Herederos de los ’70: tragedia, dolor y verdad

Conocer a los hijos de quienes protagonizaron una época violenta ayuda a entender la complejidad de una historia que sigue dejando marcas en nuestro país.

Los ‘70 son recordados como la época más violenta de la historia argentina moderna, que fue recrudeciendo a partir del retorno de Juan Domingo Perón, en 1973, y tuvo su punto más álgido en plena dictadura militar, extendiéndose incluso hasta los ‘80. Aunque existe muchísima bibliografía sobre este trágico periodo, todavía hay espacios poco explorados por contar y donde se puede constituir una nueva visión que muestre la enorme complejidad de este turbulento pasado cuyas heridas siguen abiertas.

Hijos de los 70

Hijos de los 70. Historias de la generación que heredó la tragedia argentina (Sudamericana), de las periodistas Carolina Arenes y Astrid Pikielny, aborda las miradas de quienes vieron a sus padres asumir un protagonismo en la política de nuestro país durante esa década: hijos e hijas de militares, guerrilleros, militantes, empresarios, intelectuales y sindicalistas.

En esta recopilación de veintitrés entrevistas y diálogos, se deja al descubierto no solo cómo esos hijos vivieron una década (y un poco más) donde la violencia y la represión estaban en todos los rincones, sino también las diferentes circunstancias que debieron afrontar en la posteridad: el dolor, la angustia y el sufrimiento, como así también la resignación, negación y lucha, siendo factores que se manifiestan como secuelas de esas marcas que, saben, son imposibles de borrar.

Lo destacable de Hijos de los 70 es la gran variedad de testimonios que enriquecen una historia interesante por descubrir. Desde Mario Javier Firmenich, hijo del líder de Montoneros Mario Eduardo Firmenich, con su defensa a la mayoría de las actividades de su padre, hasta AnalíaKalinec, quien se encuentra muy distanciada de su progenitor, el exsubcomisario de la Policía Federal Eduardo Kalinec, por la participación del exefectivo en la dictadura. También aparece Alejandro Rozitchner, que marcó una fuerte diferencia de pensamiento con su padre León Rozitchner, uno de los intelectuales referentes de la izquierda setentista, y Eva Daniela Donda, hija de desaparecidos que mantiene un contrapunto con su hermana Victoria por su tío y apropiador, al cual defiende.

Aunque todos los testimonios están muy marcados por la pérdida (física o simbólica) y el dolor, hay relatos que impactan por su crudeza. Uno de ellos es el de Luis Alberto Quijano: su padre, el exgendarme del mismo nombre, lo obligó a participar en algunas de sus acciones represoras, lo golpeaba salvajemente, soportó la ostentación de impunidad de su progenitor e incluso que, cuando comenzó a acusarlo ante la Justicia, su familia lo tratara de loco. Otra historia impactante es la de Luciana Ogando, cuyo padre Osvaldo Lenti fue fusilado por sus propios compañeros de Montoneros por haber testificado bajo tortura en contra de ellos; durante muchos años, la joven vivió con la negación de su madre a contarle sobre su pasado, el sufrimiento por sentirse incompleta y la enorme carga emocional de padecer un silencio ‘autoimpuesto’ sobre esa historia.

Más allá de las diferencias que pueden surgir entre estos hijos, debido a que cada historia es única, queda claro que todos comparten una necesidad de afrontar sus herencias, buscando una suerte de reconciliación nacional y sanar de las heridas abiertas por sus padres que aún no terminan de cicatrizar. También es interesante destacar que, por encima de los diversos pensamientos sobre las responsabilidades o las profundad diferencias en torno al sistema judicial actual, los hijos persiguen el objetivo de llegar a la verdad, ya sea para reafirmar sus conclusiones (o la de sus padres, que ellos adoptaron como propias) o simplemente conocer esa parte del relato que permanece en las profundidades de las conciencias de sus progenitores.

Con un estilo periodístico más cercano a la crónica, una clara objetividad profesional, un lenguaje directo y un esmerado trabajo de contextualización tanto del pasado como del presente, Hijos de los 70 nos manifiesta, sin cuestionar ninguna teoría o rol institucional, la enorme complejidad de una época sacudida por la violencia y nos aleja de las conceptualizaciones de los relatos constituidos tanto hace cuarenta años como en la actualidad, y permite conocer, desde un lugar más humanizado, a esos niños y adolescentes de entonces que crecieron con una herencia que muchos debiéramos comprender.

Nicolás Munilla

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7 de Diciembre de 2016|14:59
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