mes. Bórmida&Yanzón, único estudio en el mundo que cuenta con la experiencia de haber proyectado más de 30 bodegas (entre ella Bodegas O. Fournier, Salentein, Bodega Vistalba, TheVines Resort & Spa, y Séptima). Fue elegido por Alejandro y Bettina Bulgheroni para llevar adelante la magnífica obra, rodeada de viñedos ondulantes en el terruño de Garzón.

Se trata de la primera bodega en el mundo que certifica las instalaciones por completo: desde los procesos de elaboración hasta los servicios de hospitalidad y turismo, con las exigentes normas LEED (Leadership in Energy & Environmental Design), sistema de certificación desarrollado por el US Green Building Council que se compone de un conjunto de normas sobre la utilización de estrategias encaminadas a la sostenibilidad en edificios. Asimismo, sus viñedos reflejan un compromiso sostenido con el medio ambiente y las prácticas de cultivo ecológicos.

Para la arquitecta mendocina Eliana Bórmida, cuyo estudio viene trabajando desde los años 80 en el desarrollo de proyectos vitivinícolas, principalmente en el paisaje cordillerano de Mendoza, resultó muy interesante la experiencia de haber hecho una interpretación del terruño de Garzón y, luego, una propuesta de arquitectura a partir de ese paisaje.

"El paisaje es completamente distinto al mendocino –explica Bórmida-, es un paisaje más húmedo, ondulante y sobre todo muy rocoso. Unas de las cosas más fascinantes que fueron clave para entender la idea de arquitectura que nosotros planteamos son esas enormes rocas que afloran en la superficie del terreno de Garzón y que son como grandes caparazones de tortugas medio enterradas.Se trata de algo típico del suelo geológico del Escudo de Brasilia, uno de los estratos geológicos más antiguos del planeta".

"Cuando empezamos a recorrer el terreno para imaginarnos la bodega hubo tres puntos que quisimos poner en valor: por un lado las rocas del escudo de Brasilia, como parte fundamental del paisaje a preservar y de la arquitectura a realizar. Por otro lado, una flora nativa muy particular, y en tercer lugar el relieve, la colinas ondulantes llenas de montes redondeados y de cárcavas, o de hondonadas. Por supuesto, como hemos hecho siempre en Mendoza, nuestra arquitectura fue una vez más una arquitectura del paisaje", agregó.

La bodega está emplazada en un lugar estratégico, en una suerte de balcón natural desde donde se puede apreciar la enorme extensión de viñedos ondulantes. Tiene tres naves de fermentación para distintas gamas de vinos semienterradas dentro de las hondonadas naturales del terreno y también techos verdes, por lo cual cuando uno recorre el paisaje no interviene la parte industrial de la bodega pero sí participa de los ámbitos de sociabilidad del vino. Como toda bodega contemporánea, no solamente hace vino sino que tiene un restaurante, un bar de vino y un club de membresía internacional de muy alto nivel con sus privilegios, entre ellos tener tu propia cava para guarda de vino. Además, hay una tienda de merchandising y una sala de usos múltiples y catas.

El proyecto tiene accesos diferenciados para las áreas industriales de trabajo y las áreas para el turismo.

Los visitantes llegan y estacionan en un parque de rocas que ha conservado totalmente la flora nativa, y después ingresan a la zona de entrada del visitante atravesando un espejo de agua con una arquitectura y volumetrías muy movidas, con hormigón armado y vidrios. El agua atraviesa el edificio de lado a lado, hay un lobby y hacia la izquierda están el bar y el restaurante, que tiene vistas hacia las colinas. Se aprecian de manera maravillosa los movimientos ondulantes de las viñas.

Desde ese lobby se sale a una terraza con pasto nativo que vuela sobre el paisaje. La gente recorrre, mira, baja hacia las viñas y luego entra a la parte de industrial por un patio que los lleva directamente hacia las cavas que se hicieron agujereando directamente en la roca natural. “Quisimos mostrar la roca viva por donde brota el agua”, explica Bórmida. "Las rocas transpiran y va cayendo esa agua, que se canaliza por unas acequias: es una humedad controlada que entra y sale. Hemos hecho también entradas de luz cenital muy misteriosa", agrega.

La optimización del rendimiento energético, la reducción del uso de agua, la utilización de materiales locales de baja emisión, la gestión responsable de residuos de la construcción, la captación natural de agua de lluvia y la restauración de la biodiversidad son algunas de las estrategias ecológicas implementadas en su diseño y construcción.

Esta arquitectura de vanguardia, emplazada sobre terrazas naturales, tiene un diseño que permite utilizar el sistema de gravedad para la producción, a lo que se suman tecnología de avanzada y un equipo técnico de excelencia para la producción de vinos finos de máxima calidad, con una marcada identidad, fuerte personalidad y sentido del lugar, para el mercado interno y de exportación.

Construida en la sierra, la bodega utiliza 40% menos de energía en comparación con otras instalaciones de su tipo, gracias a la eficiencia de sus instalaciones. Además, la generación in-situ de energía eólica y fotovoltaica absorbe hasta el 40% de las necesidades energéticas totales.

Si bien la bodega se enfoca principalmente en sus vinos Tannat, la variedad emblemática y la uva por excelencia del Uruguay, Bodega Garzón trabaja con distintos clones y varietales, y es uno de los pocos productores de Albariño en la región.

"Bodega Garzón es pionera en el desarrollo de un nuevo concepto en cuanto a bodegas, viñedos y región vitivinícola", comentó Bulgheroni, empresario que cuenta con bodegas y viñedos en Uruguay, la Argentina, Australia, Bordeaux, Toscana y California.

El desarrollo sustentable de la bodega y la consecución de los programas de certificación estuvieron a cargo de los profesionales de Samconsult y de expertos en normas LEED, como el arquitecto Carlos Hartmann.

FUENTE: New York Times

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