Solo para entendidos, guías turísticas en papel

Murray, Touring Club Italiano, Blue Guides y Michelin son algunas de las marcas históricas que identifican a estas publicaciones, nacidas con el turismo de masas.

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Cuesta imaginárselo hoy, cuando tantos viajeros nacidos en la era de Internet prefieren bajar aplicaciones de una guía turística en su computadora o teléfono celular. Pero hubo un tiempo en que –también en este género– reinaban los libros de papel. De hecho, aquellas antiguas guías turísticas hoy se cotizan bien entre los libreros anticuarios y coleccionistas.

Lucy Honeychurch es el personaje central de una famosa novela inglesa de Edward Morgan Forster publicada en 1908, A room with a view , que se burla de la estricta educación victoriana y de las guías clásicas. En un capítulo de esta novela, titulado “Santa Croce sin Baedeker”, Lucy entra en crisis porque la abandonan en medio de esta iglesia de Florencia, célebre por las pinturas de Giotto y las tumbas de varios italianos famosos, desde Maquiavelo a Galileo, entre otros.

El incidente le sirve a Forster para ironizar sobre la relación entre los turistas de los años anteriores a 1914 –las clases medias europeas con educación universitaria– y este género de libros: ¿había que creer ciegamente en las guías, tomarlas como un bastón cultural o reírse de ellas? Forster votaba por la espontaneidad. Pero también valoraba las guías clásicas y escribió una, dedicada a la ciudad egipcia de Alejandría. Publicada en 1922, esa guía de Forster es una obra maestra del género.

Las guías modernas publicadas desde mediados del siglo XIX por editores como Karl Baedeker, Thomas Cook y John Murray eran un compañero de viaje muy apreciado. Como sabe El Viajero Ilustrado, estos editores pretendían independizar física e intelectualmente a los turistas: informaban con objetividad –aún dentro de los prejuicios de la época– para que cada lector cultivara su propio juicio. Entre 1850 y 1920 el auge del ferrocarril y la navegación a vapor impulsaron a muchos a recorrer el mundo, por eso estas guías –con mapas detallados, horarios, consejos e información cultural y de costumbres– eran auténticos best-séllers. Hoy estos libros se leen como un verdadero documento de época.

Guias


El Viajero recuerda a Forster cuando visita Londres y se detiene ante las vidrieras de Shapero Books , un reconocido anticuario. Le encanta preguntar el precio de las viejas guías de turismo. La de Egipto y Sudán –publicada por Baedeker en 1891– cuesta casi mil libras esterlinas. La guía de Berlín publicada por Baedeker en idioma francés en 1908 cuesta seis mil libras. La rara edición publicada en 1900 en Buenos Aires por Alberto Martínez –un falso Baedeker de la Argentina con buenos datos de época– vale setecientas libras. Los precios son similares en la Feria del Libro Antiguo de París. Y también en Nueva York, en la selecta librería The Complete Traveller Antiquarian Bookstore.

Varios editores siguieron el modelo de Baedeker, con su sistema de calificación por puntos para las atracciones culturales, la hotelería y los restaurantes. Fue el caso de Michelin en 1926 con su guía de Inglaterra, la primera de una larga serie. En 1914 el Touring Club Italiano publicó el volumen inicial –dedicado a la Lombardía– de la prestigiosa Guida d’Italia , colección de más de 20 tomos creada por Luigi Bertarelli, apreciada hoy como un patrimonio cultural. Lo mismo vale para las Blue Guides editadas en Inglaterra desde 1918. Y en esa lista merecen incluirse las guías estadounidenses WPA publicadas hacia 1935 por el gobierno de Roosevelt, que contaban cómo era California o Texas –entre otros estados– con la firma de John Cheever y Saul Bellow, entre otros famosos escritores.

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