Deportes

Espínola, de Corrientes para todo el mundo

Carlos Espínola se convirtió hoy en el deportista olímpico argentino más importante de la historia, tras lograr en Beijing su cuarta medalla consecutiva en un Juego Olímpico.

“La verdad es que de muy chico siempre me gustó eso de estar en el agua y un día me animé y no lo dejé más”, contó hace muchos años Carlos Espínola, el deportista olímpico argentino más importante de la historia.

Cuando se lo consulta que sería de su vida con el agua y la competencia arriba de una embarcación no sabe que contestar, “porque es algo imposible de imaginar a esta altura”.

A los once años, en su Corrientes natal, en la laguna Totota comenzó a dar sus primeros pasos con el windsurf y nueve años después estaba cosechando su primera medalla importante, una de plata, en los Juegos Panamericanos de La Habana.

Unos años antes había sido campeón sudamericano y ya se presagiaba una vida llena de éxitos y logros, porque desde chico, cuando tomó el windsurf como una forma de vida, fue más que profesional, autoexigente, inconformista, siempre buscando resolver hasta el mínimo detalle.

Su actuación en Cuba lo llevó a competir en sus primeros Juegos Olímpicos, los de Barcelona 1992, donde no le fue para nada bien, finalizando en el puesto 24to de la Clase Lechner.

Pero esos Juegos fueron un clic para “Camau”, porque a partir de ahí comenzó a prepararse para competir en Los Angeles 1996 y el primer anuncio de lo que se vendría lo dio nuevamente en un Panamericano, el realizado en Mar del Plata 1995, donde se quedó con el oro en la Clase Mistral.

Con mucha confianza, este correntino, de 37 años y 1.75 de altura, se presentó en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, consiguiendo en la Clase Mistral la medalla de plata y todos creían que ahí sus sueños estaban cumplidos. Pero se equivocaron.

Ese mismo año el Círculo de Periodistas Deportivos le dio el Olimpia de Oro y comenzó a ser una de las figuras más importantes del deporte argentino.

A partir de ese momento consiguió becas y apoyo oficial para poder competir en el exterior, donde siguió cosechando medallas y gloria, además de respeto por sus cualidades humanas.

Este amante de la música folklórica argentina llegó a los Juegos Olímpicos de Sydney, donde fue elegido abanderado de la delegación en la ceremonia inaugural y esta vez los ojos de todos estuvieron centrados en él, porque pretendían que repitiera lo de cuatro años atrás.

En esos tiempos le preguntaban si esto lo presionaba: “no, para nada, si yo vengo a un Juego Olímpico es para competir y tengo los mismos deseos y expectativas de los demás”.

Entonces, en Sydney nuevamente “Camau”, otra vez en la Clase Mistral, se quedó con la medalla de plata.

Cuatro años más tarde cambió y se unió a Santiago Lange, para competir en la Clase Tornado y otra vez, ahora en Atenas 2004, donde también fue abanderado, Espínola se iba de los Juegos Olímpicos con una medalla colgada, en esta oportunidad de bronce.

Con la tercera medalla “Camau” se convirtió en el deportista más importante de la historia del olimpismo argentino, porque nadie pudo conseguir lo de él, es decir, ganar tres medallas olímpicas.

Desde el momento que se fue de Grecia, este correntino tozudo y “bonachón” comenzó a soñar con los Juegos Olímpicos de Beijing, porque sabía que en China estaría su última oportunidad de conseguir una medalla de oro.

“Nos preparamos para ganar la medalla de oro y ese es nuestro sueño”, le dijo Espínola a Télam, pocas horas antes de comenzar a competir en estos Juegos.

El oro no se le pudo dar junto a Lange. Lo buscaron, lo pelearon, pero tuvieron que conformarse con el bronce y conformarse con ser el hombre más importante de la historia del olimpismo argentino.
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10 de Diciembre de 2016|04:22
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