Consternación por la partida de Leónidas Escudero

El poeta sanjuanino falleció a los 95 años en Buenos Aires, y la comunidad artística argentina lo despidió con homenajes a su profunda obra.

Figuras de la cultura argentina despidieron al poeta Leónidas 'Chiquito' Escudero, quien falleció ayer a los 95 años a causa de una descompensación y dejó el legado de una obra prolífica, original y ancestral con la cual captó como pocos la identidad y el sentir sanjuaninos.

Poetas y escritores despidieron con "profunda tristeza" y "reconocimiento" a este hombre que no eludía el humor, minero que supo tanto buscar oro como escarbar en las palabras hasta dar con la palabra justa y crear ese lenguaje tan propio, compacto, inesperado y a la vez familiar, que traída la voz de la tierra y encerraba en cada línea el sentimiento.

"Estos poemas escarban. Ninguna bonitura los acompaña, ni oscuridades gratuitas ni malabarismos", decía sobre esa escritura que practicó durante años en su casa del barrio de La Chacarilla, en San Juan, sobre los versos que escribía en papelitos y guarda en bolsas para finalmente darle forma como en los poemarios "Verlas venir" y "Atisbos" de Ediciones en Danza.

"Se fue Escudero por la ruta del oro. Nos deja la voz del pueblo, de los silenciados, hombres y mujeres de la entraña de la Argentina a los que invitó a pasar por su poesí­a", resumió a la agencia estatal Télam la poeta María Julia Magistratti sobre el creador de "esa obra enorme y deslumbrante forjada con el silencio, las piedras y las criaturas del desierto" al decir de Gabriela Cabezón Cámara, "la lengua íntima de la capital de provincia y la ternura de un saber que nunca es petulante".

"Nos deja su extrañeza y el maravillado estar sobre la tierra. Esa es su herencia, la vitalidad y la apuesta lí­rica del buscador de oro y minero que sabe que 'aventa una palabra uno y afecta al tiempo futuro'", refirió Magistratti citando al propio Escudero.

"Era el más grande poeta argentino. Creador de un lenguaje renovado lleno de brillo. Su muerte, que era previsible por su edad, nos deja descentrados", dijo por su parte el poeta catamarqueño Leonardo Martí­nez.

Mientras que su par Carlos Aldazábal refirió las muchas veces en que intentó descifrar "dónde se escondí­a la clave de una poesí­a tan extraordinaria y potente como la suya", dueña de un lenguaje "significativamente propio y original", que aportó "aire fresco a la poesí­a argentina".

"La novedad", continuó Aldazábal, estuvo en el modo en que percibió, vivió y fusionó el lenguaje de su lugar, "un lenguaje que escondí­a esquemas cognitivos y perceptivos de una ruralidad especí­fica (el mundo del minero sanjuanino), í­ntimamente ligada a un sincretismo cultural en el que se sobre escribí­an, como en un palimnsesto sutil, lo indí­gena y lo criollo".

"Su muerte nos deja más solos, más tristes -dijo Aldazábal-. Pero nos queda el consuelo de su poesí­a".

"Alguna vez dijo Escudero en un poema titulado 'Mutis', que más que escribir, hablaba, y que habí­a querido ser lenguaraz de tribus angélicas. Lo cierto es que su poesí­a inconfundible era decidora, cantora y narradora, pero todo eso girando alrededor de la imagen, el pantallazo visual del entorno y una gran libertad para mixturar la metáfora con los giros populares", resumió a su turno el poeta Jorge Boccanera.

"Yo no viví­a en Argentina cuando la revista La Danza del Ratón empezó a difundir sus poemas a fines de los 80 -recordó Boccanera-, lo descubrí­ tarde y lentamente voy entrando a sus suelos rocosos, a sus martingalas y martingaleros, al oro siempre en el bolsillo del diablo, a su sarcasmo, sus personajes, los diálogos fraccionados, su manera de mirar de frente el amor y la muerte".

Las redes sociales también se hicieron eco de su muerte, "un hasta luego al más hermoso de todos" escribió la poeta Claudia Masin en Facebook y despidió a Escudero con el poema "Lo que sobra zozobra", donde el sanjuanino escribía: ",esos/ que cierran la mano para no desprenderse/ de lo que sobra./ (...) No se dan cuenta de en la vecindad/ viven mancos rengos y tuertos/".

