El papa Francisco publicó su primer libro

En medio de su viaje por México, salió a la venta "El nombre de Dios es Misericordia", donde el Sumo Pontífice revela sus pensamientos en código de diálogo.

En "El Nombre de Dios es Misericordia", que se acaba de publicar simultáneamente en 86 países, se pueden rastrear las marcas de identidad del papa Francisco a través de una serie de conversaciones -cuyo núcleo es la Misericordia- que mantuvo con el vaticanista Andrea Tornielli.

La primera obra que lleva la firma del Sumo Pontífice se organiza en nueve capí­tulos en los que exhuman anécdotas y recuerdos de si juventud y vivencias vinculadas con su labor de pastor de la Iglesia.

En "El nombre de Dios es Misericordia", lanzado por la editorial Planeta, Francisco aborda en un lenguaje llano y preciso cuestiones controvertidas como la homosexualidad, la situación de los divorciados que se vuelven a casar y la corrupción, entre otros.

"En primer lugar, me gusta que se hable de 'personas homosexuales': primero está la persona, con su entereza y dignidad. Y la persona no se define tan sólo por su tendencia sexual: no olvidemos que somos todos criaturas amadas por Dios, destinatarias de su infinito amor", apunta el Papa.

En un intento por cambiar la manera histórica en la que la milenaria Iglesia Católica se ha posicionado en la sociedad con el propósito de generar una imagen más próxima y menos solemne, Francisco confiesa en el texto que se siente ante todo un pecador.

"La Iglesia no existe en el mundo para condenar, sino para favorecer el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios. Para que eso ocurra hay que salir, salir de las iglesias y de las parroquias", apunta en su larga charla con Tornielli.

Durante los diálogos con el periodista italiano, el Pontífice alude con frecuencia a la Argentina, ya sea para evocar episodios de su infancia como para ilustrar situaciones, como el caso de un sacerdote que pidió a una mujer 5.000 dólares para obtener la nulidad del matrimonio y el de otro párroco que se negó a oficiar el funeral de un niño que habí­a muerto sin ser bautizado.

Francisco recuerda también la historia de una sobrina que contrajo matrimonio por civil antes de que su marido obtuviera la nulidad matrimonial, un tema que divide a la jerarquí­a de la Iglesia.

"Querí­an casarse, se amaban, querí­an hijos y han tenido tres. El tribunal le habí­a asignado a él también la custodia de los hijos que tuvo en su primer matrimonio. Este hombre era tan religioso que todos los domingos, yendo a misa, iba al confesionario y le decí­a al sacerdote: 'Sé que usted no me puede absolver, pero he pecado en esto y en aquello otro, deme una bendición'. Esto es un hombre formado religiosamente", señala en el libro.

La obra, que consta de diez capítulos, se inicia con un capítulo titulado "El tiempo de la misericordia" y culmina con otro que leva por nombre "Para vivir bien el Jubileo", todos surgidos del encuentro de cuatro horas que el Papa mantuvo con Tornielli en la Casa de Santa Marta.

El periodista fue uno de los primeros periodistas en entrevistar a Francisco cuando fue investido Papa y es también autor de la primera biografí­a del Pontí­fice, "Francisco. Juntos" (2013), traducida a 16 idiomas, y del volumen "Papa Francisco. Esta economí­a mata".

Tornielli es también periodista del diario La Stampa y responsable de la web Vatican Insider, y colabora con varias revistas italianas e internacionales.

El texto, que puede ser considerado como una sí­ntesis del pontificado de Francisco, también incluye apreciaciones sobre la corrupción y formulaciones varias sobre la misericordia: "la compasión vence la globalización de la indiferencia" y "practicar obras de misericordia es la piedra de parangón de los cristianos", sostiene entre otas cosas.

"Necesitamos misericordia. Debemos preguntarnos por qué tantas personas, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos de cualquier extracción social recurren hoy a los magos y a los quiromantes", se pregunta Francisco, para luego admitir: "Hoy se busca la salvación donde se puede".

Con distintas consideraciones que incorporan la dimensión ética y teológica a su mensaje, el pontífice indica que la Iglesia no puede cerrar la puerta a nadie y que, por el contrario, su objetivo es "adentrarse en las conciencias para abrir rendijas a la hora de asumir responsabilidad y alejar el mal realizado".

En sus conversaciones con Tornielli, el Pontí­fice se dirige a todas las personas, también a las más alejadas de la Iglesia, que sin embargo "buscan un sentido a la vida, un camino de paz y de reconciliación, curarse las heridas fí­sicas y espirituales".

Fuente: Télam


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