Deportes

Intimidades del festejo de Espínola y Lange

Un bote muleto, un departamento alquilado a pocas cuadras del Qingdao Olympic Sailing Center, un cocinero improvisado, una dieta y yoga, los secretos de la pareja.

Hace más de un año, ‘Camau’ y Lange decidieron alquilar un departamento en la misma zona donde hoy concluyeron las competencias del yachting en los XXIX Juegos Olímpicos. Allí diagramaron y ejecutaron su preparación, con el objetivo de alcanzar la medalla de oro o de subirse al podio, tal como finalmente ocurrió, aunque con muchas historias de por medio que merecen ser conocidas.

El encargado de la coordinación y logística del equipo, Mariano Galarza, se convirtió aquí en el chef exclusivo de los atletas argentinos. Aunque su improvisada tarea tuvo, además, una complicación: los integrantes del equipo nacional de la clase Tornado fueron sometidos a una dieta para incidir lo menos posible con su peso sobre la embarcación.

Las dificultades de encontrar el alimento adecuado, con las proteínas justas y luego de interpretar mediante dibujos cada contenido de las latas o los envoltorios escritos en inentendible (para ellos) idioma chino, potenció el mérito de Galarza, quien mantuvo con la “panza medio llena” a los argentinos hasta el mismo día de su consagración en el tercer lugar del podio.

El trabajo en la pista de yachting también dependió de otros colaboradores, como el meteorólogo italiano Alessandro Pezzoli, quien les avisó con dos días de anticipación que la ‘Medal Race’ se correría bajo un diluvio, y del profesor de yoga Daniel Espina, factor fundamental para una de los requerimientos más importantes de la competenia: la concentración.

“Esta pista es muy difícil por un montón de factores, como el viento tan cambiante. Acá hay que tomar decisiones en pocos segundos y no equivocarse. Es una tensión constante, fueron los Juegos más exigentes de los que participé”, le dijo Espínola a Télam, luego de la competencia.

Otra de las actividades diarias infaltables fueron las reuniones de autocrítica y programación, en las que todo el equipo se juntaba generalmente por la noche para analizar la actuación de la jornada, las virtudes y errores de los veleristas argentinos y la estrategia para la competencia del día siguiente. Por supuesto, en esos cónclaves estratégicos no podía estar ausente el entrenador, Matías Buhler.

El único ausente del equipo en la convivencia dentro del departamento fue el preparador físico, Daniel Bambicha, quien de todos modos se mantuvo siempre en contacto permanente con Espínola y Lange.

La situación más compleja que debieron superar, entre las muchas que se presentaron en Qingdao, fue la rotura de su embarcación principal, la misma con la que habían competido en Atenas 2004, y que casi no había sido usada después de aquellos Juegos para que llegara en inmejorables condiciones a Beijing 2008. Sin embargo, a dos meses del inicio de los Juegos, el barco argentino fue chocado.

‘Camau’ y Lange corrieron contra el reloj para repararlo y probarlo, pero el accidente había provocado fallas estructurales y el barco ya no rendía los resultados esperados. Entonces, a útimo momento, con el estrés y la adrenalina ‘al palo’, los argentinos comenzaron a trabajar con la preparación de un barco muleto, que fue el que finalmente utilizaron y el que los llevó hasta el bronce.

Historias, anécdotas y labores cotidianas conformaron el camino de Espínola y Lange hacia un nuevo podio olímpico. Algunas de ellas merecían ser contadas.
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3 de Diciembre de 2016|12:52
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