El poeta Daniel Freidemberg, en tanto, se sumó a los posteos para darse "el gusto grande" de "difundir su poesí­a y leerla o volver a leerla".

"No soy de los que lo valoran por el personaje más o menos pintoresco" o "por el sólo hecho de que fuera un 'poeta de provincia, alejado de los centros de difusión'", advirtió.

"Soy un lector que agradece encontrarse con poemas donde algo no programado ni programable, algo que se abre paso por su sola necesidad de existencia, se pone a desafiar las convenciones de la lengua, de la escritura y de lo que se supone escribible o pensable", celebró Freidemberg.

Una poesía que, así, entra "en una suerte de libertad hecha de movimiento y sentidos que van aflorando y sorprendiendo, como si todo debiera siempre empezar a ser pensado, a ser visto, como si siempre hubiera para todo una visión no prevista", definió.

Como recordó el poeta Jotaele Andrade, "hay dos oficios que pueden equipararse a escribir poesía, uno es eminentemente lírico y lleva en sí también el arte poético de trocar las piedras en oro. El otro es más pedestre, más denso, menos filosófico y es el oficio de minero, cavar la piedra y encontrar el metal que, se sabe, se encuentra dentro de ella".

Y, como concluye Andrade, "quizás Jorge Leónidas Escudero, haya transitado ambos oficios conjuntamente con el de poeta que, a diferencia de los alquimistas no busca los elementos constitutivos del universo sino que pregunta por las cosas sin que éstas se revelen necesariamente".

Homenajeado en el Encuentro de Poetas con la Gente que se realizó en 2014 en el Festival de Folklore de Cosquí­n, Córdoba; ganador ese año del premio Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional; y segundo premio Nacional de Poesía 2015, Escudero legó una valiosa obra.

La misma está compuesta, entre otros poemarios, por "La raí­z en la roca", "Le dije y me dijo", "Piedra sensible", "Los grandes jugadores", "Basamento cristalino", "Umbral de salida", "Jugado", "Viaje a ir", "Senderear"; "A otro hablar", "Andanzas mineras", "Endeveras", "Divisadero", "Tras la llave", "Caza nocturna" y "Dicho en mí­".

En el marco del asueto decretado por la Universidad de Filosofía y Letras de esa provincia, quien le había otorgado el Doctorado Honoris Causa en 2006, los restos del poeta eran velados en la cochería San José, ubicada en calle Salta entre avendias Santa Fe y Córdoba, y hoy a las 9 serán sepultados en el Cementerio de la Capital de San Juan, ubicado en Las Heras y Cortínez.

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4 de Diciembre de 2016|03:20
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4 de Diciembre de 2016|03:20
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  1. Cuántas serán las ?Forma de ausencia? necesarias que deberemos inventar para soportar su partida. Cuántos fueron los ?Bostezos? consumidos en las interminables (afortunadamente) noches de sus lecturas. Noches que ?Como la raíz en la roca? parecen imposibles de ser concretadas ante aquel sueño de ?Lo que aún no asoma?- ?Me dijo?, siempre me dijo, que esto era una invitación a ?Jugar con fuego?. Que en las ?Historias? de aquel ?Divisadero? siempre existe un ?Umbral de salida?. Seguimos aquí. Y ?Sigo aquí en el camino como tantas veces?. Como ?Jugado?. Leyendo. Esperando una nueva página con la pluma de Escudero. Papel y tinta que nos convierta, nuevamente, en una ?Piedra sensible?. Hasta pronto maestro. Gracias por su invitación ?A otro hablar?.
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  2. Hasta luego maestro. Cuántas "Formas de ausencia" serán necesarias para consolarnos ante su partida. Cuántos "Bostezos" se consumen en cada interminable (afortunadamente) noche de su lectura. Noches que a veces provocan "Jugar con fuego" y desprenden "Historias" que "Como la raíz en la roca" parecen imposibles de ser concretadas. Pero NO. Se confirman en sus sueños color "Oro". Y aunque "Jugado", "sigo aquí en el camino de otras veces". Y como tantas veces, leyendo a Escudero. La mejor ofrenda que un admirador puede brindar a su pluma y "A su otro hablar".
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