Los astros

Las estrellas se hallan siempre dispuestas a mostrarse. El escozor de la noche no las abruma ni las aparta a otros rincones. Prefieren vivir de noche a morir de día.

 Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya. El principito. Antoine de Saint-Exupéry.

Los astros

Es inefable lo que uno llega a experimentaral observar los astros que posan allí arriba, invertebrados y desnudos, sin otro derrotero que el de proclamarse vigentes, a la vista de todos, y al alcance de unos pocos. Todo lo que encierra el microcosmos, se nos presenta cuasi imperceptible, velado en gran parte, como si no quisiera darse a conocer ante nosotros, lo que nos lleva a preguntarnos, casi hasta querer escalpar nuestra propia cabeza, si no se trata de un asunto, que a la postre, no nos compete, y debe permanecer ignoto.

De tan sólo pensar que cada estrella comprende minúsculos pero portentosos compartimentos, dentro de los cuales convergen vastos deseos arcaicos, y cuya génesis se puede encontrar en el fulgor del hombre, uno se atrevería a pensar si tal vez no estemos hechos de estrellas, o cuanto menos, enarbolar esta idea como asequible en un plano menos ordinario, y por consiguiente, enquistado en un orden donde abundan las quimeras.

Las estrellas se hallan siempre dispuestas a mostrarse. El escozor de la noche no las abruma ni las aparta a otros rincones. Prefieren vivir de noche a morir de día. Nada las asusta, salvo desfallecer sin ser recordadas. La luna hace de bálsamo, cuando éstas se encuentran como tristes por el pasado que llevan consigo, y por el presente que las apaga cada vez más. Dan lumbre a quien no tiene más que a su sombra, y una cuota de esperanza a quienes se hallan desprovistos de ésta.

Compañeras entrañables de la noche.A veces juegan a las escondidas, y lo hacen muy bien. Se aprovechan de los espectadores taciturnos, al mostrarse siempre dispuestas para la huida. No es que les moleste el escrutinio del cual acostumbran a ser objeto, pero a veces brota en ellas, la necesidad de apartarse del resto. Gustan de ser nombradas, y tocadas, por las almas enamoradas. Ven en ello, un acto natural del hombre, como si esa fuere su meta para con ellas.

No se dejan enredar fácilmente con poesía y cuanta palabrería se les obsequie, son más astutas de lo que aparentan ser. Cuando sienten frío, se acuestan detrás de la luna, la cual se regocija al tenerlas cerca.

Se sienten colmadas por el sólo hecho de existir. Nadaaqueja ni corrompe su espíritu. Son longevas a los ojos del hombre, y acostumbran a eternizar todo cuanto se mueva en su periferia. El cenit es para ellas lo que la suerte para el apostador. Su beldad no comprende raza, sexo ni religión.

Entre menos esfuerzos realicemos para entenderlas, más próximos nos hallaremos a ellas. No hay propedéutica que valga en este terreno, ni conjeturas que perduren.

De ellas depende el albur que corra la vida de un hombre, al ser las encargadas de cumplir sus más profusos deseos. Tienen una tendencia a desobedecer a la luna más de la cuenta, pero luego se arrepienten, y trémulas como están, buscan reconciliarse con ella.

Nicanor iba intercambiando pareceres durante un viaje en tren, con un soberbio compañero de trabajo que iba en el mismo compartimiento. El tema que convocaba la charla, hacía referencia a las estrellas.

- Una noche sin precedentes, nada podría equiparársele.

- Las estrellas parecen deseosas por hablarle a uno. Creo que se ciernen en lo más alto, porque allí se encuentran a resguardo de cualquier amenaza. –esgrimió Nicanor.

- Me complace su manera de entenderlas. El curso de mis pensamientos se asemeja al suyo respecto a esto, pero creo, además, que son celosas de su madre, la luna, y de la soledad con la que se vanaglorian allí arriba. Una soledad edificante y especular, la cual no podría encontrarse en ninguna otra parte. –acertó a decir su amigo con un dejo de melancolía.

- ¡Que la suerte las acompañe por siempre y ellas a nosotros! –dijo con exaltación Nicanor.

- Le dispenso. Nada es más vivificante para el alma que una buena compañía, en este caso, la que nos ofrece la noche con sus hijas, las estrellas.

- Tenga a bien lo que le voy a decir, pero no creo que podamos entenderlas, sin embargo, ellas no conocen con mayor profundidad otra cosa que no sea al hombre. Nos estudian como un anacoreta se estudia a sí mismo. Lo más probable, es que ellas sepan más de nosotros que nosotros mismos.

- Al parecer, tiene una idea forjada respecto a todo lo que atañe a las estrellas. No es de asombrar, puesto que acostumbra a ello en casi todos los campos de conocimiento. En lo que respecta a mi bagaje de ideas, carece aún de vigor.

- La noche con sus estrellas, pareciere encontrarse siempre un paso más delante que el resto. Nos devuelven la representación más fiel que podamos apreciar de nosotros mismos, actúan a la manera de un espejo, pero no cualquier espejo, sino uno donde lo reflejado se circunscribe al mundo interno, en detrimento del externo.

- Cuánta verdad en sus palabras. Lo que ha expresado, reproduce con gran atino lo que pienso. Las estrellas hacen de espejo cada vez que uno las observa con detenimiento. Ni más ni menos. Son veleidosas e incorregibles, afirmaría un viejo amigo.

- Me adhiero a esa idea. Son veleidosas por decantación, e incorregibles en todos los aspectos. Si uno las examina con pericia, puede llegar a la conclusión de que se las enaltece sin miramientos.

- Siempre han gozado de buena reputación, eso es un hecho.

- Sí, aunque una buena reputación no siempre es sinónimo de honradez, así como un título de noble, no lo convierte a un bellaco en uno.

- ¿A qué pretende llegar con dicha aseveración? No lo entiendo.

- Es sencillo. Hasta aquí, sólo hemos hecho alusión a todas aquellas características que engrandecen a las estrellas, mas no nos hemos referido a sus carencias. Como sucede con la mayoría de las cosas, nos olvidamos –o pretendimos olvidarnos- de fijar la atención en los aspectos menos decorosos.

- ¿Y cuáles serían esos aspectos que trae a colación?

- Para empezar, quisiera aclarar que dichos aspectos no erosionan sus buenas cualidades, al contrario, reivindican su condición de veleidosas e incorregibles, como usted ha tenido a bien decir.

- Prosiga.

- Si bien es una maravilla el observarlas cuando orbitan como dadivosas, y encandilarse con sus giros estrafalarios, o atestiguar las formas que dibujan en la cúspide de la luna, no es menos cierto que desafían constantemente al universo. No se contentan con ser amadas y aparecer en sueños, su vanidad va más allá de todo eso, ansían ser reinas y herederas de todo cuanto exista a su alrededor.

- Pero eso es imposible. Representan un engranaje muy importante del universo, pero de ahí a querer apoderarse de éste, no es sino una actitud deliberada de rebeldía ante el orden establecido.

- A eso voy. Como he dicho ya en alguna otra ocasión que no recuerdo: The stars are like children, your heart seeks cover everything. Lo que vendría a ser: Las estrellas son como niños, su corazón busca abarcarlo todo.

Luego de departir acerca de otros entremeses, ambos amigos se despidieron.

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7 de Diciembre de 2016|15:20
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