Esas gentes

Dos amigos discuten sobre los convalecientes en las calles. "No encuentro la razón por la cual deba solventar con mi dinero a estas sanguijuelas. Son la podredumbre de la sociedad", opina uno.

Pues la vida es más fuerte que la muerte y la fe más poderosa que la duda. Bajo las ruedas. Hermann Hesse.

Esas gentes

Nicanor y un viejo amigo, argüían acerca de las condiciones en que se encuentran las personas que convalecen en las calles.

- No encuentro la razón por la cual deba solventar con mi dinero a estas sanguijuelas. Son la podredumbre de la sociedad, a la que debemos erradicar de una vez y para siempre. Una burla a la estética. Y siempre se las ingenian para reproducirse y multiplicarse cada vez más, como si el mundo no tuviere suficiente ya con atender a otros problemas de mayor envergadura. –dijo ofuscado el acompañante de Nicanor.

- No puedo medir con la misma vara y desdén semejante cosa. A usted le sobran argumentos, mas no tiene conmiseración por el prójimo. –espetó Nicanor a su interlocutor.

- Se los debe mantener a raya. En cuanto uno les tiende una mano, estos procuran arrancarle el brazo. –replicó el otro, mientras se acomodaba el sombrero.

- Dígame una cosa, acaso piensa que, por ventura, ellos han elegido perecer cual perro callejero abandonado a su suerte. –al parecer, Nicanor estaba decidido a entrar en una zona boscosa, quería formar parte en un asunto tan hirsuto, y ver qué resultaba de todo aquello.

- Ese no es mi problema. Pero si lo pone así, entonces, en ese punto, tendríamos que obrar de la misma manera con todos y cada uno de los que sufren, de otro modo, no podría comprender acerca de qué estamos discurriendo aquí. –sentenció con brío.

- A lo que voy, es que nadie, ni usted ni yo, estamos exentos de terminar en tales condiciones. Uno se jacta por la dicha del presente, pero de la noche a la mañana, puede que ya no queden más que los vestigios de la misma. Por tal motivo, lo exhorto a reevaluar su postura. –Nicanor intentaba en vano hacer que su amigo entrase en razón.

- Conozco muy bien a los de su clase, piensan que con un poco de caridad y un puñado de sentimientos bondadosos el mundo sería distinto. No se engañe, una cosa es procurar darle validez a una idea por convicción, y otra muy distinta es obstinarse en defender una utopía por orgullo. –profirió impasible, observando cómo Nicanor lo seguía con la mirada.

- No consiento en mirar a un costado y hacer como si nada. En lo que pueda, procuraré siempre ayudar a aquel que más lo necesite. Demasiado tengo con ver a diario el desprecio del que son víctimas esas gentes.–dijo algo desahuciado Nicanor.

- No son más que pobres diablos, he dicho. –se jactó su amigo.

- A la sazón, por lo que he llegado a entender, no debemos más que cruzarnos de brazos y acomodarnos en nuestras butacas, ya continuación, hacer de espectadores y presenciar cómo a los más urgidos se los traga el hambre y la desesperación. A cuenta de que nosotros, los que detentamos una posición más privilegiada, continuemos acumulando más y más bienes, todo seguirá estando igual que hasta ahora.–aunaba por quebrantar el pensamiento anquilosado de su amigo.

- Todo se reduce a la obtención de beneficios. Veamos, no se puede sacar ningún provecho de estos buenos para nada. No versa ningún tipo de recompensa ni usufructo. –dijo con un atisbo de maleficencia y codicia.

- La recompensa, estriba en el regocijo que se aloja en nuestros corazones, tras haber actuado con benevolencia con los sucedáneos que tanto le encolerizan. –dijo con naturalidad Nicanor.

- Si lo que pretende es ablandarme, vaya abandonando dicho cometido. Mi alma no contiene más que aversión hacia aquellos que nada tienen para ofrecerle a uno. –se podía apreciar el aborrecimiento en su rostro al hablar.

- Cuántas caras puede albergar en sus adentros el ser humano. No crea que me paro aquí a cuestionar su idiosincrasia, ya demasiado hay con cuestionarse a sí mismo. No obstante, lo que me asombra, y más aún, me desorbita, es su avaricia desmedida. Tal vez si se desprendiera de la idea de opulencia, las cosas adoptarían otro tono. Es tan malsano retener como despilfarrar. –vociferó Nicanor, que caminaba aletargado.

- ¡Pues qué más da! Entremos a ese café a cobijarnos del frío. No me interesa cambiar el mundo. –y ambos se adentraron a un viejo café.

Opiniones (2)
8 de Diciembre de 2016|21:13
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8 de Diciembre de 2016|21:13
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  1. "Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo". Eduardo Galeano.
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  2. no es el pobre el problema, son los que abusan del sistema.
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