¿La séptima puerta en una bodega abandonada?

Un lector nos comenta sobre una posible séptima puerta localizada en una bodega abandonada en Godoy Cruz.

Leyendo la nota del Dr. Bomur sobre las Siete puertas del infierno (click acá para leerla)  me acorde de algo que me pasó relacionado a una “puerta”... quizás sea la séptima sin dudas pensé.


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En mi primer año de secundaria me invitaron a una plaza cerca de mi colegio, la idea era hacerse la sin cola y tomar algo. Pero a uno de mis compañeros, con aire de rebelde, se le ocurrió entrar a un lugar que estaba (y sigue) abandonado. Se trata de un sector de la famosa y conocida bodega Arizu, para el que no sabe esta en Godoy Cruz y es una vieja bodega que los herederos destruyeron, o dejaron destruir. Este terreno es un sector que no se muestra en los libros de historia mendocina, ni en los diarios locales, algo así como si nadie quisiera hablar de él. Los vecinos saben poco o nada del lugar y no se encuentra biblografía al respecto en ningún lado.

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Lo que hicimos fue que trepar una pared no muy alta, pasar por una habitación qué parecía ser algo así como un peaje, y luego caminar por una galería con habitaciones, que tenían puertas grandes, unas trabadas, otras abiertas y unas tiradas en el piso. El lugar había sido castigado, unas cuantas veces y no por dueños o encargados del lugar. Al final de esa galería había una escalera qué llevaba al nivel inferior. Caminamos esquivando obstáculos, tenía mucha basura y desechos del techo qué ya no acompañaban el lugar. Estábamos al descubierto. El lugar tenía árboles y grandes cantidades de arbustos. Luego, bajamos por la escalera a husmear el lugar, como niños curiosos, para ver que encontrábamos, teníamos la idea de encontrar algo para molestar a las chicas del grupo, pero no fue así, lo que vimos iba más allá que cualquier otra cosa que hayamos visto o imaginado...

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Encontramos un hueco, una pared que había sido tapada y cubierta recientemente, pero que así como la taparon, la derrumbaron. Alguien no quería que nadie entrase a ese hueco en la pared.

Desde afuera se veía muy oscuro y tenía escritos en la pared que solo se podían leer ya adentro. No teníamos linterna y tampoco estábamos en la época de celulares con flash, así que no teníamos como alumbrar. El más osado del grupo se abalanzó sobre las partes de un viejo armatoste de lata y entró en ese lugar. Dentro de la oscuridad gritó: “¡Entren!, esto es un túnel”.

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Todos los que estábamos fuera nos miramos, buscando con la mirada a nuestro compañero en la oscuridad del interior. Nos decidimos a entrar, éramos cuatro en ese túnel. De la nada, el que ya había entrado, pegó un salto y nos asustó a todos, estábamos muertos de miedo.

Nos abalanzamos sobre él entre risas y reproches, cuando de pronto escuchamos una piedra caer, fuerte.... nos dejó a todos en un silencio hipnótico. Estábamos en los primeros diez metros de ese oscuro y frío túnel, luego de esos diez metros había una curva que nos hacía imaginar cualquier cosa. La atmósfera gélida y densa nos invadía completamente y la oscuridad se hacía presente sin darnos un poco de luz. Alumbrando con la pantalla de un celular, nos adentramos al terror del túnel, aun sabiendo que una piedra resonó en el fondo de este pasillo. No se escuchaba más que los pasos de los cuatro haciendo eco, parecía un laberinto, jamás terminaba, no se qué nos impulsé para adentrarnos en esa terrible caminata, siempre supe que no era una buena idea. Mientras más caminábamos, más frío se ponía y más tensa la situación. Fueron como horas dentro de ese túnel, y solo habían pasado minutos, escasos cinco minutos.

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El camino marcaba un final o una parada obligatoria. Una reja hecha de varias partes tapaba la pasada, se veía poco lo que había después de esa reja, se sentía solo el aire pasar, nadie respiraba. Buscamos la forma de alumbrar, husmeando entre las rejas.

A la izquierda de nuestro camino alcanzamos a ver una escalera de dos tramos, sin barandas y hecha de concreto, no era gran cosa, daba a algún lugar del terreno principal de la casa Arizu. Pero, como dije, no se podía pasar, la reja bloqueaba el paso y esta estaba completamente impenetrable. Ya con más calma empezamos a salir, sin alumbrar... con el mismo miedo con el que comenzamos.

Entonces nuevamente sentimos un zumbido, pero esta vez una piedra pasó entre los cuatro, a toda velocidad, si nos hubiese alcanzado a alguno sin dudas nos hubiese destrozado la cabeza. El terror nos invadió, no hicimos más que huir despavoridos de aquel espantoso lugar.

Yo no se si será una de las siete puertas del infierno, pero sin dudas es un lugar macabro y horrible tapiado por alguna razón.

Escrito por Escrito por Fernando Quiroga para la sección:

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12 de diciembre de 2017 | 07:29
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