Vulnerables

¿Por qué te empecinas en no contarme qué es lo que tanto te martiriza por dentro? Un texto que lo confiesa todo en primera persona.

No estoy de modo alguno tan triste como parece desprenderse de esta carta; pero ocurre que por el momento no hay nada más que decir. Se ha hecho un silencio tan profundo que uno no se atreve a quebrarlo con una palabra. Y bien, el domingo estaremos juntos y tendremos cinco, seis horas. Para conversar es muy poco; pero bastan para guardar silencio, para tomarnos de las manos, para mirarnos a los ojos. Cartas a Milena. Franz Kafka.

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A quien sueño

Imagino que a estas horas te encontrarás tiernamente dormida, colmando de caricias a la almohada con tu piel. Qué imagen tan envidiable, se me hace tan vívida que quisiera ser esa almohada para que te dejes caer en mí, y adentrarme en aquellos pensamientos poco felices que moran en tu cabeza desde hace un tiempo. ¿Por qué te empecinas en no contarme qué es lo que tanto te martiriza por dentro? Si es por miedo a que no lo entienda, no tienes de qué preocuparte, las personas no estamos hechas de entendimiento, eso es sólo una idea banal que la mayoría de la gente usapara aplacar un poco el sufrimiento del otro.

Quien halla una espina en su alma, encuentra otras, es lo que nos toca en esta vorágine que es la vida. Si de algo te sirve, iré por ti, abandonaré todo lo que tengo –que es nada- y procuraré quitar cada una de las espinas que te hacen doler. Pero ambos sabemos que nada de eso ocurrirá, por lo que debes prometerme algo, y más que nada a ti misma; que aunque te encuentres como anestesiada, en el momento más crítico de tu vida, desahuciada por aquella angustia tan sofocante que se aloja en lo más recóndito de tu ser; jamás dejarás de creer en que algún día –por más lejano que éste se vea- todo habrá de llegar a un fin. No le hagas caso a la marea, no siempre se encuentra en lo cierto. Quizás esta vez quiera ahogarte.

Yo, por mi parte, estoy poniendo mi mayor esfuerzo para poder conciliar el sueño, pero ya me ves, aquí estoy. Escribiendo y pensando al mismo tiempo, ¿acaso es eso factible de consumar? Asumiendo que estás dormida, aprovecharé para ponerte al día acerca de mis cosas, lo más probable es que te aburra, pero eso siempre sucede cuando lo que uno tiene para decir no le concierne a la otra persona. ¿A ti te concierne lo que a mi vida respecta?

Puede parecer descabellado, pero no hago otra cosa más que pensarte. Pensarte hablando, o cuando algo te avergüenza y te ruborizas, cuando lloras y tus ojos se mudan contigo a otra parte, cuando intentas pasar desapercibida entre las gentes y sucede todo lo contrario, cuando piensas vaya uno a saber en qué, cuando te aletargasal caminar, como si los demás estuvieren equivocados al apurar el paso como urgidos por algo, o cuando sencillamente respiras. ¡Qué el aire de tus pulmones no se acabe ni ahora ni nunca! ¡Que la muerte me lleve a mí antes que a ti!

Estoy hastiado de pensar en cuán vulnerables somos. Pero yo más que tú, eso ya lo sabemos. Desde siempre he sido susceptible a casi todo lo que me rodea: la urbe (repleta de gente asfixiante y que no lo deja a uno caminar sin tener que eludir sus atropellos);el frío (que me estremece hasta los huesos y que, aunque me agrade, no por eso deja de enfriar mi cuerpo y mis pensamientos); la opinión que de mí puedan tener las personas (hasta el grado de sentirme inferior a una cucaracha); las despedidas (cuán engorrosas y desabridas me resultan); el tiempo (es algo que no me deja en paz, tal vez no debería respetarlo tanto); los cambios (esas aparatosas transformaciones que tanto me cuestan asimilar); en fin, yo y mis susceptibilidades de siempre.

No sé a qué se debe, pero no recuerdo qué fue de mí anoche. Tal vez me haya tragado la penumbra. Ahora recordé, quise contar el número de estrellas que abarca el cielo, pero acabé por convencerme de que es imposible. A quién se le ocurriría hacer semejante cosa, a ti por ejemplo. Cuando algo es imposible, allá vas tú y lo vuelves posible, eso es lo que más admiro de ti. No sabes cuánto bien le haces a este hombre –sí lo sabes-, no es un pecado admitirlo, y si lo fuere, que el infierno se encargue de este pecador. Quién dice que el cielo no esté hecho para los malvivientes, y el infierno para el descanso de los bondadosos. La religión ha de estar errada en este punto, sino, no le encuentro el sentido a la existencia de tanta maleficencia en el mundo.

Entre otras cosas que tengo para contarte –que no son muchas por cierto-, se encuentra la noticia de un cargo político que me han ofrecido recientemente. Al parecer, precisan a alguien joven, con experiencia en el rubro de las entrevistas, y que sea maleable a sus necesidades. Se trata de un cargo postizo, es decir, fue inventado como tantos otros. Esto ha sido así desde siempre, no le veo nada de malo, además, está en uno el querer desempeñarse bien o mal una vez acomodado. La oportunidad de ocupar dicho cargo, es consecuencia de las tratativas que llevó a cabo un amigo con su padre. Éste, es un congresista mordaz, un lobo viejo que conoce muy bien su terreno, partidario de tomar a gente joven e instruirla. Y uno que tiende a irritarse cuando alguien habla en su nombre, viene mi amigo con el menor escrúpulo y hace esto. Si fuera otro cualquiera, le hubiera dado su merecido, pero soy éste. Aún estoy evaluando si acepto el cargo o no, me dieron una semana para dar a conocer mi respuesta, de lo contrario, darán por aludido mi negativa, claudicando de esta manera la oferta.

Mañana, por la noche, debo encontrarme con una muchacha, a la que sólo he recreado por palabras –sabes muy bien que me gusta anticiparme a los hechos y a las personas por miedo a corromperme, sino lo hiciere, no sería éste quien te escribe-. No quiero que vayas a pensar mal de mí, eso sería suficiente para que mi alma se derrumbase. Debo verme con aquella muchacha, por meras cuestiones de cortesía –falsa cortesía diría yo-. Verás, es la hija del congresista del que te hablé, y su padre me ha pedido que sino es mucha molestia –claro que es mucha molestia- la acompañase a una fiesta que daría un importante acaudalado, otro viejo lobo como él.

Creo que el padre de mi amigo, piensa que puede llegar a darse algo entre su hija y yo. Si supiera cuán equivocado está, que no tengo otra intención más que la de vivir para ti; por eso debes quedarte tranquila, de mi parte no hay ni habrá ninguna pretensión sentimental o lo que sea, con aquella muchacha.

Por favor, escríbeme diciéndome al menos que ya no quieres saber más nada de mí, así sabré al menos cómo se siente morir, así siento cómo la vida no es para mí.

N.


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2 de Diciembre de 2016|23:51
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