Cajas Negras: La voz de los accidentes

Las últimas palabras de los pilotos y los movimientos del avión quedan registrados siempre en dos grabadoras, capaces de resistir los choques y los incendios: una para los datos de vuelo y otra para los sonidos de la cabina.

Ni es negra, ni es una sola. En realidad, lo que los medios de comunicación han terminado por llamar de forma genérica caja negra, son dos dispositivos que registran todos los parámetros del vuelo, y están diseñados con dos objetivos. El primero, que sean capaces de resistir casi cualquier accidente y el segundo, que los expertos puedan leer en cualquier momento los datos que han quedado guardados en ellos, para poder analizarlos.



Suelen ir coloreados de naranja o amarillo en tonos vivos, para facilitar su localización en caso de accidente, están rotulados con un mensaje en inglés y francés que reza "no abrir" y disponen además de una radiobaliza submarina incorporada que se activa de forma automática tras una colisión y que guía a los equipos de rescate hasta ellos. Emite en una frecuencia específica de 37,5 kHz, y su señal llega a la superficie sin problemas siempre que la profundidad a la que se encuentre no sea mayor a 4.000 metros.



La cápsula que las protege es capaz de resistir una temperatura de 1.100 ºC durante al menos media hora, impactos de 3.400 veces la fuerza de la gravedad, y la presión que experimenta un objeto sumergido a una profundidad de hasta 6.100 metros. Suelen ir montadas en la cola del avión, donde las posibilidades de resistir a un accidente son mayores.

Así suele quedar cuando es rescatada entre los restos de los aviones.

 


Los datos son lo más importante

De esos dispositivos, el más conocido e importante es la grabadora de datos de vuelo (FDR, en sus siglas en inglés). Se conecta a la red de datos del avión y almacena al menos 80 parámetros, desde los más básicos como la fecha, hasta los que indican la posición de los controles de la aeronave, pasando por el rendimiento de los motores.

Además, las especificaciones para su diseño indican que tienen que ser capaces de registrar al menos las últimas 25 horas de vuelo, utilizando para ello un medio de almacenamiento lo más estable posible. Cuando el espacio para la grabación se agota, el bucle comienza de nuevo y el dispositivo comienza a sobreescribir los datos más antiguos con los más recientes.

En los últimos años, las compañías aéreas y los fabricantes han generalizado el análisis habitual de esos datos a través de un dispositivo conocido como grabadora de acceso rápido (QAR en inglés) que les permite mejorar los patrones de mantenimiento de las aeronaves y optimizar las operaciones.

Junto con esta 'caja', los aviones montan también una grabadora de voz en la cabina (CVR, en sus siglas en inglés). Esta máquina debe ser capaz de registrar cuatro canales de voz, y en ella se almacena la señal de los micrófonos y de los cascos de los pilotos, así como el sonido ambiente de la cabina -a través de un micrófono situado en el techo de ésta-.



Las CVR más modernas utilizan memorias de estado sólido (flash) y almacenan dos horas ininterrumpidas de sonido en formato digital, aunque algunas -las más antiguas- funcionan aún con tecnología analógica de grabación sobre cinta magnética. En este último caso, la duración del registro debe alcanzar los 30 minutos como mínimo.

Fuente La Tercera, Chile

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18 de octubre de 2017 | 02:11
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