Cuando un amigo se va, se va en serio

Un interesante relato que describe las sensaciones cuando un hermano decide tomar un nuevo rumbo en su vida.

No sé si fue casualidad o qué, pero llegamos todos juntos. ¨Nosotros¨

¨Ellos¨, ríen en el encanto de sus comentarios, con los atuendos precisos y solemnes a la espera del momento del adiós, con la ansiedad de quien aguarda la pasada de los pingos en el Turf, como si algo bueno fuese a suceder al decirle ¨chau¨ a un amigo.

Con la vereda de enfrente soleada, cuando en la nuestra solo hay rayos que electrizan a las nubes de la despedida, ¨ellos¨ comentan los años pasados, los desencadenantes del mal que nos hace estar acá, en cuerpo, sin alma.

Los vendidos, los que como en toda guerra se cruzan de bando, solo miran por lo bajo, a sabiendas de que la muerte anunciada los tuvo como cómplices de este amigo que se va, los tuvo como mentores silenciosos de reuniones mixtas, los tuvo como inertes informantes de lo que esconde esa ¨camiseta¨, la contraria, y aun así… callaron.

Nosotros marchamos por un pasillo, el del adiós, el que culmina en el abismo de los tiburones. Los que esperan en el altar, ansiosos para dominar sus gustos futuros, los que hasta hoy eran ¨nuestros¨, los permisos, los amigos…

Tan bien que estábamos hasta esa propuesta.

Cuando un amigo se va, habrán técnicos que no consigan otro fullback y marcharán también, habrán cantineros que extrañarán preparar el mojito mas alimonado de lo habitual para el amigo que se va, habrán tantas anécdotas repetidas y adolescentes que dejarán de ser contadas por milésima vez, habrán minutos eternos de silencios memoriosos recordando payasadas, sus asañas fogoneadas con la generosidad de ¨nosotros¨, sus arrastres de ala memorables, cuando un amigo se va… la nostalgia es el invitado en la mesa principal.

Solo el masoquismo de los amigos que se quedan, puede encontrar placer en la despedida de este estado, que cambiará en sus próximos trámites administrativos. Los festejos de alguien que no saltará al vacío un viernes por la noche, son la contradicción que  nos tiene acá, parados caricúlicos, al lado de la otra -la nuestra-  que ya embroma con ideas raras…

¡Si!, por ustedes egoístas insensibles que solo pensaron en ustedes, y nos abandonaron a mitad de campeonato.

Nos tienen escuchando una música de órgano viejo, mirando estatuas sufrientes, entre cedas blancas que pintan el pasillo del adiós, entre flashes que morbosean con retratar el veredicto final de un ¨si¨, que nos dejará afuera de la pomada por los siglos de los días, amén.

Ninguno de nosotros va a mirar el suceso, al menos no de frente; pero no puedo… Es la vista periférica la que viaja a las muecas de sus imágenes, que lo tienen de punta en blanco sobre sus dientes todos, y su mirada que atraviesa cruzando de punta a punta contra Ella… la ladrona.

Quien golpea la alfombra roja con una lágrima que pareció sincera, que nos creímos hasta  ¨nosotros¨, y que entendieron ¨ellos¨, los abandonadores.

Nos agarramos para no rendirnos, como nos pasó con cada uno que se fue, pero esta vez es más difícil. Son miles de imágenes las que vuelven a cruzarse, pero distintas. Ahora no lo tienen solo, sino con ella. Son golpes fotogénicos que la involucran delatando tantas veces esa felicidad que hoy comparten con todos, ¨nosotros¨ y ¨ellos¨.

Un amigo que se va, el jefe que se va, el hermano que se va, el Doctor que se va…

La verdad, por un lado, mejor. Porque hay otros que están volviendo y se estaba haciendo desparejo el picado. Las idas y vueltas resultan ser un punto más, de la inteligencia de la naturaleza que se mantiene en su equilibrio, le cueste a quien le cueste.

La lágrimas de arroz en el aire por el amigo que se va, pero no de tristeza, sino por la alegría de la emoción, si… también de la de ¨nosotros¨


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12 de diciembre de 2017 | 07:26
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