El día que llevé a mi abuelo a la cancha

Tener un abuelo que sabe de fútbol lo mismo que vos de física cuántica y llevarlo a la cancha es un experiencia extraña y poco recomendable.

El abuelo Quique

A mi abuelo jamás le gustó el fútbol. Es algo que no tiene explicación, vos le preguntás y el chabón te pregunta por su sexualidad, o sea, uno no sabe porque le gustan las mujeres o los hombres, él tampoco sabe por qué no le gusta el fútbol… pero no le gusta. A veces dice “me hubiese gustado que me guste, ya que mis amigos se juntaban a jugar y para pasar vergüenza o aburrirme prefería quedarme en la casa”. De chico lo vi intentar jugar un par de veces, en un cumpleañitos familiar de esos primos chotos o en unas vacaciones y el chabón la pasaba como el orto, primero porque estaba completamente perdido en la cancha y segundo porque sabía no solo que jugaba como el orto, sino que le restaba a su equipo.

Ni hablar de ver fútbol, no soporta más de un tiempo y solo si es Argentina – Brasil, o mientras hacemos un asado. Disfruta de los mundiales por el simple hecho de juntarse con otros viejos a morfar o llevarlos a su casa y que mi abuela no le rompa las bolas. En fin… un tipo extraño, al que la vida no le enseñó los placeres y beneficios del fútbol. Será también porque vive en el campo y allá el ocio y el deporte son cosas extrañas.

Quienes me conocen, saben que por herencia llevo sobre mis espaldas esa carga genética, pero trato de caretearla un poco y obligadamente consumir más fútbol que mi abuelo o mi viejo. Además por una cuestión global, hoy en día estamos mucho más relacionados con el deporte que antes. Algo sé.

Fue así que con mi hermano decidimos llevara mi abuelo al último súper clásico disputado en el verano…

- Nono, vamos a ir con el Fuser a ver el partido, ¿queres venir con nosotros?

- ¿Qué partido?

- El súper clásico…

- …

- River – Boca nono…

- Bueno, dale, ¿ya tenes los “tickets”? – dijo mi abuelo generando una pequeña mueca en mi rostro…

- Las entradas nono, las entradas… si, ya las tenemos.

- ¿Y a que hinchada vamos a ir? ¿Somos “del” Boca o “del” River?

- De Boca, se dice “de Boca” no “del Boca”…

- ¿Por qué? Si cada vez que pongo el noticiero dicen que el Messi hizo otro gol y que juega en “el” Barcelona… y el otro, ese pendejo pelotudito, canchero, el Rolando ese, ¿no juega en “el” Real Madrid?

- No Nono, se dic…

- ¿El Bayer?, ¿El Chelsea?, ¿El Colo Colo?... ¿estás seguro de que no es “el Boca”?

- No Nono, es Boca, sin artículo.

- Ok, ¿a qué hora me pasas a buscar?

- A eso de las siete.

A los dos días lo pasamos a buscar, tocamos bocina y nos quedamos esperándolo con mi hermano el Fuser en el auto… cuando lo vimos venir. El viejo se había comprado una camiseta y un gorro de Boca, cosa que no hubiese sido mala si la camiseta no la hubiese comprado en el Persa “la albóndiga de polenta”. Del gorro ni hablar, tenía una especie de trenzas hasta la cintura. Su atuendo lo completaban unas banderitas de boca, esas tipo triangulitos, y unas medias de fútbol, lógicamente de boca. Era una especie de tarado de cumpleaños… pero es mi nono y al nono no se le dice nada. Además venía puteando a dos motores. Meados de la risa le preguntamos qué le pasaba… (Sepan disculpar el lenguaje soez de mi abuelo y su poca suavidad para adjetivar a la gente)

- El boliviano hijo de re mil puta de la tiendita me estafó (tiendita le dice al persa)

- ¿Queeee? Jajajaja ¿Por qué?

- Porque le pedí un gorro de boca y ahora que me lo pongo y lo leo con los lentes puestos veo que es azul y amarillo pero de otro equipo.

- ¿Te vendió uno de Rosario Central?

- No, uno que diceeee Xeee… Jeeeneize, no sé cómo se lee, se escribe con equis, Xeneizes

- Jajajjaja… ¡así le dicen a Boca!

- ¿Xeneizes?

- Si… es “genovés” en dialecto. Boca se inicia en el barrio de la Boca, donde se cobijaba a muchos inmigrantes genoveses. Se decía que venían los xeneizes ¿entendes?

- Aaaaa… lo reputié al bolita.

Llegamos a la cancha y el viejo estaba excitado, en su vida había pisado el Malvinas. No podía creer la cantidad de gente, ni los colores, ni el kilombo. Estaba como un bebe, asustado y maravillado. Hasta que en la cola de entrada nos agolpamos un poco y al nono se le saltó la ficha.

- Che gordito, ¿me podes dejar de apoyar la buzarda?

Cuando nos dimos vuelta vimos al orco gigante al que le estaba hablando… típico hincha importado desde el país de La Boca. Metro ochenta, cercano a los doscientos kilos, moreno como el café, con muy pocas sillitas en el comedor, rostro enmantecolado, olor a pasto y cara de pocos amigos. El minotauro solo lo miró, sin moverse. Con el Fuser pensamos que se nos acabó la jodita.

