La salvación de lo bello y la tiranía de la comunicación

En su ensayo, el pensador coreano-alemán Byung-Chul Han se pregunta por el estado de la estética contemporánea.

En "La salvación de lo bello", el pensador coreano-alemán Byung-Chul Han se pregunta por el estado de la estética contemporánea, sobre la cual arriesga una serie de hipótesis, que también pueden leerse como la continuación por otros medios de la transparencia en la comunicación y los intercambios digitales de flujos de capital en un universo de discurso que ha perdido la capacidad de tomar distancia.

El libro, publicado por la editorial Herder, pone el acento sobre la positividad, en este caso la idea de "lo bello satinado", que al contrario de "lo bello natural", es un espacio que no tolera ninguna extrañeza, ninguna alteridad, ninguna negatividad: lo siniestro le es tan ajeno como la muerte.

Han nació en Corea del Sur en 1959. Estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura y Teología en la Universidad de Munich. Se doctoró con una tesis sobre Martin Heidegger y es profesor de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de las Artes de Berlín.

Entre otros libros, es autor de "La sociedad del cansancio", "La sociedad de la transparencia", "La agonía del Eros", "Psicopolítica", "El aroma del tiempo", "Budismo zen" y "En el enjambre".

Autor de textos cortos, refractario, en general, al mundo periodístico, que para él constituye una pieza maestra de la composición de una arquitectura de lo banal, en su nuevo trabajo, dividido en capítulos que parecieran poder leerse por separado, escribe: "Lo pulido, pulcro, liso e impecable es la seña de identidad de la época actual".

Y pone sus ejemplos, antes de zambullirse en las procelosas aguas de la teoría: "es en lo que coinciden las esculturas de Jeff Koons, los I phone y la depilación brasileña (…) Lo pulido e impecable no daña, tampoco ofrece ninguna resistencia. Sonsaca los 'me gusta'. El objeto pulido anula lo que tiene enfrente. Toda negatividad resulta eliminada".

El autor plantea que a la manera del ideal de una comunicación limpia y sin interferencias o malentendidos, vaciada de toda profundidad, como una colección de anécdotas diarias que no atiende jerarquías cognoscitivas, el juicio estético, como la crítica de la comunicación, presuponen una distancia contemplativa.

El paradigma de lo pulido, como la conexión instantánea o la inmediatez, la eliminan. La sobrecarga de estímulos, provoca la falta de atención o la atención sobresaturada, la pérdida de la constancia: una vida activa sin pausa pero no sin consecuencias, más tarde o más temprano, explica Han.

Si se atiende a la distinción clásica entre apocalípticos e integrados, el autor no es un apocalíptico en un mundo de integrados. Por el contrario, esa supuesta disyunción, significativa en una sociedad de control, en la cual la opción apocalíptica podía producir algún efecto, en un sistema donde casi todas las partes están encastradas y los lazos sociales se debilitan día tras día, en la sociedad de la mensurabilidad de la vida entera y de la sobre exposición, esa disyunción es estructural.

Han pone como ejemplo a la pornografía: donde desaparece el secreto, cae el deseo. El cuerpo se encuentra hoy en crisis. No solo se desintegra en partes corporales pornográficas sino también en series de datos digitales, escribe el ensayista.

"La fe en la mensurabilidad y cuantificabilidad de la vida domina la época digital en su conjunto (…) al cuerpo se lo provee de sensores digitales que registran todos los datos. Quantified Self transforma al cuerpo en una pantalla de control y vigilancia. Los datos recogidos se ponen también en la red y se intercambian. El dataísmo disuelve al cuerpo en datos, o mejor: lo conforma de acuerdo a los datos", analiza.

Sin embargo, Han no piensa en términos de declive. La negatividad que despuntaba en el concepto kantiano de sublime, preñado por lo otro, lo extraño, la muerte, sobrevive, paradójicamente, en una de las "obras" de Koons: la Cicciolina, su ex esposa; performer porno en su momento, hoy no es más que un conjunto de injertos.

El coreano-alemán recurre entonces a Theodor Adorno: al contrario que lo bello, lo sublime no suscita ninguna complacencia inmediata. En presencia de lo sublime, la primera sensación es el dolor. Lo bello (digital) es un escondrijo: termina por desarmarse.

Pero en otros campos, los puntos de fuga casi desaparecen. La comunicación alcanza su máxima velocidad cuando lo igual reacciona a lo igual. La resistencia que viene del otro perturba la comunicación. La positividad de lo pulido acelera los circuitos de la información, de la comunicación y del capital.

Han se pregunta en este libro por un arte que recupere la dimensión de lo bello natural, que nunca es idéntico a sí mismo, y que se resguarda del dataísmo demorándose en las cosas, los otros y las palabras: la intimidad de la comunidad. La salvación de lo bello es la salvación del lazo social.

Fuente: Télam

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8 de Diciembre de 2016|21:13
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