Liquidación del Hotel Watergate: se vende parte de la historia

En 1972, dos de sus habitaciones fueron robadas. Lo que se pensó que era un simple delito terminó con la caída del presidente Richard Nixon. El Hotel Watergate, famoso por haber dado nombre al escándalo más sonado de la historia reciente de EEUU, cierra y lo liquida todo.

Quizá por eso, la larga cola que desde el pasado fin de semana forman diariamente a la puerta del hotel quienes esperan su turno para entrar -previo pago de 10 dólares- es tan variopinta como los comentarios que se escuchan.

"¿Habrá algo con una W?" pregunta ansioso y en voz alta un cuarentón que hace cola bajo un sol de justicia, claramente motivado por llevarse a casa un pedacito de la historia que motivó la dimisión de Richard Nixon en 1973.

Todo empezó en junio de 1972, con un robo aparentemente menor en las Oficinas que el Comité Nacional Demócrata tenía en el Watergate. Los ladrones, que no eran unos cacos cualquiera y buscaban información confidencial para conseguir la victoria republicana y reelegir a Richard Nixon, se quedaron en el Hotel y ocuparon las habitaciones 214 y 314.

La "W" es el símbolo del Hotel que abrió sus puertas en 1967 dentro de un complejo de seis edificios de departamentos y oficinas construido en el centro de Washington, a orillas del río Potomac, y que pronto se convirtió en uno de los núcleos de poder más prominentes en la capital de EEUU.

Por tanto, para los que se sienten atraídos por los souvenirs históricos, lo importante es buscar la "W". Da igual en un tenedor que en una jabonera. Pero "no hay W" reconocía, algo decepcionada, Liza, una joven universitaria que se acercó a Washington sólo para llevarse de vuelta al campus en Virginia un "algo" con el anagrama del Watergate y que, resignada, recorría los pasillos del hotel, ya sin aire acondicionado, amarrada a un teléfono en el que, claramente, se leía: "Watergate Hotel".

Las piezas más codiciadas por los amantes de la "memorabilia" -como las chapas de las habitaciones 214 y 314- volaron el primer día. Pero aún queda mucho por vender.

La gran venta, organizada por la firma especializada en liquidaciones "National Content Liquidators", de Ohio, está compuesta por más de 20.000 artículos, que van desde las almohadas hasta los sanitarios, pasando por los escritorios de todas las habitaciones y las mesillas que, son bastante corrientes pero son "Made in Spain".

Los cabeceros de cama, sin embargo, eran bastante más elegantes -madera dibujada en la parte alta, lisos en el resto- y los clientes que podían acomodarlos -no había muchas "tallas"- dieron buena y rápida cuenta de ellos.

También están a la venta los libros que, como cortesía para sus residentes, este hotel de cinco estrellas ponía a su disposición en las librerías de las 251 "suites", así como miles de platos, teteras plateadas, almohadas, planchas, frigoríficos de "minibar" y mesas de "room service".

Los precios, van desde unos pocos dólares -un plato 3, una tetera 6, una tele 65- hasta un escritorio antiguo y bastante destrozado que se vende por 3.500 y un montón de grabados enmarcados a una media de 100 dólares la pieza.

Los organizadores, que llevan la multitudinaria venta con gran orden -la recepción del hotel de lujo de antaño es ahora una caja registradora de largo recorrido recubierta de "chollos"- esperan recaudar unos 700.000 dólares.

Y probablemente lo consigan, dado el fervor por las gangas y el gusto por los objetos "de segunda mano" que profesan los estadounidenses, un pueblo que, como ningún otro, reconoce aquello de que "tu basura puede ser mi tesoro".

En realidad, misticismos políticos aparte, tesoros no hay muchos. De hecho, de la época de Nixon (1969-74) apenas si queda en el hotel el "Crescent Bar", porque los grandes hoteles se renuevan cada cinco años.

Por eso, la liquidación del Watergate no pasa de ser una gran venta de colchones, espejos, almohadas, platos, tazas y hasta váteres usados que sus nuevos dueños se llevan a casa por conveniencia, completamente ajenos a que, quizá algún día, ese espejo reflejó la imagen de Katharine Hepburn o John Wayne.

El "Watergate" inicia ahora un proceso de recuperación del esplendor perdido y pronto, cuando reabra sus puertas a finales del 2009, después de una inversión de 170 millones de dólares, será sólo refugio para millonarios.

¿El precio?: 2.000 dólares por noche.
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