Otorgan un premio a la excelencia a los vinos de un restaurante inexistente

El restaurante "Osteria L'Intrepido de Milán" lo había inventado a través de internet el crítico de vinos y autor literario Robin Goldstein, que alegó querer dejar al descubierto la falta de fundamento en los estándares que siguen los galardones gastronómicos.

La lista de vinos del restaurante Osteria L'Intrepido de Milán (Italia) es tan apabullante que se ha llevado el "premio a la excelencia" otorgado por la revista especializada "Wine Spectator". Pero hay un problema: el restaurante no existe.

En realidad, resulta que ese lugar lo inventó a través de internet el crítico de vinos y autor literario Robin Goldstein, que alegó querer dejar al descubierto la falta de fundamento en los estándares que siguen los galardones gastronómicos.

Goldstein sostiene que la gente tiende a pensar que un vino es mejor cuando sabe que es más caro, pero en un test a ciegas se demostró que dos tercios de los catadores se decantaron por un Domaine Ste. Michelle Brut, de Washington, que cuesta 12 dólares, en vez de por un Dom Perignon, que vale 150 dólares, como recoge en su libro "The Wine Trials".

Para "cocinar" la farsa, Goldstein, según explica en su "blog", creó una página web para el restaurante imaginario y rellenó la aplicación necesaria para optar al premio, que debía incluir una copia del menú -"una divertida amalgama de recetas de la 'nouvelle cuisine' y la comida italiana"-, y la lista de vinos de reserva que posee, además de abonar 250 dólares.

"Estoy interesado en todo lo que hay detrás de las valoraciones y las críticas que leemos", dijo Goldstein al rotativo "Los Angeles Times".

"El nivel de escrutinio no es suficiente", añadió el autor, que reveló su plan la semana pasada durante la reunión de la Asociación Americana de Economistas del Vino, en Portland (Oregón).

La lista de vinos que Goldstein incluyó era una selección de cerca de 250 tipos de blancos, rojos y espumosos, mientras que los reserva fueron escogidos de entre una gama de vinos italianos que habían recibido una floja acogida en la misma publicación durante las últimas décadas.

Por ejemplo, un Amarone Classico "La Fabriseria", de 1998, que cuesta 185 euros, incluido entre los reserva de L'Intrepido, fue descrito por la publicación como "inaceptable. Dulce y empalagoso. Huele a spray contra insectos".

"Es interesante observar el poco escrutinio que recibió la lista de reservas, pero el punto central es que la bodega de vinos en realidad no existe", alegó Goldstein en su "blog".

"Puede que Osteria L'Intrepido haya sido el primer restaurante imaginario que gana un premio, pero es improbable que haya sido la primera solicitud que no refleja de forma adecuada el contenido real de una bodega", agregó.

En respuesta, el editor de la revista, Thomas Matthews, que calificó el asunto de "patraña elaborada", publicó en la página web de la revista un artículo en el que reclamaba que la publicación había realizado "esfuerzos significativos para verificar los hechos".

"Llamamos al restaurante muchas veces y siempre saltaba el contestador con un mensaje de una persona indicando que estaba cerrado en ese momento", indicó Matthews, que también buscó la ubicación del restaurante a través de Google y lo localizó en el mapa de Milán.

Matthews, que también encontró comentarios sobre el establecimiento en la web sobre gastronomía Chowhound, declaró al "Times" que el premio a la excelencia no se había diseñado para generar beneficios a su revista, sino que era un programa "que reconoce los esfuerzos que ponen los restaurantes en su carta de vinos".

El editor manifestó que ese premio es el más básico de los tres que entrega la revista y que sus responsables nunca visitan los cerca de 200 establecimientos que reciben el galardón cada año.

De todas formas, no parece demasiado complicado conseguir este "premio a la excelencia". Este año, los cerca de 4.500 restaurantes que se gastaron los 250 dólares para participar se llevaron el premio, excepto 319, explicó Matthews a "Los Angeles Times".

Esto se traduce en unos ingresos de más de un millón de dólares para la revista.

Para Tom Pirko, un especialista en vinos del condado de Santa Bárbara, este engaño minará la credibilidad de "Wine Spectator".

"Da la apariencia de que es publicidad pagada, encubierta como un concurso", afirmó.
Opiniones (1)
24 de septiembre de 2017 | 17:09
2
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24 de septiembre de 2017 | 17:09
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  1. Ojala estos chantas no terminen haciendole un mal a nuestra industria. Ese endiosado lenguaje se puede volver en contra. Hablan de cassis y no saben lo que es. cuanto ladron suelto!!!!!!
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