- ¿Sos sordo gordito? ¿te podes hacer un poco más atrás?

Y como esas cosas que uno nunca se explica, como esa vez que en séptimo grado le dije a la Sheila que la amaba, me dijo que ella también y en vez de besarla me fui corriendo a contarles a mis amigos y nunca más me habló, el enorme titán, cuál sésamo de Alí Babá, se corrió dándole un respiro al Nono y un suspiro de alivio a nosotros. Zafamos.

Entramos a la popular. La mayor parte del día hago las cosas sin pensar, pero esta vez más que nunca me di cuenta de mi problemita… De solo estar parado el nono se me mareaba. El Fuser se le había parado abajo para que el nono se le apoye en los hombros y yo lo sostenía del brazo. Arrancaron los cánticos y los saltos, nuevamente el nono se puso en porte bebé.

- ¿Ese pelotudo va a estar todo el partido dado vuelta? – preguntó al tiempo que señalaba a uno de los barra bravas que agitaba para que “cantemos putos”.

- Puta “su” madre - gritó el nono educado, por suerte el chanta no lo eschuchó. Igual el nono no dejó de mirarlo todo el tiempo preguntándose como un tipo podía venir a la cancha y estar todo el tiempo sin ver el partido.

Arrancaros los saltos, los empujones, el chivo, los gritos, las zamarreadas… el nono estaba como loco. Puteando a dos motores cada vez que lo empujaban. El cenit de su vena llegó cuando nos plantaron una bandera encima, de punta a punta. Sin dudar un segundo el nono rajó un pedacito de la bandera y asomó la nariz, al tiempo que gritaba “saquen la bandera hijos de puta”. Empezó el partido. El nono no paraba de quejarse, pero a la vez estaba chocho por la novedad.

- No veo una mierda.

- ¿Pero no trajiste los lentes para ver de lejos?

- Si, pero se ven re chiquitos los tipos estos… es mejor el tele. ¿Dónde están los comentaristas?

- ¿Para que los queres si ves todo desde acá?

- Me gusta escuchar las anécdotas mientras veo el fulbo… ¿qué es ese olor a mierda?

- Falopa nono, falopa…

- ¿Esos son unos nuevos?

- ¿Queeee?

- Si son cigarrillos nuevos… es raro el olor.

- No nono, es olor a porro, falopa, droga.

- ¿Dónde hay droga? – preguntó sorprendido.

Entonces le conté más o menos que era un porro y quiénes se estaban fumando.

- Daaaaaleeee drogadicto hijo de puta – le empezó a gritar a uno que agitaba una bandera y no nos dejaba ver nada.

- Nono cortala que nos van a fajar.

Un tiro libre de Ponzio encontró la cabeza goleadora de Mercado, que aprovechó una salida en falso de Orion… gol de River. Estalla la hinchada, tormenta de puteadas desde la barra de boca y el nono gritando con el puño en alto ante la mirada atónita de los aledaños…

- ¡Bieeeeennnnnnn! ¡Bieeeeeeennnnnnn!

- ¿Qué haces nono? – le grito al tiempo que le bajo la mano.

- ¿No fue gol?

- Si, pero de River…

- ¿Y de qué somos nosotros?

- De Boca nono, de Boca… cállate un poco que nos van a linchar.

Parece que a mi nono le copó el tema de putear a los jugadores nuestros y opuestos, así que desplegó toda una batería de elucubrados insultos que fueron de deleite de siete o diez personas a la redonda. Lo chistoso es que no tenía la más puta idea de los nombres a quienes les propiciaba el insulto. Los más sublimes fueron estos:

Señor, usted es un hijo de puta, vaya a jugar al básquet.

Referí cajetudo olor a culo.

Arquero andá a hacerte ortear mamilón.

Defensoreeeessss son más fáciles que la tabla el 1… ¡regualiñados!

Negro cara de cajeta.

¡Sorete de mierda pura, me cago en tu figura!

Grandote… ¡sos un anenado para jugar! Muñeca de trapo.

Ya estaba todo dicho para Boca… de pronto un tiro lejano de Cata Díaz, pica y sorprende a Barovero cuando la pelota ya estaba en la red. Entonces el nono ahora si levantó su puño y mientras todos gritaban “goooooool” el nono gritaba “bieeeeen bieeeeeennnnnnnn”…

- Nono… ¿por qué gritas “bien”? – pregunta mi hermano.

- ¿Y qué se grita?

- Gol nono… GOL.

- Bueno y si no me dicen… yo cuando hacen un gol escucho que la gente grita “bieeeeeoooooooooonnnnnn”,¿Por qué está bien o no?

- Si… está bien, pero se grita gol.

Terminó el partido y mi nono seguía puteando, mientras los barras lo filmaban y lo aplaudían. Un groso el nono… Ahora no para de rompernos las bolas para que lo llevemos a todos los partidos del campeonato.

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21 de agosto de 2017 | 23:17
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